lunes, 20 de noviembre de 2017

¿Quién escribe la historia, el narrador o el autor?

En literatura, se suele confundir a menudo la figura del escritor y el que cuenta la historia, ya sea un narrador personaje u omnisciente (narrado en tercera persona, el que todo lo sabe). De tal forma, rápidamente sabe el lector quién nos está contando la historia. Y, de sobra es conocido, que el narrador nunca es el autor. Es una regla suprema escrita con sangre y un par de ojos de tritón que todo alumno de literatura o escritor primerizo debe aprender.


La diferencia estribaría en que el autor es la persona que inventa o produce, en este caso, una obra literaria; por ejemplo, Francis Scott Fitzgerald. El narrador, por lo tanto, se refiere a la persona que nos narra y cuenta la historia; en este caso sería Nick Carraway, narrador en El Gran Gatsby (de Fitzgerald). Y es que en el maravilloso mundo de la clasificación de los narradores podemos encontrar un mosaico variado entre narradores internos y externos.

Pero no todo es blanco o negro y la, aparentemente, robusta línea que separa narrador y autor puede desmoronarse. José Saramago hace una proposición muy particular en el libro El lector no lee la novela, lee al novelista.

[...] mi osada declaración de que la figura del Narrador no existe de hecho, y que sólo el Autor ―repito, sólo el Autor― ejerce real función narrativa en la obra de ficción, cualquiera que ella sea, novela, cuento o teatro (¿dónde está, quién es el Narrador en la obra teatral?), y quién sabe si hasta en la poesía, que tanto como soy capaz de entender representa la ficción suprema, la ficción de las ficciones. (¿Podremos decir que los heterónimos de Pessoa son los narradores de Pessoa? Si es así, ¿quién les narra a ellos? Entre unos y otros, ¿quién está narrando a quién?).


[...] Buscando auxilio en una dudosa o, por lo menos, problemática correspondencia de las artes (véase Étienne Souriau), algunas veces he argumentado, en mi defensa, que entre una pintura y la persona que la observa no existe otra mediación que no sea la del respectivo autor ausente, y que, por tanto, no es posible identificar, o siquiera imaginar, por ejemplo, la figura de un Narrador en el Guernica, en La rendición de Breda o en Los fusilamiento de la Moncloa. A esta objeción suelen responderme, en general, que, siendo las artes de la pintura y de la escritura diferentes, diferentes tendrían que ser también, necesariamente, las reglas que las definen y las leyes que las gobiernan. Tan perentoria respuesta parece que quiere ignorar el hecho, a mi entender fundamental, de que no hay, objetivamente, ninguna diferencia esencial entre la mano que va guiando el pincel o el vaporizador sobre el soporte, y la mano que va dibujando las letras en el papel o las hace aparecer en la pantalla del computador. Ambas son prolongaciones de un cerebro, ambas son instrumentos mecánicos y sensitivos, capaces, ambas, con adiestramiento y eficacia semejantes, de composiciones y ordenamientos expresivos, sin más barreras o intermediarios que los de la fisiología y de la psicología.

Este estracto, desde luego, te hace pensar. Es cierto que cuando nos gustan un determinado escritor, nos dirigimos a él y nunca a los personajes que nos narran la historia. ¿Alguna vez habéis oído, qué ganas tengo de leer las aventuras de Nick Carraway? No valoramos al narrador, sino al autor de la obra literaria. Sí es cierto que podemos encapricharnos de un determinado narrador testigo o protagonista, Watson, por ejemplo, vive en nuestros corazones.

¿Pero qué ocurre con el narrador omnisciente, el que todo lo sabe? A él nunca lo tenemos en cuenta. ¿Puede que exista un planeta con narradores omnisciente de grandes obras de la literatura? Allí podemos encontrarnos a los narradores omniscientes de todas las novelas, menos La hojarasca, de Gabriel García Márquez, ¿o son todos el mismo? O también al narrador de Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Todo es posible. Mientras tanto, que cada uno apele a su propio criterio.

Escrito por María Bravo







domingo, 5 de noviembre de 2017

El juego de la sinestesia

En literatura, se entiende como sinestesia a la figura retórica que consiste en la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde. Como, por ejemplo, suave como un susurro o verde amargo, donde se mezclan dos sentidos. De tal forma, a veces se puede oír un color, ver un sonido o notar un sabor (recordad lo rimbombantes y literatos que se ponen a la hora de describir un vino, donde se juega con la vista, el gusto y el olfato).
Seguramente muchos de vosotros habéis relacionado una canción con un color o con una forma geométrica. El poeta francés, Arthur Rimbaud, publicó en 1883 un soneto que empezaba con la siguiente estrofa, donde habla del color de las vocales, un fenómeno llamado grafema-color:
                                            A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales,
                                            diré algún día vuestros latentes nacimientos.
                                            Negra A, jubón velludo de moscones hambrientos
                                            que zumban en las crueles hediondeces letales.



Esto también lo podéis hacer por vuestra cuenta, por ejemplo, ¿de qué color veis el número siete? Yo siempre lo he visto marrón. Nunca he encontrado una explicación coherente, creo que ni la he buscado. Pero lo mismo ocurre en la literatura con determinadas novelas o personajes, a los cuales les asignamos una cualidad de otro sentido. ¿Nunca habéis dicho que una novela es muy áspera, por ejemplo, un sensación destinada al tacto? De cualquier manera, la sinestesia la encontramos en la misma literatura, como ocurre con Mortal y rosa, de Francisco Umbral. 

...El tacto es ciego, el olfato es galopante. La boca es frenética. El oído es torpe. Solo el ojo alcanza la totalidad. Reconstruir una mujer a partir de su voz, de su contacto, de su sabor, de su olor. Eso es la imaginación. La imaginación es el vuelo de un sentido a través de todos los otros. La imaginación es la sinestesia, el olfato que quiere ser tacto, el tacto que quiere ser mirada. La imaginación nace de una limitación. La mirada, quizás, es menos imaginativa porque posee más. Pero necesita imaginar lo que ve, redondear y colorear el cuerpo de la mujer, acercar lo que está lejos, alejar lo que está cerca. No basta con mirar. Hay que sobremirar, sobrever. Hay que interiorizar lo que está fuera y verlo hacia dentro. 


Totalmente de acuerdo con Umbral. Solo el ojo alcanza la totalidad. La verdad es que es un sentido que abarca muchas cosas, pero la piel, el tacto, nos hace estremecernos en muchos momentos. Y, sigue el escritor diciendo que la imaginación es la sinestesia por antonomasia. Vamos en el metro atestado de gente, y solo con escuchar un timbre de voz, podemos poner cara a la persona. El tacto de sus manos, su olor o cómo serán sus rasgos. Los sentidos necesitan desbordarse y entremezclarse para dar forma a las cosas, para completar los huecos. Y la literatura no se libra. 

Pensad lo siguiente, ¿creéis que todo lo que percibimos en el mundo se puede poner por escrito? Si habéis contestado que sí, la siguiente pregunta es obligada, ¿qué es lo más difícil que creéis que se puede poner por escrito? Pensad que el olfato es uno de los sentido más complicados de describir. Por ejemplo, ¿a qué huele un limón? Casi siempre se recurren a otros sentidos para describirlo. Venga, haced la prueba. No penséis que es un juego de niños, a esto es a lo que juegan los escritores a diario. 


Escrito por María Bravo








sábado, 14 de octubre de 2017

20 cosas raras que se oyen en las librerías

Si la rareza fuese una imagen se convertiría en un cliente de librería. Es una especie en peligro de extinción que hace preguntarse a los libreros si realmente han hecho algún cursillo de interpretación o los clientes son de así de espontáneos. Por desgracia, nunca lo sabremos. Son astutos como zorrillos esteparios y sagaces como ratones de laboratorios en busca de comida. Los clientes ponen a prueba a los libreros hasta llevarlos a su terreno. No son los gatos los que quieren conquistar el mundo, ¡no!, son los clientes de librerías. ¿Su objetivo? Manipular tu mente y arrinconarte hasta dejarte como una pelusa ennegrecida.

Por suerte, para los libreros supervivientes, la editorial Malpaso editó un libro allá por el año 2015 para ayudar a los libreros a comprender que no están solos, que existe un mundo más o menos normal; un mundo donde los libreros viven libres en cautividad. El libro en cuestión se llama Cosas raras que se oyen en las librerías, y recopila las mejores intervenciones surrealistas de clientes y demás personajes quijotescos. He seleccionado las veinte paranoias más estupendas de clientes que hicieron mella en los libreros, quizá hasta el punto de desestabilizarlos. Aunque no creo, la raza librera es dura de pelar.



* * *


CLIENTE: ¡Ay, Stephen! ¿Pero qué haces? Ten más cuidado (Le quita el libro y lo vuelve a colocar en la estantería).
LIBRERO: Disculpe.
MADRE: ¿Sí?
LIBRERO: Su hijo acaba de arrancarle la cabeza al tigre que vino a cenar...
MADRE: Sí, los niños son muy bestias.
LIBRERO: Ya, pero ahora no podemos vender ese libro. Está dañado.
MADRE: No pretenderá que lo compre ahora que está estropeado.

***

CLIENTE: ¿Tenéis Loca por él de la serie Bridget Jones? No lo veo.
LIBRERO: Se ha agotado, pero lo puedo pedir. Llegará en las próximas 48 horas. Incluso podríamos enviárselo por correo.
CLIENTE: No me fío de Correos. ¿Me lo podéis mandar por fax?


***

LIBRERO: ¿Puedo ayudarlo en algo?
CLIENTE: Sí, ¿dónde están los libros de ficción?
LIBRERO: Ahí, en la pared del fondo. ¿Busca alguno en particular?
CLIENTE: Cualquier de Stefan Browning
LIBRERO: No lo conozco, ¿qué tipo de libros escribe?
CLIENTE: Ni siquiera sé si ha escrito... Verá, yo me llamo Stefan Browning y me gusta entrar en las librerías para ver si alguien con mi nombre ha escrito un libro.
LIBRERO: Ya...
CLIENTE: Porque así lo puedo comprar, llevarlo encima y decirle a la gente que tengo una novela publicada. Todo el mundo pensará que soy la hostia, ¿no le parece?


***

CLIENTE: ¿Esto no era antes una tienda de cámaras?
LIBRERO: Sí, pero nosotros compramos el local hace un año.
CLIENTE: Y ahora es...
LIBRERO: ...una librería
CLIENTE: ¡Ah, vale! ¿Y dónde guardáis las cámaras?


***

CLIENTE: ¿Tenéis algún libro con el pronóstico del tiempo para el resto del año?



CLIENTE: ¿Estaréis abiertos cuando salga el nuevo Harry Potter?
LIBRERO: Sí, de hecho haremos el lanzamiento esta medianoche.
CLIENTE: ¡Estupendo! ¿A qué hora?



***

De Yiping Rags

A quien corresponda,
Les escribo para ver si tienen empleos disponibles. Su librería siempre ha sido una de mis tiendas favoritas y el servicio personalizado que dan es fantástico. Siento un gran cariño por ese lugar.
Les adjunto mi currículum.
Saludos.

Este correo electrónico fue enviado a todas las librerías del norte de Londres.


***

HOMBRE: ¿Me podría recomendar algún libro?
LIBRERO: Por supuesto. ¿Qué tipo de libros le gustan?
HOMBRE: Bueno, he salido de la cárcel esta mañana. Algo que no sea muy denso me vendría bien.


***

CLIENTE: ¿Tenéis Doctor Who y los secretos del cronoplaneta escondido?
LIBRERO: No me suena, pero puedo mirar en nuestra base de datos.
CLIENTE: Gracias.
LIBRERO: No aparece. También he revisado el catálogo de la British Library y no lo encuentro. ¿Está seguro de que ese es el título?
CLIENTE: No, no estoy seguro. Ni siquiera estoy seguro de que exista.
LIBRERO: ¿Perdón?
CLIENTE: Ayer, cuando volvía del trabajo, se me ocurrió el título y pensé: "¡Joder, cómo molaría leer ese libro!". ¿Me entiende?
LIBRERO: Pues lo siento. No lo puede leer porque nadie lo ha escrito.
CLIENTE: Da igual. Sólo quería estar seguro.
LIBRERO: Pero tenemos muchos otros libros de Doctor Who. Si quiere se los puedo mostrar.
CLIENTE: No, gracias. Prefiero ir a casa. Ya se me ocurrirá otro título.


***

CLIENTE: Hola, solo quería preguntar una cosa. ¿Qué sois, una librería o una biblioteca?
LIBRERO: Una librería.
CLIENTE: Deberíais tener un letrero en algún sitio. Es muy confuso.
LIBRERÍA: Afuera hay un letrero enorme que dice "Librería Ripping Yarns".
CLIENTE: Pues eso es bastante ambiguo.
LIBRERÍA: Sí, como una pedrada en la boca.




CLIENTE: Deberíais ordenar los libros por tamaños y colores.
LIBRERO: Así nunca encontraríamos nada.
CLIENTE: No importa. Se vería bonito. 

***

CLIENTE: ¿Tienen algún empleo?
LIBRERO: ¿Ha trabajado antes en una librería?
CLIENTE: La verdad es que no. Nunca leo.
LIBRERO: ¿Entonces por qué quiere trabajar en una librería?
CLIENTE: La es que no quiero, pero acabo de mudarme a un piso que está a dos manzanas y me viene muy bien este sitio.


***

CLIENTE: Disculpe, estoy buscando un libro. No recuerdo ni el título ni el autor ni de qué va, pero sé que el título tenía dos palabras.
LIBRERO: Vale... ¿Dónde lo ha visto?
CLIENTE: No recuerdo y, por favor, no me atosigue. Creo que las dos palabras eran algo y algo.
LIBRERO: ¿Algo y algo? No me suena, lo siento. ¿No recuerda algo más?
CLIENTE: ¿No lo puede buscar en la base de datos?
LIBRERO: Pero... no sabría qué buscar.
CLIENTE: ¡Joder! Mire (toma papel y lápiz). Marque esto en el ordenador: "...y...". No puedo creer que sean ustedes tan idiotas.
Exlibrero anónimo: Waterstone's, Reino Unido.

***

CLIENTE: No sé por qué, pero mi esposa quiere un ejemplar de The Dinosaur Cookbook.
LIBRERA: ¿No se refiere a The Dinah Shore Cookbook?
CLIENTE: Debe de ser ese. Ya decía yo... Me preguntaba qué estaba tramando.


***

Un anciano entra en una librería.
CLIENTE: Vengo a devolver este libro. Lo he leído y al final me he enterado de que la historia no termina, que hay una segunda parte. Siento que me han engañado...
LIBRERO: ¿Se lo recomendamos nosotros?
CLIENTE: No.
LIBRERO: Pues se aguanta.


El vendedor de una editorial importante llama a la librería y pregunta a la librera si le interesa algunos de sus próximos títulos.
LIBRERA: ¿Nos podría mandar un ejemplar de cada libro para leerlo?
AGENTE: ¡Ah! ¿Vosotras leéis?

***

CLIENTE: Quiero un libro sobre el Apocalipsis para un niño de trece años.
LIBRERO: Pues no sé... ¿Qué es lo último que ha leído ese niño?
CLIENTE: Gerónimo Stilton.

***

CLIENTE: Hola, busco un compendio de la Biblia.
LIBRERO: ¿Del Antiguo Testamento o del Nuevo Testamento?
CLIENTE: Pues...
LIBRERO: ¿Cuál quiere? ¿El antiguo o el nuevo?
CLIENTE: Si ya ha salido el nuevo me llevo ese, que será mejor.


***

CLIENTE: Hola, busco el Lazarillo de Tormes, pero no me pregunte cómo se llama el autor porque se me ha olvidado.

***

CLIENTE: ¿Tienen las obras completas de Oliver Twist?




¿Os reconocéis en alguna de ellas? Venga, sed sinceros; seguro que más de uno habéis conseguido desestabilizar a algún librero. Y, por supuesto, si tenéis alguna anécdota parecida, no dudéis en contárnoslo. 

Publicado por María Bravo








miércoles, 27 de septiembre de 2017

Javier Sachez: «Si alguien no quiere leer, sencillamente es porque no lo considera necesario»


Javier Sachez nació en Campillo de Llerena (Badajoz) en 1970. Es licenciado en Derecho y diplomado en Trabajo Social. Comenzó a escribir en el año 2003. Ha obtenido varios premios literarios en novela y poesía, como el premio de poesía Villa de Aranda, premio de novela Villanueva del Pardillo, premio de novela J.A. Saravia, premio de novela Ategua, premio de novela CERSA, Premio de novela La Serena; Premio de novela Calamonte Joven; Premio de novela Pancho Guerra y Premio de novela Juan José Plans. Ha publicado siete novelas y dos poemarios y ha colaborado en diversas publicaciones artísticas y literarias. Actualmente, reside en la ciudad de Mérida.


P.- Cuéntanos de qué trata Manual de pérdidas.
R.- Un profesor de Historia, ante la llegada de la enfermedad del Alzheimer, teme perder sus dos herramientas principales: la memoria y el lenguaje. Por ello, viajará por algunas ciudades junto a su hija, con la intención de devolver los libros que una vez le regalaron las personas importantes de su vida. Será un viaje físico, emocional y bibliográfico aunque finalmente no podrá evitar que se despierten los demonios del recuerdo.

P.-Inevitablemente, me ha recordado a la película Siempre Alice, que también trata el tema del Alzheimer en un ámbito académico. ¿En este caso, cómo afronta el protagonista la enfermedad?
R.- Él es consciente de que está frente a la última oportunidad de reconciliarse con su hija, con la que nunca mantuvo una relación cercana. El viaje será una excusa para lograr un acercamiento a Virginia y un motivo para despedirse de su pasado y de la gente que ocupó su vida anterior. Es un viaje de despedida por parte de Abdón, de sinceridad por parte de su hija y también un intento de despojarse de ropajes inútiles. Y ese proceso es doloroso. Varias personas me han escrito comentando que lloraron al leer la novela. Yo creo que eso es algo milagroso.


P.- En esta historia, la literatura parecer redimir a Abdón de ciertos comportamientos del pasado, ¿para ti también ha supuesto una escritura terapéutica?
R.- Todo acto creativo es, de alguna manera, terapéutico, pues obliga a poner sobre la mesa emociones desordenadas y conflictos internos. Crear una obra artística nos hace más humanos, más sensibles, y escribir una novela significa también enfrentarte al yo que no quieres ver. A ese tipo que, como decía Pablo Guerrero, está dictando normas dentro de tu bolsillo. Esta novela, en mi opinión, no trata sobre el alzheimer o sobre libros. Trata sobre la paternidad y la culpa.

P.- La metaliteratura se ha colado en tu novela. ¿Hay una relación simbólica entre los libros que devuelve y la vida del protagonista? 
R.- Es evidente en algunos libros que aparecen en la obra: los ratones de Tiempo de silencio que están condenados sin intuirlo siquiera; Don Quijote que, al igual que el protagonista, inició un itinerario circular acompañado por su escudero, o el poemario ¿Dónde ponemos los asombros?, de Delgado Valhondo.

P.- ¿Viajan solo por la geografía española?, ¿qué te impulsó a anclarte en determinadas localidades? 
R.- Sí. Viajan desde la ciudad de Mérida y visitan varias localidades del centro y sur peninsular. No deseaba novelar un viaje muy extenso, entre otras razones, para resaltar que las relaciones personales del protagonista no eran demasiado extensas pese a que él consideraba lo contrario.


Según el autor, esta imagen se refiere al estado emocional del protagonista que, al perder la memoria, 
se ve vagando en un desierto deshabitado y sin señales reconocibles, dando paso a la inseguridad.

P.- Manual de pérdidas ha recibido el I Premio de Novela Pancho Guerra 2017. ¿Qué ha supuesto este premio para ti y para tu faceta como escritor? 
R.- Muchísimo. Yo nunca estoy seguro de mi obra. Cuando las personas que conforman un jurado valoran tu novela, uno siente que ha llegado al interior de la gente que la ha leído. El premio fue muy reconfortante. No sólo por el reconocimiento recibido sino, fundamentalmente, por haber conocido allí, en Gran Canaria, al profesor Victoriano Santana Sanjurjo que, tras leer la obra, me animó y me aconsejó en todo momento. Incluso compartimos una mañana firmando ejemplares en la Feria del Libro de Madrid. Es una persona extraordinaria, llena de sabiduría y de bondad.

P.- Esta es tu sexta novela publicada, ¿qué temas empleas en tus textos? 
R.- Pues si repaso los temas tratados siempre veo un nexo común. Fundamentalmente, abordo temas relacionados con la injusticia social o la desigualdad: inmigración, enfermedad, racismo, guerras y en cómo afectan a personas de la calle. No lo hago conscientemente, pero siempre resulta así.

P.- Después de tu éxito en el campo literario, ¿se te ocurren ideas para fomentar la lectura en nuestro país?
R.- Hoy se dan todas las condiciones para que las personas lean, si ése es su deseo. Se supone que el analfabetismo está erradicado. Hay bibliotecas públicas que ofrecen libros gratuitamente; campañas de fomento de la lectura; programas en los centros educativos; centenares de concursos literarios; asociaciones literarias, clubes de lectura... Además, con la revolución digital los libros están disponibles en formato electrónico, baratos y cómodos de leer. Internet facilita la comunicación entre escritoras/es y lectoras/es y también entre éstos últimos. Si alguien no quiere leer, sencillamente es porque no lo considera necesario y, además, yo respeto la libertad del individuo que quiere leer y del que no quiere hacerlo.

P.- ¿Podrías recomendarnos un libro donde el componente metaliterario te haya gustado especialmente?

R.- Creo que la metaliteratura ocurre cuando la literatura habla de sí misma o de cómo se crea. Quizás podría nombrar el libro Ficciones, de Borges. Es un ejercicio extraordinario de imaginación, atrevimiento y buena literatura en el que el autor se atreve a escribir minuciosamente sobre libros que ni siquiera existen.


Entrevista realizada por María Bravo 


*  *  *

¡ATENCIÓN! 


Si eres escritor, librero o editor y te gustaría que te hiciera una entrevista en La boca del libro, no tienes más que escribirme a mb.sancha@gmail.com y hablamos. Pero no te preocupes, si no eres escritor, pero tienes algún negocio relacionado con las letras, blog o idea literaria y también quieres promoción, escríbeme a mb.sancha@gmail.com y hablamos (sí, es el mismo correo :)







viernes, 8 de septiembre de 2017

«Del color de la leche», de Nell Leyshon

madre dice que era así cuando vine al mundo. era como una especie de desperdicio con el pelo como la leche y nací después de lo que pensaban y por esa razón estaba recubierta de pelo como si fuera un animal (...) y algunos dicen que madre estuvo enferma aquel verano y que siguió trabajando en el campo y que tenía un bulto que era yo y que no podía agacharse bien porque yo estaba en medio (pág. 23).


Título original: The Colour of Milk
Editorial: Sexto piso
Mejor novela 2014, gremio de libreros de Madrid.
Año de edición: 2015
País de origen: Inglaterra
Páginas: 233
Intensidad. Esta novela, libro del año por el gremio de libreros de Madrid 2014, irradia intensidad. La pluma de Leyshon recrea un escenario rural de dimensiones regias. Es un cuadro al que miramos, acariciamos su fondo, observamos la vida de unos personajes y aceptamos que eso le pudo pasar a nuestro antepasado del siglo XIX. Hambre, frío, ignorancia, leyes patriarcales e irracionales. Algunas siguen perdurando hasta nuestro siglo como temas vigentes.

Y si la cámara se retrotrae a 1831, tenemos a Mary, la protagonista. Es una voz silenciada, desestructurada y afónica por el contexto social. Es la más pequeña de cinco hermanas y pronto se verá sumida en una red de poder. La familia, junto con el abuelo, viven en el campo y lo único que conocen es trabajar de sol a sol. No pueden ir más allá. No saben qué es un más allá porque su mente no lo abarca. Arar, sembrar o dar de comer a los animales es su forma de vida, tanto, que hasta la novela está estructurada en las estaciones del año, tan importantes para la agricultura. 

Por supuesto, Leyshon dibuja a los padres con una especia de alexitimia, plaga de la época, donde hay una carencia absoluta de sentimientos. El padre es osco y dominante y la madre se limita a sus labores con una afectividad nula hacia sus hijas.

Asumidos en la pobreza, a Mary la destinan a ser criada en la casa del vicario. Allí flexibilizará su allá y ampliará sus horizontes de vida, conocerá las letras y las palabras y aprenderá a leer: leer para encontrar su libertad. Y gracias a ese conocimiento, no sucumbirá en momentos cruciales. Mary es despierta, sagaz e inteligente. Mary quiere avanzar en la vida, pero a la vez que avanza se destruye lentamente. El derrumbe viene dado piedra a piedra hasta que la roca aniquila todo a su paso.

Es un estilo que forma un binomio entre la belleza y el horror. Roza, en ocasiones, el poema pastoril sin la idealización del género. Aquí no se idealiza nada. Es Mary quien nos narra la historia, así que obvia las mayúsculas y guiones. Obvia los sorprendentes sinónimos y juegos de palabras. El uso del lenguaje es llano y áspero. Carne de cañón de los cursos de escritura creativa. Mary escribe tal y como siente. 

este es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano.
en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno yo todavía estoy sentada al lado de mi ventana. el viento entra por las grietas del marco.
estoy cansada de hacer esto y me duele la mano de hacer esto.
pero me prometí a mí misma que escribiría la verdad y las cosas que pasaron. eso es lo que voy a hacer. 
y mi pelo es del color de la leche.

Una de las cosas que más nerviosas me ponen en una novela es cuando el protagonista anuncia con micrófono en mano que tiene un gran secreto que contar, una verdad oculta, o que tal hecho ocurrió por algo muy fuerte que pasó. Pero al final no cuenta nada y sigues leyendo, ilusa de ti, con esperanzas de saber eso tan gordo que todo el mundo sabe menos tú. Pero este libro cumple lo que dice Mary. Ella nos dice: algo pasó y por eso quiero que leas este preámbulo, porque nada fue premeditado, pero sí te ayudará a entender por qué pasó. 

Por último, el título de la novela deja mucho a la imaginación. ¿Qué es del color de la leche?, ¿qué tiene que ver con el argumento? Como ya he desvelado al principio, Mary tiene el pelo blanco, así como su piel. En mi opinión, este dato no aporta mucho a la historia. Es más, mi imaginación, a veces incontrolable, colocó a una protagonista de pelo moreno. ¿Sería por la chica que aparece en la cubierta española? Quién sabe. El caso es que este es un pero menor. Tan menor que su narrativa es como un latigazo de miel, dulce miel que resbala por tus sentidos hasta el final con intensidad. Hasta que te ves enmelado y te cuesta avanzar sin que el olor de un pasado no quede impregnado en tu piel.  


Nell Leyshon (Glastonbury, Inglaterra, 1961), novelista y dramaturga, ha recibido numerosos premios. Su primera novela, Black Dirt (2004), fue candidata al Orange Prize for Fiction y preseleccionada para el Commonwealth Book Prize. En 2008 publicó Devotion. Ha sido galardonada con el Premio Evening Standard Theatre por su obra teatral Comfort Me With Apples y Bedlam ha sido la primera obra escrita por una mujer para el Shakespeare’s Globe Theatre. Además, recibió el Premio Richard Imison por su primera obra teatral para la BBC Radio. Del color de la leche ha sido seleccionada para el premio Femina 2014 al mejor libro traducido en Francia y obtuvo el premio Libro del Año 2014, otorgado por el Gremio de Libreros de Madrid.


Escrito por María Bravo




martes, 22 de agosto de 2017

4 errores correctos en español

Del revés nos hemos quedado al conocer la realidad de algunas palabras en español. Y es que, en una de mis últimas visitas a la biblioteca, me he topado con Errores correctos, el último ensayo de Albert Gómez Font conocido por sus libros amenos sobre los usos de nuestra lengua, miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y exdirector del Instituto Cervantes de Rabat entre otros cargos de importante índole. En particular, es un autor que me gusta por su forma cercana y amena de contarnos cómo funciona la lengua. Campechano como él solo. Pues bien, una vez puesta en faena con el libro, hice una criba un tanto caprichosa y nada fiable sobre palabras que podemos usar en verano. Palabras que en un principio no eran del todo correctas, pero que ya forman parte de nuestro diccionario.

Julie Komenda, Glamour


Americano

La primera vez que esta palabra apareció en un diccionario fue en 1705, concretamente en el Nuevo de las lenguas española y francesa, de Francisco Sobrino. En la edición posterior de 1770, se especificaba que un americano era natural de América o lo que pertenece a ella. En la actualidad, hay confusión con respecto a esto, porque cuando dices que vas a ir a América, se puede dar por sentado que vas a Estados Unidos. Sin embargo, el continente americano, abarca desde la Partagonia hasta Alaska. ¿Por qué entonces nos concentramos solo en los Estados Unidos? Porque en inglés american se usa como gentilicio del continente y de los Estados Unidos. En español, lo correcto sería decir estadounidense o norteamericano. Tanta confusión, hizo que en 2001 el Diccionario añadiese una nueva acepción a americano, y ya puede leerse 'estadounidense'.


Bikini

Esta palabra no entró en nuestro Diccionario hasta 1984, ¡y cuánta lata dio! Pregunta, ¿se escribe con k o con q? Fue un tema complicado incluso para los académicos, ya que en cada versión del Manual de estilo ponían una cosa distinta. Por ejemplo, en 1985, dijeron siempre bikini con k, tanto para designar la isla del Pacífico, como cuando se trate del bañador. En 1994 escribieron mantener bikini con 'k' para designar la isla del Pacífico, y con 'q' cuando nos refiramos al bañador. Por último en el 2008: es preferible la forma bikini para designar tanto a la isla del Pacífico como al vestido de baño. También es válida la grafía bikini. Conclusión, cuando dudes de la grafía de una palabra, piensa que alguien por ahí arriba ya sudó la gota gorda para fijar y dar esplendor.

Imagen relacionada
Olivos con cielo, amarillo y sol, Van Gogh

Climatología

¿Qué climatología está haciendo este verano? Esta frase nos puede sonar estupendísima de la muerte. Lo cierto es que la palabra se registró por primera vez en 1884 en el Diccionario con el significado de 'tratado de los climas'. Exacto, la climatología era la ciencia que se ocupaba del estudio de los climas, y a finales del siglo XIX, ya se decían frases como: sabido es que la climatología oceánica y la terrestre no son iguales. Es decir, se empleaba con un significado distinto al que recogía el Diccionario, y que no llegó hasta 1994, tal fue conjunto de las condiciones propias de un determinado clima. Este significado que venía usándose desde 1986, tardó casi cien años en ser aceptado. El problema, nos dice Font, era que los periodistas la han usado como sinónimo de 'clima', pero esa palabra aún no figura como sinónimo de clima. Aún.


Glamour

Pregunta, ¿de qué idioma es el origen la palabra glamour? Pista: no viene del francés y no se pronuncia /glamúr/. Lo cierto es que esta palabra llegó del inglés, en la que coexisten dos grafías: glamor y glamour. Lo curioso es que según los datos de la Real Academia Española la grafía glamor solo se ha usado una vez desde 1996. Quizá la forma glamour es mucho más glamurosa. Como dato anecdótico, en 1989 el Manual del español urgente aconsejó usarla mejor por encanto, atractivo o hechizo, aunque finalmente la lengua, como tiene vida propia, hizo caso omiso.


Madrugada

Relacionamos siempre la madrugada con el amanecer. Hasta el año 1992, en los diccionarios de la Real Academia, la madrugada era el alba o el amanecer, pero ya en la edición de 2001 añadieron una segunda acepción en la que dicen que es el tiempo posterior a la medianoche y anterior al amanecer. No aconsejaban usarlo para las doce de la madrugada. No obstante, ellos mismo se comieron sus palabras, ya que en el Diccionario del 2001 admitieron, como se puede leer hoy en día: Tiempo posterior a la medianoche y anterior al amanecer. Olé.



Como veis, la lengua siempre está en constante transformación. Lo que hoy es incorrecto, mañana puede estar admitido en el Diccionario y aquí no hay pasado nada, señores. Y bien, ¿se os ocurre alguna palabra que haya pasado por algún proceso transformador similar? 


Escrito por María Bravo







miércoles, 19 de julio de 2017

Arcadio Rodríguez: «Los tópicos porque sí no me motivan. Prefiero desarrollar al personajes y hacer comprender sus motivaciones»



Empezó a escribir muy jovencito. Nunca le dio por publicar nada y se dedicó a escribir en medios digitales vinculado al heavy metal. Como si fuese un embalse que termina por llenarse y reventar, empezó a publicar en 2014 y en tres años lleva editadas seis novelas (con tres editoriales diferentes) y un poemario. Sigue escribiendo en alguna web y en una revista y le gustaría terminar el año con otra novela publicada, aunque quien lea estas líneas y sepa cómo está el negocio de la literatura sabrá que no vive de esto.Vamos a conocerle.



P.- ¿De qué trata tu novela, El cineasta?

R.- María y lectores de La boca del libro, muy buenas. Gracias por este espacio. El cineasta, en principio, tocaba ser novela negra y decidí ambientarla en el mundillo de los prostíbulos. En algún momento me perdí o vi que eso no funcionaba del todo y solo quedó un capítulo. Mi mujer me dice que no entiende que yo escriba la novela y no controle su desarrollo. No sé explicarlo muy bien, es como cuando cambias de marcha en un coche, que te lo pide el motor, pues El cineasta me pedía menos novela negra y más narrativa en una historia que resumiría en redención. Su protagonista, Emilio de Horno, es un famoso director de cine que llegó a tocar techo, al menos en lo profesional, que su vida privada digamos que no es envidiable. Pero vivimos en España y en España vivir del arte es efímero, así que nuestro protagonista caerá en lo más bajo y no tendrá una oportunidad hasta casi veinte años más tarde. Y cuando esa oportunidad llegue, no será cómo él esperaba.

P.- ¿Cómo es el personaje Emilio de Horno?, ¿cuáles son sus puntos fuertes y débiles? 

R.- Emilio del Horno está sacado de Elmyr de Hory, que era un falsificador de cuadros cuyas reproducciones valieron más que los propios originales. Me llaman la atención esas curiosidades que no forman parte del gran consumo. Siempre suelo adulterar nombres y amoldarlos a mis necesidades. El Emilio de la novela tiene dos fases. La primera, donde todo es vino y rosas y la segunda, después del suicidio de su esposa, que es como comienza la novela, que me apetecía meter el dedo en esa plaga silenciada que es el suicidio. En general el punto fuerte de Emilio es que puedes llegar a sentirte identificado con él; de acuerdo, en la primera parte es un capullo, pero comete errores, es consciente de ellos y paga un precio por no saber poner en orden su casa.
Fuente: JotDown. Exposición de Minnesota, 2010.

P.- ¿Qué te motivó para componer esta historia?, ¿cuál fue el origen?

R.- Normalmente escribo una novela histórica y una novela negra. Con las históricas me desgasto debido a la búsqueda de información y con las novelas negras voy más a saco, sin tanta recopilación de datos. Al acabar una novela sobre la II Guerra Mundial tocaba El cineasta y me motivó hablar un poco del mundillo de la prostitución, que tiene miga y no es solo una masa de mujeres encerradas en un local y explotadas día y noche. Es algo gris, como la propia ley que hay en este país, donde la prostitución no es legal, pero de alguna manera está regulada y se permite ejercerla. Supongo que es algo que no da votos y se prefiere mantenerlo oculto y no hablar de ello, ni ponerle una regulación, como tienen otros países europeos, aunque a lo mejor para eso no nos interesa ser europeos. 

P.- Supongo que el cine formará parte de tu día a día, ¿qué tipo de cine te gusta?

R.- Veo de todo. Me gusta tanto la ciencia ficción como el drama. Hace poco me he visto unas películas viejísimas de zombis que son la carcajada pura y dura. Hace sesenta años supongo que daban miedo, hoy te bebes dos cervezas, aprietas el play y no paras de reírte. La cutrez junto con la parafernalia y unos malos actores son más divertidos de lo que pueda parecer. Además no hago ascos al blanco y negro, solo me importa que la historia sea buena, o sea tan mala que no puedas parar de reírte, ojo, se aprende mucho del cine malo como de un mal libro, porque te queda un pensamiento fijo ante algo que no tiene calidad: tienes que evitar hacer algo similar.

P.- Por cierto, ¿hay muchas referencias cinéfilas en la novela?

R.- Muchas. Se nombran técnicas de grabación, métodos, actores, directores y películas míticas, pero están metidas con suavidad, como una subida de impuestos, en verano, con la gente de vacaciones y después de una noticia de un atentado o algo así. Que no se note la clavada.

P.- En tu novela tocas el tema del alcoholismo con referencias bíblicas. Háblanos de esa conjugación.

R.- Huí del típico alcoholismo de sesiones, doce pasos, padrinos y demás. Emilio del Horno tiene un problema con la bebida, pero no llega a ser alcohólico. Los tópicos porque sí no me motivan. Prefiero desarrollar al personajes y hacer comprender sus motivaciones. Las referencias bíblicas son muchas y algunas ocultas, como Nírdenas, que es el apellido de uno de los protagonistas y viene de Sanedrín. Es lo de antes, hago adulteraciones y anagramas con nombres que me interesan. Yo leo la Biblia, de hecho es el único libro que tengo encima del escritorio, pero no leo la Bíblia como creyente, sino como si fuese solo un libro que tiene buenas historias. No recurro a ese libro como inspiración, pero sí es verdad que tiene dos mil años y aún es un texto vigente, y si algunas personas viesen la viga en su ojo antes que la paja en el ajeno, vivir en sociedad sería más agradable, por ejemplo, y, siempre, siempre, siempre: tratad al prójimo como os gustaría que os tratasen a vosotros.

P.- Una de tus pasiones es el heavy metal, ¿cómo conjugas este tipo de música con la escritura?, ¿cómo te influye?

R.- Se compagina solo. Llevo poco editando, pero escribiendo ya son años. Unos veinte. Y he escrito y escribo en medios dedicados a ese sonido. Hago críticas de discos y entrevistas, a eso me dedico en mi tiempo libre. Es un pasatiempo que siempre he mantenido, digo pasatiempo porque no es mi trabajo y nunca he visto un euro de esa labor, que siempre hay gente que no sabe cómo funciona esto y piensa que sí ganas dinero, que en algunos casos es así, pero no siempre. Que escuche heavy, o black metal o death metal sí que algo influye y siempre dejo cosas en las novelas, esta vez hay parte de una letra de Deep Purple en la propia novela de El cineasta. No sé que pensará la gente que asocia el heavy metal a chillidos y guitarras muy agudas, pero yo siempre escribo con ese tipo de sonido y otros más fuertes. Judas Priest, Iron Maiden o los Deep Purple nunca me faltan. Eso sí, para escribir siempre rock en inglés. Con el castellano tengo el problema de que no me concentro y empiezo tarareando las letras.


P.- En tres años has publicado seis novelas con tres editoriales diferentes. Ya tienes recorrido editorial, ¿por qué nunca has optado por publicar en Amazon? Cuéntanos tu experiencia.

R.- Para mí solo tiene valor el papel. No hay más. Como soy productivo y ciertas gestiones me aburren, compagino editoriales al uso (presento mi novela, la lee un equipo editorial y deciden publicarla porque tiene calidad) con la autoedición (yo pago por ver publicada mi novela). Que no sé si la gente que lee esta entrevista es consciente de cómo está el patio en este percal... una cosa es que publiques libros y otra cosa es que ganes dinero con ello. Cuando autoedito la editorial que contrato me da la posibilidad de subir el libro en Amazon, una opción de venta por demanda, que es que si tú compras mi libro la imprenta te imprime solo tu copia. Me gusta esa idea porque nunca podrás decir que tu novela está agotada. Publicar solo en Amazon... ya te digo que no entiendo de eso y no quiero entender. Yo hago lo mío, me muevo por impulsos y caprichos y mientras tenga dinero suficiente para autopublicar, pues lo seguiré haciendo en papel. El cineasta sí que ha salido con una editorial al uso, Eolas Ediciones de León, que les gustó la historia y son ellos los que se encargan de las gestiones en la red, el ebook y esas cosas que me suenan a chino.

P.- ¿Cómo ha ido cambiando tu estilo desde tus inicios como escritor?

R.- Por fuerza ahora soy más organizado. Las novelas se van desarrollando en mi cabeza y luego, escribir, escribo poco. El problema es que mi mujer es muy habitual a soltarme un: estás ausente. Y sí, mi desprendimiento mental llega a ser preocupante. La cosa es pensar mucho la historia, el enfoque que quieres darle, las motivaciones de los personajes y el estilo que le quieres dar a la novela, luego solo es escribir. No sé si responde esto a la pregunta, porque muchas veces sí que me reconozco en los escritos, noto frases que son mías, pero no sé si tengo estilo o simplemente hago lo que puedo.

P.- ¿En qué nuevo proyecto literario estás metido?

R.- Pequeña historia de Treblinka y Alderney, la isla del silencio. Lo siento pero yo no pienso en una novela. Ahora ando escribiendo una sobre la Guerra Fría, mi mujer está corrigiendo otra de la II Guerra Mundial, tengo algo de narrativa, una historia sobre la eutanasia con una pareja de lesbianas en crisis de pareja como protagonistas que no ha quedado mal. Lo que resta de 2017 es para promocionar El cineasta y en otoño publico Pequeña historia de Treblinka y para principios de 2018 toca Alderney, la isla del silencio. Las novelas ya están escritas, corregidas y tengo algo de financiación porque acabo de cobrar la paga extra, así de claro. De momento Pequeña historia de Treblinka la autoedito por gusto, sin moverla por editoriales, y ya veremos qué pasa con Alderney, la isla del silencio, que quiero sacarla pronto por el gustazo de ser uno de los pocos escritores del mundo que ha escrito algo en esa desconocida isla del canal de la Mancha. Si encuentro editorial, pues muy bien, sino la dejo para cuando cobre la extra de diciembre y la tenemos para la primavera del año que viene.

P.- Recomiéndanos una novela donde el cine sea parte de la trama.

R.- El viaje a ninguna parte de Fernando Fernán Gómez. Aunque no es cine, es teatro, pero madre mía que trama más bien llevada. Hay algunos diálogos para escucharlos varias veces y saber cómo se tienen que hacer las cosas. Tanto la novela como la película son casi lo mismo, el mismo guion (dice la RAE que guion ya no se acentúa, yo prefiero no hacer comentarios) fue escrito por la misma persona y eso se nota.

María y lectores, hasta la próxima. No hablo de vender más o menos libros, pero buscad información sobre Oradour, que es una historia con miga y para este año nos metemos con Treblinka y luego con Alderney, cosas desconocidas e interesantes. Mientras, tenéis El cineasta en Eolas Ediciones.


Perfil de Twitter del autor: @arcadiotocino
Perfil de Facebook del autor: Arcadio Rodríguez. 

Entrevista realizada por María Bravo.


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martes, 20 de junio de 2017

Héctor J. Castro: «La novela de capa y espada nunca ha pasado de moda»


Héctor J. Castro. nació en Ferrol en 1988. Fue estudiante del instituto Concepción Arenal y actualmente imparte clases de inglés. Ganó un primer premio de literatura en el certamen escolar del Día das Letras Galegas, y su relato «El País del Sol» quedó finalista en el certamen de Letras Cervantinas, en Madrid. Se dedica desde hace muchos años al modelismo de miniaturas y escenas militares, lo que le llevó a ganar premios de pintura (Norma Cómics, La Coruña). También es un gran apasionado del cine y de la música. 


P.- Héctor, ¿de qué trata la trilogía El Siglo de Acero?

R.- La trilogía del Acero cuenta tres episodios independientes que les ocurren a dos soldados españoles, Martín de la Vega y Afonso el portugués, en un período de 10 años (1568-1578). El primer libro los lleva a conocer la turbulenta Italia del Renacimiento, la de los príncipes maquiavélicos, los artistas y los condotieros; así como la vida en las galeras que luchaban contra los corsarios turcos en las aguas del Mediterráneo. En el segundo libro, los protagonistas se encuentran sirviendo en el ejército español en la guerra de Flandes, y aquí se mueven por una Holanda desolada e invernal, inmersa en una cruenta contienda civil y religiosa. La tercera y última entrega está ambientada en Madrid, donde Martín y Afonso, ya más mayores y cansados, se ven envueltos en una endiablada intriga palaciega en la que también participan personajes históricos como el propio rey Felipe II, el ministro Antonio Pérez o la princesa de Éboli.

P.- ¿Cuántos géneros se pueden ver en tu novela? 

R.- En general es una obra en la que quise juntar todos los ingredientes del género: intrigas, amores, batallas y acción a capa y espada, además del inevitable retrato costumbrista de la época, utilizando como hilo conductor a estos personajes tan paradigmáticos de su tiempo como son dos soldados de los tercios españoles.

Martín de la Vega. 
Soldado de los Tercios españoles y espadachín a sueldo. 
Valiente, irascible y aventurero. 
P.- ¿Por qué en el siglo XVI?

R.- Me apasiona el escenario caballeresco y romántico del siglo XVI. Fue un siglo peligroso y fascinante, plagado de aventuras, viajes, descubrimientos, guerras, arte, conjuras, etc. Además, fue la época en la que España estaba en la cumbre de su época imperial, y si consiguió tal cosa fue merced a unas cuantas generaciones de hombres de hierro, forjados tras ocho siglos de guerra contra los moros. En el siglo XVI no había nada que un español no se atreviese a hacer. Recorrieron Europa de punta a punta como las antiguas legiones romanas, navegaron hasta los confines del mundo, derrotaron a casi todos los que se les pusieron delante, fundaron universidades, reinos, llevaron la lengua castellana al otro lado del mar… Mataron a mucha gente, por supuesto, pero no más que los romanos o los griegos en su día, y bastante menos que los anglosajones en su época colonial. La vida era así, y para muchos, convivir con la violencia era el único modo de vivir.

P.- ¿Qué necesitabas contar y por qué?

R.- A mí me interesaba, aparte de contar los hechos, describir la mentalidad que tenía esa gente, lo que les llevaba a abrazar el oficio de las armas o a cruzar el océano a bordo de un cascarón de madera. Quería recrear cada detalle; que el lector viera con los ojos de aquella gente del siglo XVI lo que era navegar por un mar Mediterráneo infestado de piratas, recorrer las calles oscuras y peligrosas de las ciudades europeas, conocer las trincheras embarradas en torno a una ciudad sitiada, beber vino en tabernas sórdidas acompañados de espadachines, pícaros, tahúres. En definitiva, que pudiera observar de cerca cómo vivieron muchos españoles hace 400 años.

P.- Inevitablemente, tu novela me ha llevado a la obra de Cyrano de Bergerac, que triunfó a finales del siglo XIX cuando la novela de capa y espada no pasaba por su mejor momento. ¿Por qué has querido arriesgar con este género?, ¿crees que debería ponerse de nuevo de moda?

R.- Yo creo que la novela de capa y espada nunca ha pasado de moda. Es un género que ha resistido muy bien el tiempo. Si un lector ahora, en 2017, lee Los tres mosqueteros o Scaramouche, se encuentra con novelas que conservan frescura y buen ritmo narrativo. Siguen siendo actuales a pesar de tener más de 100 años. Yo intenté recuperar el estilo y ambiente de esas obras clásicas que son ágiles, románticas, descriptivas, inmersivas... El Siglo de Acero es una reinterpretación de esa manera de contar historias adaptada al público actual.

Cartel del musical de Scaramouche

P.- Estamos ante una novela de piratas y navegantes, ¿cuáles han sido tus influencias en este género?

R.- En «Peones & Damas» se nota mucho la influencia del folletín de aventuras que tanto éxito tuvo a finales del siglo XIX. Novelas como la anteriormente citada Los tres mosqueteros; hay mucho también de El corsario negro de Emilio Salgari, La isla del tesoro de Stevenson, Miguel Strogoff de Verne, etc. 

P.- ¿Solamente clásicos?

R.- No sólo clásicos, y eso es un punto a favor que tenemos los escritores de esta nueva generación. No solamente los clásicos nos han influido a la hora de escribir, sino que hemos crecido con películas, series, videojuegos, cómics… Y echamos mano de toda esa gran variedad a la hora de componer nuestras obras. En mi trilogía se ve claramente la impronta que ha dejado Homero, Víctor Hugo o la picaresca española, pero también se pueden encontrar escenas directamente influenciadas por el cine western de Peckimpah o de Sergio Leone, y otras que podrían estar sacadas de un cómic de Conan o de una película de aventuras de los 80.


P.- ¿A quién pertenece el diseño de la cubierta y las ilustraciones? Háblanos de ello.

R.- Del artwork se han encargado Nacho Tenorio y Sergio Mora, de Third Guy Studio, que son principalmente dibujantes de cómic. Los elegí a ellos porque vi varios de sus trabajos en Internet y quise que las ilustraciones de El Siglo de Acero tuvieran ese aspecto más juvenil, más cercano a La Espada Salvaje de Conan, a Berserk o a los juegos de rol. Hoy en día prima lo visual, y para mí es valiosísimo poder contar con una portada que llame tanto la atención como la que estos chicos han hecho para «Peones & Damas». Han realizado un trabajo magnífico. Me encanta la cara que le han puesto a mis personajes y estoy seguro de que las ilustraciones de las próximas dos entregas serán igual de buenas. 

P.- ¿Qué valor le das a la historia en tu novela?, ¿te tuviste que documentar mucho?

R.- Como es una saga de aventuras procuré que la documentación no ralentizara o solapara la trama; no obstante, intenté que todo estuviera lo mejor recreado posible. Tan sólo me permití simplificar o alterar detalles históricos secundarios para beneficiar la ligereza de la narración, y cuyo aporte imaginativo espero sabrá discernir el buen criterio del lector. El proceso de documentación, en mi opinión, es arduo pero a la vez es precioso. Intenté tener especial cuidado ya no sólo en las descripciones, sino en que la mentalidad de los personajes fuese creíble y acorde con la época. 


Cubierta de Peones & Damas, 
la primera entrega de la trilogía. 
Inspirada en los posters de las películas de los 80 
como FleshBlood, La Princesa Prometida o Willow.

P.- Pero la mentalidad ha cambiado tanto desde entonces...

R.- La gente del siglo XVI no pensaba como pensamos ahora. Era un mundo brutal y la mentalidad estaba supeditada a la religión. En este sentido mis libros son bastante oscuros, no hay héroes que compendien virtudes y defiendan de manera altruista la justicia; incluso Martín de la Vega, el protagonista, es un hombre pendenciero, repentino y a veces contradictorio, extraordinariamente pronto de irritarse, desenvainar la espada y batirse por una palabra inadecuada, devoto de una imagen ideal de sí mismo aunque repleto de extrañas debilidades… Intenté que se pareciera lo máximo posible a los soldados de las crónicas de la época para darle veracidad al relato.

P.- ¿Cómo describirías la novela histórica en el sector editorial de nuestro país?

R.- Hay de todo. Pero en general me encuentro con bastante «tocho histórico». Me refiero a estos libros de 800 páginas en las que el autor se dedica a soltar toda la documentación que ha recabado durante un par de años, o los que sean. Yo me inclino más hacia la ficción histórica de aventuras; lo que me importa es el buen desarrollo de la trama y de los personajes, y que el lector ya se vaya enterando del tema histórico por el contexto. Intentar explicar constantemente lo que pasa y por qué pasa es un error, en mi opinión. Para eso ya están los historiadores y los libros de Historia. Me gustó mucho, por ejemplo, la saga del Capitán Alatriste cuando la leí en el instituto, porque tiene las explicaciones necesarias sin detrimento de la trama. Así es como yo creo que debe hacerse una novela histórica.

P.- Actualmente te dedicas al modelismo en miniatura y escenas militares, ¿cómo te influye eso en tu escritura?

R.- Es totalmente complementario, ya que la documentación que tengo que hacer para representar y pintar correctamente las miniaturas, me sirve para las novelas. De hecho, estoy trabajando en una maqueta grande, de unas 700 figuras, sobre la batalla de Jemmingen, acaecida durante la guerra de Flandes y que precisamente sale en la segunda novela de la trilogía. En la maqueta incluso pueden verse las miniaturas de Martín de la Vega y Afonso el portugués, en medio de un tercio de infantería española. Hasta tal punto está relacionado.

P.- Hablando de sinergias, veo que tienes mucha actividad en Facebook, ¿cómo es tu experiencia con esta red social?, ¿por qué Facebook y no Twitter para un escritor de tus características?

R.- Lo cierto es que, aunque me veáis tan joven y guapo, soy un tanto anacrónico. Entiendo de informática lo justo, y todavía no me he rendido al libro digital (ni siquiera tengo dispositivo para leerlo). Soy más de atiborrar las estanterías de ejemplares y recorrer con una mochila todos los rastros que encuentro en busca de botín. De hecho fue así como me hice con una buena colección de clásicos. Todos de segunda mano. No obstante, Facebook es una herramienta que me está ayudando mucho a dar a conocer la trilogía y hablar con los lectores sobre los aspectos de la misma. Twitter en cambio ya lo veo más peligroso, porque a mí enseguida se me calienta la boca.

P.- ¿Podrías recomendarnos un buen libro de novela histórica?

R.- Hay algunos libros que recomiendo siempre, porque como dije antes, no sólo recrean con acierto los escenarios de la época en la que están ambientados, sino la mentalidad de la gente que vivía entonces. Yo recomendaría el primero del Capitán Alatriste a cualquier chaval (o no tan chaval) que quiera meterse en esto de la novela histórica. Es un libro perfecto para empezar, como lo puede ser cualquier clásico del XIX, pero sin ser tan denso. Después, ya a lectores más adultos, les recomendaría Los Miserables, de Víctor Hugo, y Bomarzo, de Manuel Mujica Laínez. Son dos libros absolutamente fabulosos de principio a fin. Lo que sí que no recomendaría de ninguna manera, si lo que se busca es un buen libro de novela histórica, son los best-sellers anglosajones que decoran casi todos los escaparates de las librerías. De esos libros es mejor escapar.

Muchas gracias a La boca del libro por la entrevista, y espero aparecer de nuevo en vuestra magnífica página muy pronto. Un saludo desde Ferrol.

Página web del autor: El siglo de acero
Página de Facebook del autor: @elsiglodeacero 


Entrevista realizada por María Bravo.


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