miércoles, 23 de diciembre de 2015

Ricardo Ramos: «Carezco por completo del temor al folio en blanco, y en cambio, me aterra la página terminada»

Ricardo Ramos Rodríguez, escritor e ingeniero aragonés, nació en Calatayud en diciembre del año 1992. Graduado en Ingeniería de Tecnologías Industriales por la Universidad de Zaragoza, en la actualidad cursa un Máster en Ingeniería Industrial. Es autor de diversos relatos cortos y de la serie de artículos Bilbilitanos en la Historia, de publicación en prensa y versión radiofónica. La escritura de Las Sombras del Imperio ha supuesto su debut en la novela histórica.
     Desde su publicación en abril de 2015, el libro ha conquistado ya a más de 1000 lectores, ha resultado el título más vendido en las ferias del libro de Jaca y Calatayud, de la cual su autor fue nombrado pregonero, ha figurado en varias ocasiones como el eBook más vendido de España en la categoría «Historia» de Amazon Kindle, y en su versión en papel, cuenta ya con su 5ª edición. Recientemente, Ricardo ha sido premiado por el escritor Lorenzo Silva como autor de «la carta de la semana» de XL Semanal, la revista más leída de España.



1.- ¿De qué trata tu novela, Ricardo?
     Las Sombras del Imperio es una novela histórica ambientada en la España de Felipe II. La acción arranca en enero de 1568, cuando el Príncipe Don Carlos, el heredero al trono, es detenido por su propio padre en sospechosas circunstancias. A partir de ahí, sus tramas se adentran en los misterios del Siglo de Oro, en sus épicas batallas, amores imposibles, e intrigas palaciegas; todo de la mano de personajes como Don Juan de Austria, Miguel de Cervantes o el Caballero del Trébol, y de escenarios tan cruciales como la sangrienta rebelión de las Alpujarras o la batalla de Lepanto. Aunque en realidad, para mí lo más importante es lo que digan sobre ella las personas que la han leído; y por fortuna, en su gran mayoría las críticas han sido muy buenas.

2.- ¿Qué aporta tu novela histórica después de todas las que se han publicado con anterioridad?
     Es cierto que la novela histórica ha sido un género muy cultivado en España en los últimos años (también el preferido por la mayoría de los lectores) y aun así, una de las palabras más repetidas en las opiniones sobre este libro es «sorprendente». El costumbrismo se mezcla con el misterio y con las emociones, la estructura temporal es innovadora, la psicología de los personajes es profunda, nada tópica… Y citando textualmente el comentario de una lectora: «¡Es un libro delirante! Es como si te encontraras personajes históricos contándote sus andanzas… ¡te hace estar allí!».

3.- ¿Cuáles han sido tus fuentes de documentación?
     Muchas, el proceso de documentación es uno de los más importantes en una novela de este tipo. Desde libros de historia, propios o de bibliotecas, hasta mapas de época, textos originales, artículos especializados, visitas (por ejemplo al Monasterio de San Lorenzo del Escorial, al Museo Naval de Madrid, o a la calle Sierpes de Sevilla, donde en tiempos se ubicaba la Cárcel Real, en la que estuvo preso Cervantes…). Además, he tenido también la suerte de poder contar con la ayuda de algunas personas expertas en el periodo histórico que me han dado la tranquilidad de no cometer errores.

Cubierta de la novela
4.- ¿Qué proceso de la novela te ha resultado más complicado y por qué?
     Sin duda, la corrección, el eterno penúltimo repaso. Carezco por completo del temor al folio en blanco, y en cambio, me aterra la página terminada. Soy bastante perfeccionista en ese sentido, pero además, el hecho de ya no poder volver a cambiar nada, de perder el poder sobre la historia y sobre sus personajes, y de que algo que hasta entonces ha permanecido vivo y dinámico de repente se quede quieto… Imagino que es una sensación parecida a cuando un hijo se marcha de casa.

5.- ¿Qué es lo que más te atrae de la Historia?
     Piensa en todo lo que te preocupa ahora mismo: tu trabajo, el chico o la chica con la que coincides en el autobús, pero a la que aún no le has hablado, si habrás acertado o no con tal o cual regalo… Ahora mismo, todo eso te parece importante, pero, ¿quién lo recordará dentro de 200 años? Son muy pocas las cosas que trascienden la barrera del tiempo, y entre las que se lleva el olvido, pueden colarse algunas extraordinarias. Por eso recuperarlas, comprenderlas, incluso recrearlas… es como hacer magia.

6.- ¿Por qué es importante escribir para ti? ¿Qué le lleva a un ingeniero a inclinarse por la escritura?
      Cuando iba a empezar a ir al colegio (aún no había cumplido los tres años), la que iba a ser mi maestra le pregunto a mi madre: “¿desde cuándo habla?”. Su respuesta fue: “yo creo que desde siempre”. Antes incluso de poder empuñar un lápiz, inventaba historias y se las dictaba a mis padres para que ellos las plasmaran sobre el papel. No sabía escribir, pero ya comprendía el concepto de escritura. Siempre he sentido esa necesidad de expresarme y de crear a través de las palabras. Y con respecto a la ingeniería, para mí son actividades que se complementan muy bien y que me dan equilibrio.

7.- ¿De qué manera te influye tu trabajo como ingeniero en tu escritura?
     Eso es difícil de ponderar. Yo creo que no me influye demasiado, aunque todas las facetas de una persona están siempre interconectadas. Puede que el ser ingeniero me haga capaz de pensar y trabajar con estructuras más complejas, que luego se vean plasmadas en mis textos; puede que me haga también algo más pragmático y ordenado; y desde luego, un ingeniero es por definición alguien curioso, con afán por los retos y con ganas de crear cosas nuevas y diferentes.

8.- En un país donde se edita más de lo que se lee, ¿cómo crees que se podría incentivar la lectura?
     Efectivamente, es curioso, y triste, que a la par que la edición se democratiza, la lectura retroceda año tras año en popularidad; en su dimensión de ocio eclipsada por sus competidores digitales, y en la cultural, por el olvido y el desinterés. La solución, sin duda, es acercarla a la gente, integrarla en la vida cotidiana, e introducirla desde muy temprano como un placer, como un camino que explorar, y nunca como una obligación pesada. En cualquier caso, yo soy optimista. Como escuché decir a alguien hace no mucho, «este es el mejor momento de la Historia para ser lector»: los autores proliferan, los formatos se extienden, los precios bajan… Y la ilusión por contar y descubrir historias es indestructible, es inherente al ser humano, igual que las palabras (intenta pensar en algo sin usar palabras…).
Mapa de la novela


9.- ¿Tienes algún proyecto literario en proceso?
     Estoy escribiendo una segunda novela, completamente independiente de la anterior. Tiene algo de histórica, aunque no lo es tanto como la primera; tal vez sí en la ambientación, pero no en la trama. Aún falta mucho para que la termine, pues precisamente mi actividad como ingeniero me está obligando a avanzar más lento de lo que quisiera. No voy a adelantar mucho sobre su contenido, pero creo que va a ser bastante original, incluso sorprendente en su planteamiento (yo al menos nunca he leído nada similar). Lo que sí espero es que tenga al menos tan buena acogida como Las Sombras del Imperio, y que me permita seguir progresando en mi carrera como escritor.

10.- ¿Qué novela nos recomendarías para comenzar este nuevo año 2016?
     Hace no mucho llegó a mis manos Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena, y su lectura me ha resultado fascinante. Supone toda una inmersión en el prodigio de la mente humana, de la que tanto tenemos todavía que aprender, y también en sus más oscuras sombras y callejones. Esa es la novela que recomendaría para empezar el nuevo año con una buena reflexión. Y por otro lado, aprovecharé también la ocasión para recomendar un regalo para estas fechas: un libro.

Podéis encontrar a Ricardo en: 
     -Facebook: www.facebook.com/ricramosr 
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     -Comprar eBook. 

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miércoles, 9 de diciembre de 2015

¿Cuánto leemos en España?

Escrito por Sheila Barón Rubio

Hace ya muchos años, Karina cantaba una canción que venía a decir algo así como que cualquier tiempo pasado nos parecía mejor. Es cierto. Si revisan concienzudamente algunas de las palabras que nos han llegado del sabio Platón, éste decía que la generación de Aristóteles destruiría la Humanidad y, años más tarde, el propio Aristóteles, con un afán de destruir bastante endeble, nos dejaba ver que su pensamiento no distaba mucho del que Platón tuvo en su madurez. Y es que esa es la verdad. Las generaciones venideras siempre se nos aparecen como rompedoras de la estabilidad moral de nuestro mundo. 
 
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Personalmente, creo que esto no es cierto. Cada generación aporta sus luces y sus sombras a la Humidad, pero, desde luego, no sólo aporta sombras. Y esto es así también en el plano de la literatura. ¿Cuántas veces hemos escuchado eso de "los jóvenes no leen"? Vamos a comprobar si esta afirmación es cierta o si, por el contrario, no representa más que una opinión más o menos generalizada.

Aportemos datos concretos. En los años 70 en España, el porcentaje de analfabetos y analfabetos funcionales era de un 17 %. En la actualidad, el porcentaje de personas que saben leer en nuestro país supera con creces el 97 % (Blog del Salmón). Teniendo en cuenta estas proporciones, ¿no es más lógico pensar que ahora se lee más que antes? Vamos a trasladar estos datos a un ámbito menos polémico. En España, en la década de los 90, en porcentaje de mujeres que tenían conducían habitualmente era de un 33 %. En la actualidad, este mismo porcentaje supera el 42 % (datos extraídos de la página web del INE). Por la misma razón que antes, es lógico pensar que en España cada vez más gente conduce, al igual que es lógico pensar que en España cada vez se lee más.

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El problema, quizás, sea una vez más semántico. La literatura, como otras tantas cosas, ha cambiado diametralmente y es necesario reformular su concepto para poder adecuarlo a las necesidades de las sociedades contemporáneas. Una persona de 25 años en la actualidad quizás no haya leído Por quién doblan las campanas. Sin embargo, seguro que ha leído miles de micronarraciones, microrrelatos, cartas, documentos gráficos e historias a través de las redes sociales. Si el famosísimo texto de Monterrosso era literario, ¿no ha de serlo cualquier otra microhistoria que se nos cuente a través de Facebook, Twitter o Instagram?

Por otra parte, podemos aportar también el dato de los libros. Si miramos al pasado, el acceso a la literatura y a los libros en general era mucho más limitado. Las bibliotecas no tenían tan libre acceso, no había libros online y las posibilidades de encontrar una obra que quisiéramos leer muchas veces se desvanecían. Pero en la actualidad, cada treinta segundos se publica un libro (como indica Gabriel Zaid en Los demasiados libros, Anagrama). Si volvemos a utilizar el mismo razonamiento de antes, ¿no es más lógico pensar que hay un público receptivo a leer en un negocio que produce semejante cantidad de textos al año? 


Escrito por Sheila Barón Rubio