miércoles, 14 de febrero de 2018

12 cubiertas de amor y una canción desesperada

Llegó el día del amor, el día más pasteloso del año donde los regalos, memes y cenas románticas se suceden como si no hubiese un mañana, y todos ajenos a la historia del amor en la lengua española. Seguro que las librerías se llenan a lo Black Friday en busca de un libro especial para la persona amada. Quizá nos cojamos el día libre para leer a Neruda arropados con una manta, bebiendo té y suspirando al erotismo (ver enlace. Es más, deberían implantar el día de Neruda como fiesta nacional. En cualquier caso, no hemos llegado hasta aquí para hablar sobre Neruda, sino para hablar sobre el amor, y el amor en la literatura es algo tan extenso que moriríamos de amor sin supiéramos todo lo que abarca. Implosionaríamos entre mazapán y plastilina. Por eso, es preciso acotar. Sí, venimos a hablar de amor, pero en concreto de las cubiertas más bonitas que tratan sobre el amor. Ya no me meto en si son buenas o malas, eso se lo dejo a los lectores.












Como veis, el amor me transmite color. Por eso, he omitido todas aquellas cubiertas de chicas con vestidos cortos y figuritas espagueti y chicos fibrosos que desprenden virilidad en su tupé y en su torso desnudo. Ya sabéis, ese tipo de cubiertas que acumulan clichés y estereotipos que "ayudan" a que la crítica literaria las tome en serio. Espero que poco a poco estas portadas vayan quedando desactualizadas. En este enlace os dejo un bonito repertorio que os va a gustar. Os voy a poner el ejemplo de Fabio Lanzoni, un modelo italiano que aparecía en decenas de cubiertas de novelas románticas para el suspiro de cientos de mujeres con su pelo largo y sus pectorales. Con el paso del tiempo, no dejó pasar la oportunidad y publicó varias novelas con su nombre. A mí, personalmente, me recuerda a Conan el Bárbaro.




* * *





Maxwell se ha convertido en un referente en novelas de amor. Como dato curioso, pese a que nació en Alemania, en su DNI figura con el nombre de María del Carmen Rodríguez del Álamo Lázaro y vive en Madrid. Ella puntualiza que no le gusta el término de novela rosa y que sus novelas empiezan con el título, que eso le ayuda a crear la trama y los personajes. Sería gracioso hacer el ejercicio con otros títulos suyos como El día que el cielo se caiga (2016) o Te lo dije (2009).




Este ha sido el escueto repertorio de cubiertas del amor de hoy. ¿Tienes alguna especial?, ¿alguna que regalarías este día de los enamorados? No te cortes, también nos puedes decir una cubierta de mujeres ligeras de ropa que piden a gritos que su canción desesperada se llene de un hombre fibroso, de ojos azules y con una abundante cuenta corriente. Venga, no te juzgaremos. Esto no es Twitter.


Escrito por María Bravo






sábado, 27 de enero de 2018

Carlos Lozano: «La creatividad literaria te da una satisfacción que en las agencias de evaluación aún no son capaces de apreciar ni de imaginar»

Carlos Lozano Ascencio (México, 1962). Reside en Madrid. Es Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional Autónoma de México y Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Autor de teatro y guionista en varios programas de televisiones públicas de México y España, actualmente es profesor Titular en el área de Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos.




P.- Cuéntanos de qué trata tu libro de relatos, Carlos. 

R.- Ana desde hace tiempo es una novela que cuenta la historia de una muchacha que consigue emanciparse de su realidad teatral para perderse en el mundo de los humanos. Tres décadas más tarde propicia un encuentro con su autor, el día en que este cumple cincuenta años.

P.- Háblanos del personaje de Ana Barberena y cuál es su origen, ya que de la cárcel de Lecumberri, se cría en el seno de una familia de la alta burguesía mexicana y finalmente termina en Madrid. 

R.- El recorrido vital de la protagonista es complejo porque atraviesa dos grandes planos, primero, como personaje de una obra de teatro y luego como un personaje independizado y humanizado en la vida real. Estos dos planos, diferentes entre sí, se intercalan en el relato y hacen crecer la historia de principio al fin de la novela. Ana conoce muy tarde (a los veinte años) sus verdaderos orígenes familiares, porque no sabía que había nacido en la cárcel de Lecumberri (hoy, Archivo General de la Nación), y descubrió los secretos bien guardados sobre la muerte de sus padres biológicos y el destino de sus abuelos. Por lo anterior, decidió irse de la casa de sus tíos (familia de la alta burguesía mexicana que la adoptó y la crio); sin embargo, dicha decisión de emanciparse fue tan determinante, querida y pensada que no solo consiguió desvincularse de su familia sino también de la dimensión teatral a la que pertenecía. Al parecer, llegó al mundo de los mortales el mismo día (19 de septiembre de 1985) en el que uno de los terremotos más mortíferos sacudió la ciudad de México. Vino al mundo a través de una rendija que se abrió inesperadamente entre los dos entornos sin que nadie pudiera preverlo ni evitarlo. A partir de ese momento, Ana se convirtió en una replicante en tierra de palpitantes. Como una superviviente más, salió adelante con muchos esfuerzos y, poco a poco, pudo reconstruir su verdadera biografía. Ana también llega a conocer a su creador (Ezequiel) y lo encuentra en Madrid. Treinta años después propicia un encuentro casual con él para intentar aclarar y resolver todos los asuntos que ambos tenían pendientes. 

Mural de Diego Rivera. Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central

P.- Ana desde hace tiempo forma parte de una serie llamada La contra-corriente del Golfo. Háblanos de ella, de los temas que tratas y de por qué tuviste la necesidad de contar esta historia. 

R.- Así es, esta es la primera entrega de un proyecto que he denominado La contra-corriente del Golfo. El título de la colección se inspira en el movimiento oceánico que desplaza una gran masa de agua cálida procedente del golfo de México y que le asegura al continente europeo un clima cálido para la latitud en la que se encuentra. El objetivo es publicar al menos cinco novelas no seriadas que tienen en común contar historias en las que inevitablemente se va de una orilla a otra del Atlántico en cualquier medio de transporte y en cualquier época histórica.

P.- Pirandello y Unamuno ya probaron la ira de los personajes que habían creado. ¿Nos podrías comentar la parte metaliteraria que nos podemos encontrar en la obra y cómo influye para entender su lectura?

R.- A mí, desde siempre, me han parecido muy atractivas las historias en las que los personajes de ficción se mezclan en la vida real, viajar a otras épocas, que los personajes del pasado nos visiten, que se pueda entrevistar a las estatuas… Supongo que, en otros tiempos, como los que escribieron Pirandello y Unamuno (primer tercio del siglo XX) la subversión de los planos de la realidad y de la ficción era algo mucho más novedoso. Hoy en día, aunque sea un recurso más visto, no deja de utilizarse porque la realidad virtual nos ha familiarizado con esta clase de subversiones narrativas en las que las historias pueden trasponerse fácilmente entre la realidad y la ficción. En esta novela, es verdad, un personaje se cuela en el mundo de los mortales, pero no tiene poderes excepto que no envejece o que puede colarse en los murales de Diego Rivera.


Alameda Central. Fuente de la tinajera. Fotografía utilizada para ilustrar la cubierta

P.- Carlos, tú has sido inmigrante mexicano ¿qué hay de ti en este libro?

R.- Mentiría si dijera que todo lo que me he inventado en esta novela es invención al cien por cien. Los autores siempre introducimos en nuestros textos experiencias, escenas, recuerdos, objetos, manías, personas, olores, pasiones que sólo se detectan si los lectores te conocen bien y de cerca. Mi situación de migrante está reflejada de alguna forma en la novela, pero no de una forma literal. Reconozco que la obra de teatro a la que se hace referencia en el texto sí existió, la escribí en 1983, se estrenó en el Teatro del Pueblo de la ciudad de México y obtuvo un premio en un concurso celebrado en el Teatro del Bosque. Después de tres décadas de aquello, ya viviendo en Madrid, se me ocurrió la posibilidad de recrear aquel montaje y aprovechar el final abierto que tenía esa obra.

P.- ¿Qué tipo de lecturas y autores te han influido en esta obra? 

R.- Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Fernando del Paso, Guillermo Arriaga, Ángeles Mastreta, como ves todos ellos son autores mexicanos.

P.- ¿Por qué has decidido optar por una cubierta distinta en la versión en papel y en la versión digital?

R.- Para esta pregunta no tengo una respuesta muy convincente. Al final, creo que ha sido para distinguir visualmente una de otra. En este punto quisiera aprovechar para agradecer a Thomas Hoermann su trabajo para realizar la cubierta de la versión impresa.

Cubierta en papel
Cubierta en formato digital






















P.- Leyendo tu biografía, posees un amplio bagaje cultural. Actualmente eres profesor en la universidad Rey Juan Carlos de Madrid. ¿Cómo te influye tu faceta docente a la hora de escribir?

R.- Antes de salir de México (con mis veintitantos) vivía de escribir guiones para muchos programas de televisión. Aunque en España estudié un Doctorado en Comunicación también estuve trabajando como guionista en la Televisión Educativa Iberoamericana e intentando vender series dramáticas de radio y televisión. El trabajo estable lo conseguí en la docencia y en la investigación universitarias y ahí me desarrollé hasta la fecha sin dejar de mirar de reojo a la literatura y sacar tiempo debajo de las piedras para escribir novelas. Yo creo que la investigación no sólo te abre nuevos caminos para el análisis, sino que también te puede abrir muchas perspectivas para la creación. En España eso no está bien visto. Escribir una novela no le da puntos a un docente/investigador para subir en el escalafón del sistema académico, al contrario, se le penaliza por ello. Yo, al menos, creo que la creatividad literaria te da una satisfacción que en las agencias de evaluación aún no son capaces de apreciar ni de imaginar.

P.- ¿Por qué optaste por la autopublicación? ¿Qué ventajas y desventajas encuentras con respecto a publicar con una editorial convencional?

R.- La opción de la autopublicación también tiene que ver con el título del proyecto, es decir, de publicar a contracorriente de la industria editorial convencional. Reconozco que llevo dos décadas intentando publicar: enviando manuscritos a editoriales importantes y no importantes, mexicanas y españolas, grandes y pequeñas… El mercado es tan complicado que los correos electrónicos de las editoriales y de los representantes literarios son pozos sin fondo en donde nunca sabes si han recibido tus materiales, si los han visto, si los han leído, si les interesa… Hay que reconocer que es muy difícil entrar en un vagón repleto de gente y con las puertas casi cerradas para los nuevos pasajeros. La autopublicación es una alternativa real frente a la industria editorial convencional. Este sistema permite poner en contacto al autor con sus lectores sin muchas más intermediaciones. Tampoco estoy diciendo que sea algo fácil, sólo digo que es una opción válida en estos momentos.

P.- Una pregunta curiosa a un profesor de Periodismo. ¿Por qué el sector está pasando por un mal momento?, ¿qué se necesita para que se estabilicen las cosas –sueldo, condiciones y veracidad de la información-?

R.- El periodismo, como muchas otras prácticas sociales en España, está pasando por un mal momento por la crisis económica, los recortes, la poca inversión en la formación universitaria, pero también porque el sector está cambiando mucho. Las nuevas tecnologías nos están acostumbrando a acceder a la información de otra manera, los mediadores periodísticos ya no tienen tanta influencia como antes, puesto que ahora existen muchos más competidores, más fuentes de información, más desorden en la forma de identificarla, seleccionarla, jerarquizarla y transmitirla. Antes, la información novedosa, trascendente, pública era dominio de los mediadores periodísticos, ahora no. La gente lee menos periódicos impresos, las rutinas de consumo informativo cambian continuamente, no hay horarios, ahora existen muchos canales (dispositivos) para acceder a la información. Antes a la información no contrastada se le podía tildar de rumor, hoy en día los rumores se convierten en flujos incontrolables de datos que muchos le dan credibilidad como noticias, las fuentes cambian, los medios citan a las redes sociales, los personajes públicos ya no dan ruedas de prensa, sino que escriben en Twitter. Ante esta situación tan cambiante lo que no podemos hacer es tirar la toalla sino seguir tomando notas para escribir las mejores historias que aún están por escribir.

P.- Recomiéndamos una novela de una escritora mexicana. Una novela corta, de esas que se pueden leer en una tarde. 

R.- Como agua para chocolate de Laura Esquivel.


Página de Facebook: La contra-corriente del Golfo.

Entrevista realizada por María Bravo 


*  *  *

¡ATENCIÓN! 


Si eres escritor, librero o editor y te gustaría que te hiciera una entrevista en La boca del libro, no tienes más que escribirme a mb.sancha@gmail.com y hablamos. Pero no te preocupes, si no eres escritor, pero tienes algún negocio relacionado con las letras, blog o idea literaria y también quieres promoción, escríbeme a mb.sancha@gmail.com y hablamos (sí, es el mismo correo :)







sábado, 6 de enero de 2018

¿Qué control tiene el escritor sobre el personaje?

Una de las regla de oro de cualquier escritor es perfilar bien a los personajes. Esto podría ser sencillo para un escritor experimentado, pero para un alevín quizá no tanto. De cualquier manera, yo como lectora me pregunto, ¿y cómo se perfila bien a un personaje? Porque no es lo mismo hablar del papel de una madre, que en mayor o en menor medida todos tenemos más accesible, a un asesino en serie de la España de los años 30, por ejemplo. No es lo mismo ponerse en la piel de un hijo, de un chiquillo que ha empezado a ir al cole de mayores, que de un recolector inmigrante de patatas de la costa andaluza. No todos los escritores conocen de primera mano la realidad de sus personajes. No obstante, hay trucos para llegar a conocerlo. El primero es la documentación, el segundo es dejarse fluir por los acontecimientos.



El escritor debe implicarse, vivir tan cerca como pueda experimentar cada dolor y conflicto del protagonista o del personaje. Sentir la palma de la mano sudorosa por la recogida de patata o el conflicto de un niño por ser el último en escoger su juego preferido en la escuela. El prisma desde donde el escritor mira la historia debe ser amplio y variado en cada una de sus caras; porque si solo se queda con un punto de vista el lector tendrá la sensación de que lo escribes no tiene verosimilitud. Y eso son palabras mayores, amigo. José Luis Sampedro denominó a esto catártica transubstanciación; es decir, según él, conocer bien a un personaje, también es cuestión de relajarse y dejarse llevar por las circunstancias. No hay que forzar ninguna situación. Porque quien maneja el cotarro no es el escritor, sino el personaje principal. Y para ello es necesario aprender a perder el control. Esto puede llegar a ser problemático en muchos casos, porque esta pérdida puede hacernos sentir indefensos ante la novela. Lo mejor es ver a los personajes sin forzar nada, como si estuviésemos mirándolos por un agujerito en sus casas. Veamos lo que dice el escritor americano John Gardner al respecto:


[...] el escritor tiene que aprender a salirse de sí mismo y a ver y sentir las cosas desde cualquier perspectiva, humana e inhumana. Tiene que ser capaz de dar a conocer de forma precisa y convincente cómo ve el mundo un niño, una joven, un asesino entrado en años o el gobernador de Utah. Tiene que aprender, por medio del examen minucioso de la ilusión en que se sume frente a la máquina de escribir, a distinguir las más leves diferencias en la manera de hablar y de sentir de los distintos personajes, con la misma imparcialidad y desapego que el propio Dios, reconociendo las virtudes y defectos de cada ser humano. Y puesto que no reivindica su visión particular sino la omnisciencia, no puede, por principio, amar a algunos de sus personajes y despreciar a otros.
Para ser novelista
J.  Gardner

Gardner es conocido por ser un importante profesor de escritura creativa, mentor y maestro de Raimond Carver. En su libro Para ser novelista, explica: Este libro es para el novelista que ya ha llegado a la conclusión de que es mucho más satisfactorio escribir bien que escribir sólo lo suficientemente bien como para llegar a publicar. Es un libro que recomiendo, donde el lector encontrará las respuestas a la preguntas de los alumnos de escritura creativa en todos nos hacemos. En este caso, Gardner nos explica la importancia del escritor por ver a través de los ojos del personaje en cuestión sin ningún tipo de prejuicio y poniendo todos los sentidos posibles. ¿Cómo habla un niño de niño de seis años y como una persona de ochenta?, ¿qué toca un sexador de pollos?, ¿cómo es el tacto? Lo más importante de todo es remitirse siempre al sentido común.

Y vosotros como escritores, ¿cómo os mimetizáis y perdéis el control para conocer y dar vida a vuestros personajes?

Entradas relacionadas:
-Lo que cocina el escritor

Escrito por María Bravo






domingo, 10 de diciembre de 2017

5 palabras que vienen del noruego

En estos días de ciclogénesis de frío, lluvia y viento nos acordamos mucho de los amigos del hemisferio norte y de lo bonito que debe de estar aquello de allá arriba, todo nevado. Pero lo cierto es que poco nos llega de Noruega, y pocas son las palabras que se han quedado en el idioma español.

En cualquier caso, el idioma no entiende de barreras físicas, y en nuestro diccionario tenemos cinco palabras que proceden de esta lengua nórdica. Si el inglés y el francés no hubiesen estado en medio, igual nos hubieran llegado más, pero así es la vida en el maravilloso mundo de los idiomas, donde ninguna de ellas paga alquiler ni impuestos de aduana. Aquí os dejo la lista de palabras. 



Trol

Del noruego troll 'ser sobrenatural'. En la mitología escandinava es un monstruo maligno que habita en bosques o grutas. Por cierto, ¿alguien sabe cuál es el plural de trol? Es "troles", como "soles" o moles. En el diccionario de Academia Manual apareció por primera vez en 1989, quizá gracias a la popular serie de dibujos animados española David el Gnomo, que extendió el término. Ya no me meto en el último capítulo de la serie, que traumatizó a miles de televidentes. 

Eslalon 

Del noruego slalom es una competición de esquí alpino sobre un trazado descendente en zigzag con pasos obligados. En 1992 apareció por primera vez en el diccionario. El plural es eslálones, algo que suena fatal. De hecho, ¿alguien pronuncia esta palabra más de tres veces al año? Venga, haced vuestra lista anual de las palabras más utilizadas en el 2017. Igual os lleváis una grata sorpresa. 

Fiordo 

Es la palabra noruega por excelencia. Viene del noruego fjord, y actualmente significa "golfo estrecho y profundo, entre montañas de laderas abruptas, formado por los glaciares durante el período cuaternario". Apareció por primera vez en 1917, en el diccionario José Alemany y Bolufer con el significado de "profunda escotadura o seno en las costas de los mares polares, por los que entra el agua en el interior del continente. Abundan en Noruega, de cuyo idioma procede el vocablo". Hoy en día, hacerse un crucero por los fiordos noruegos te da caché, y algún que otro costipado.


Kril 

A mí esta palabra siempre me ha recordado a Krilin, amigo de Goku en Bola de Dragón. Pero lo cierto es que viene del inglés krill, y este del noruego krill, que significa "alevín, pez pequeño". En nuestro diccionario se integró en 1992, y actualmente significa "banco de crustáceos planctónicos semejantes al camarón, que constituye el alimento principal de las ballenas".

Rorcual 

Y hablando de ballenas. El nombre de este simpático animal nos ha llegado del francés, y este del noruego røyrkval 'ballena'. Según el diccionario, es una especie de ballena con aleta dorsal, común en los mares de España, que alcanza una longitud hasta de 24 metros y tiene la piel de la garganta y del pecho surcada a lo largo formando pliegues. En 1884 apareció por primera vez en el diccionario como "especie de ballena que habita en nuestros mares". Hasta la edición de 1899 no se detallaría el tipo de ballena que es. Total, si es grande y no tiene dientes afilados, ballena fijo. Por cierto, y hablando de animales, ¿sabéis que los trenes matan al año 100 renos? Cada país tiene lo suyo. Ahora no penséis que vamos a encontrar ballenas en las cunetas españolas.


Nada más, seguidores. Abrigarse mucho que la ciclogénesis puede ser traicionera, como los troles en los eslálones. Palabras hermosas que nos deja el noruego.


Enlace relacionado:

-22 préstamos alemanes



Escrito por María Bravo






lunes, 20 de noviembre de 2017

¿Quién escribe la historia, el narrador o el autor?

En literatura, se suele confundir a menudo la figura del escritor y el que cuenta la historia, ya sea un narrador personaje u omnisciente (narrado en tercera persona, el que todo lo sabe). De tal forma, rápidamente sabe el lector quién nos está contando la historia. Y, de sobra es conocido, que el narrador nunca es el autor. Es una regla suprema escrita con sangre y un par de ojos de tritón que todo alumno de literatura o escritor primerizo debe aprender.


La diferencia estribaría en que el autor es la persona que inventa o produce, en este caso, una obra literaria; por ejemplo, Francis Scott Fitzgerald. El narrador, por lo tanto, se refiere a la persona que nos narra y cuenta la historia; en este caso sería Nick Carraway, narrador en El Gran Gatsby (de Fitzgerald). Y es que en el maravilloso mundo de la clasificación de los narradores podemos encontrar un mosaico variado entre narradores internos y externos.

Pero no todo es blanco o negro y la, aparentemente, robusta línea que separa narrador y autor puede desmoronarse. José Saramago hace una proposición muy particular en el libro El lector no lee la novela, lee al novelista.

[...] mi osada declaración de que la figura del Narrador no existe de hecho, y que sólo el Autor ―repito, sólo el Autor― ejerce real función narrativa en la obra de ficción, cualquiera que ella sea, novela, cuento o teatro (¿dónde está, quién es el Narrador en la obra teatral?), y quién sabe si hasta en la poesía, que tanto como soy capaz de entender representa la ficción suprema, la ficción de las ficciones. (¿Podremos decir que los heterónimos de Pessoa son los narradores de Pessoa? Si es así, ¿quién les narra a ellos? Entre unos y otros, ¿quién está narrando a quién?).


[...] Buscando auxilio en una dudosa o, por lo menos, problemática correspondencia de las artes (véase Étienne Souriau), algunas veces he argumentado, en mi defensa, que entre una pintura y la persona que la observa no existe otra mediación que no sea la del respectivo autor ausente, y que, por tanto, no es posible identificar, o siquiera imaginar, por ejemplo, la figura de un Narrador en el Guernica, en La rendición de Breda o en Los fusilamiento de la Moncloa. A esta objeción suelen responderme, en general, que, siendo las artes de la pintura y de la escritura diferentes, diferentes tendrían que ser también, necesariamente, las reglas que las definen y las leyes que las gobiernan. Tan perentoria respuesta parece que quiere ignorar el hecho, a mi entender fundamental, de que no hay, objetivamente, ninguna diferencia esencial entre la mano que va guiando el pincel o el vaporizador sobre el soporte, y la mano que va dibujando las letras en el papel o las hace aparecer en la pantalla del computador. Ambas son prolongaciones de un cerebro, ambas son instrumentos mecánicos y sensitivos, capaces, ambas, con adiestramiento y eficacia semejantes, de composiciones y ordenamientos expresivos, sin más barreras o intermediarios que los de la fisiología y de la psicología.

Este estracto, desde luego, te hace pensar. Es cierto que cuando nos gustan un determinado escritor, nos dirigimos a él y nunca a los personajes que nos narran la historia. ¿Alguna vez habéis oído, qué ganas tengo de leer las aventuras de Nick Carraway? No valoramos al narrador, sino al autor de la obra literaria. Sí es cierto que podemos encapricharnos de un determinado narrador testigo o protagonista, Watson, por ejemplo, vive en nuestros corazones.

¿Pero qué ocurre con el narrador omnisciente, el que todo lo sabe? A él nunca lo tenemos en cuenta. ¿Puede que exista un planeta con narradores omnisciente de grandes obras de la literatura? Allí podemos encontrarnos a los narradores omniscientes de todas las novelas, menos La hojarasca, de Gabriel García Márquez, ¿o son todos el mismo? O también al narrador de Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Todo es posible. Mientras tanto, que cada uno apele a su propio criterio.

Escrito por María Bravo







domingo, 5 de noviembre de 2017

El juego de la sinestesia

En literatura, se entiende como sinestesia a la figura retórica que consiste en la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde. Como, por ejemplo, suave como un susurro o verde amargo, donde se mezclan dos sentidos. De tal forma, a veces se puede oír un color, ver un sonido o notar un sabor (recordad lo rimbombantes y literatos que se ponen a la hora de describir un vino, donde se juega con la vista, el gusto y el olfato).
Seguramente muchos de vosotros habéis relacionado una canción con un color o con una forma geométrica. El poeta francés, Arthur Rimbaud, publicó en 1883 un soneto que empezaba con la siguiente estrofa, donde habla del color de las vocales, un fenómeno llamado grafema-color:
                                            A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales,
                                            diré algún día vuestros latentes nacimientos.
                                            Negra A, jubón velludo de moscones hambrientos
                                            que zumban en las crueles hediondeces letales.



Esto también lo podéis hacer por vuestra cuenta, por ejemplo, ¿de qué color veis el número siete? Yo siempre lo he visto marrón. Nunca he encontrado una explicación coherente, creo que ni la he buscado. Pero lo mismo ocurre en la literatura con determinadas novelas o personajes, a los cuales les asignamos una cualidad de otro sentido. ¿Nunca habéis dicho que una novela es muy áspera, por ejemplo, un sensación destinada al tacto? De cualquier manera, la sinestesia la encontramos en la misma literatura, como ocurre con Mortal y rosa, de Francisco Umbral. 

...El tacto es ciego, el olfato es galopante. La boca es frenética. El oído es torpe. Solo el ojo alcanza la totalidad. Reconstruir una mujer a partir de su voz, de su contacto, de su sabor, de su olor. Eso es la imaginación. La imaginación es el vuelo de un sentido a través de todos los otros. La imaginación es la sinestesia, el olfato que quiere ser tacto, el tacto que quiere ser mirada. La imaginación nace de una limitación. La mirada, quizás, es menos imaginativa porque posee más. Pero necesita imaginar lo que ve, redondear y colorear el cuerpo de la mujer, acercar lo que está lejos, alejar lo que está cerca. No basta con mirar. Hay que sobremirar, sobrever. Hay que interiorizar lo que está fuera y verlo hacia dentro. 


Totalmente de acuerdo con Umbral. Solo el ojo alcanza la totalidad. La verdad es que es un sentido que abarca muchas cosas, pero la piel, el tacto, nos hace estremecernos en muchos momentos. Y, sigue el escritor diciendo que la imaginación es la sinestesia por antonomasia. Vamos en el metro atestado de gente, y solo con escuchar un timbre de voz, podemos poner cara a la persona. El tacto de sus manos, su olor o cómo serán sus rasgos. Los sentidos necesitan desbordarse y entremezclarse para dar forma a las cosas, para completar los huecos. Y la literatura no se libra. 

Pensad lo siguiente, ¿creéis que todo lo que percibimos en el mundo se puede poner por escrito? Si habéis contestado que sí, la siguiente pregunta es obligada, ¿qué es lo más difícil que creéis que se puede poner por escrito? Pensad que el olfato es uno de los sentido más complicados de describir. Por ejemplo, ¿a qué huele un limón? Casi siempre se recurren a otros sentidos para describirlo. Venga, haced la prueba. No penséis que es un juego de niños, a esto es a lo que juegan los escritores a diario. 


Escrito por María Bravo








sábado, 14 de octubre de 2017

20 cosas raras que se oyen en las librerías

Si la rareza fuese una imagen se convertiría en un cliente de librería. Es una especie en peligro de extinción que hace preguntarse a los libreros si realmente han hecho algún cursillo de interpretación o los clientes son de así de espontáneos. Por desgracia, nunca lo sabremos. Son astutos como zorrillos esteparios y sagaces como ratones de laboratorios en busca de comida. Los clientes ponen a prueba a los libreros hasta llevarlos a su terreno. No son los gatos los que quieren conquistar el mundo, ¡no!, son los clientes de librerías. ¿Su objetivo? Manipular tu mente y arrinconarte hasta dejarte como una pelusa ennegrecida.

Por suerte, para los libreros supervivientes, la editorial Malpaso editó un libro allá por el año 2015 para ayudar a los libreros a comprender que no están solos, que existe un mundo más o menos normal; un mundo donde los libreros viven libres en cautividad. El libro en cuestión se llama Cosas raras que se oyen en las librerías, y recopila las mejores intervenciones surrealistas de clientes y demás personajes quijotescos. He seleccionado las veinte paranoias más estupendas de clientes que hicieron mella en los libreros, quizá hasta el punto de desestabilizarlos. Aunque no creo, la raza librera es dura de pelar.



* * *


CLIENTE: ¡Ay, Stephen! ¿Pero qué haces? Ten más cuidado (Le quita el libro y lo vuelve a colocar en la estantería).
LIBRERO: Disculpe.
MADRE: ¿Sí?
LIBRERO: Su hijo acaba de arrancarle la cabeza al tigre que vino a cenar...
MADRE: Sí, los niños son muy bestias.
LIBRERO: Ya, pero ahora no podemos vender ese libro. Está dañado.
MADRE: No pretenderá que lo compre ahora que está estropeado.

***

CLIENTE: ¿Tenéis Loca por él de la serie Bridget Jones? No lo veo.
LIBRERO: Se ha agotado, pero lo puedo pedir. Llegará en las próximas 48 horas. Incluso podríamos enviárselo por correo.
CLIENTE: No me fío de Correos. ¿Me lo podéis mandar por fax?


***

LIBRERO: ¿Puedo ayudarlo en algo?
CLIENTE: Sí, ¿dónde están los libros de ficción?
LIBRERO: Ahí, en la pared del fondo. ¿Busca alguno en particular?
CLIENTE: Cualquier de Stefan Browning
LIBRERO: No lo conozco, ¿qué tipo de libros escribe?
CLIENTE: Ni siquiera sé si ha escrito... Verá, yo me llamo Stefan Browning y me gusta entrar en las librerías para ver si alguien con mi nombre ha escrito un libro.
LIBRERO: Ya...
CLIENTE: Porque así lo puedo comprar, llevarlo encima y decirle a la gente que tengo una novela publicada. Todo el mundo pensará que soy la hostia, ¿no le parece?


***

CLIENTE: ¿Esto no era antes una tienda de cámaras?
LIBRERO: Sí, pero nosotros compramos el local hace un año.
CLIENTE: Y ahora es...
LIBRERO: ...una librería
CLIENTE: ¡Ah, vale! ¿Y dónde guardáis las cámaras?


***

CLIENTE: ¿Tenéis algún libro con el pronóstico del tiempo para el resto del año?



CLIENTE: ¿Estaréis abiertos cuando salga el nuevo Harry Potter?
LIBRERO: Sí, de hecho haremos el lanzamiento esta medianoche.
CLIENTE: ¡Estupendo! ¿A qué hora?



***

De Yiping Rags

A quien corresponda,
Les escribo para ver si tienen empleos disponibles. Su librería siempre ha sido una de mis tiendas favoritas y el servicio personalizado que dan es fantástico. Siento un gran cariño por ese lugar.
Les adjunto mi currículum.
Saludos.

Este correo electrónico fue enviado a todas las librerías del norte de Londres.


***

HOMBRE: ¿Me podría recomendar algún libro?
LIBRERO: Por supuesto. ¿Qué tipo de libros le gustan?
HOMBRE: Bueno, he salido de la cárcel esta mañana. Algo que no sea muy denso me vendría bien.


***

CLIENTE: ¿Tenéis Doctor Who y los secretos del cronoplaneta escondido?
LIBRERO: No me suena, pero puedo mirar en nuestra base de datos.
CLIENTE: Gracias.
LIBRERO: No aparece. También he revisado el catálogo de la British Library y no lo encuentro. ¿Está seguro de que ese es el título?
CLIENTE: No, no estoy seguro. Ni siquiera estoy seguro de que exista.
LIBRERO: ¿Perdón?
CLIENTE: Ayer, cuando volvía del trabajo, se me ocurrió el título y pensé: "¡Joder, cómo molaría leer ese libro!". ¿Me entiende?
LIBRERO: Pues lo siento. No lo puede leer porque nadie lo ha escrito.
CLIENTE: Da igual. Sólo quería estar seguro.
LIBRERO: Pero tenemos muchos otros libros de Doctor Who. Si quiere se los puedo mostrar.
CLIENTE: No, gracias. Prefiero ir a casa. Ya se me ocurrirá otro título.


***

CLIENTE: Hola, solo quería preguntar una cosa. ¿Qué sois, una librería o una biblioteca?
LIBRERO: Una librería.
CLIENTE: Deberíais tener un letrero en algún sitio. Es muy confuso.
LIBRERÍA: Afuera hay un letrero enorme que dice "Librería Ripping Yarns".
CLIENTE: Pues eso es bastante ambiguo.
LIBRERÍA: Sí, como una pedrada en la boca.




CLIENTE: Deberíais ordenar los libros por tamaños y colores.
LIBRERO: Así nunca encontraríamos nada.
CLIENTE: No importa. Se vería bonito. 

***

CLIENTE: ¿Tienen algún empleo?
LIBRERO: ¿Ha trabajado antes en una librería?
CLIENTE: La verdad es que no. Nunca leo.
LIBRERO: ¿Entonces por qué quiere trabajar en una librería?
CLIENTE: La es que no quiero, pero acabo de mudarme a un piso que está a dos manzanas y me viene muy bien este sitio.


***

CLIENTE: Disculpe, estoy buscando un libro. No recuerdo ni el título ni el autor ni de qué va, pero sé que el título tenía dos palabras.
LIBRERO: Vale... ¿Dónde lo ha visto?
CLIENTE: No recuerdo y, por favor, no me atosigue. Creo que las dos palabras eran algo y algo.
LIBRERO: ¿Algo y algo? No me suena, lo siento. ¿No recuerda algo más?
CLIENTE: ¿No lo puede buscar en la base de datos?
LIBRERO: Pero... no sabría qué buscar.
CLIENTE: ¡Joder! Mire (toma papel y lápiz). Marque esto en el ordenador: "...y...". No puedo creer que sean ustedes tan idiotas.
Exlibrero anónimo: Waterstone's, Reino Unido.

***

CLIENTE: No sé por qué, pero mi esposa quiere un ejemplar de The Dinosaur Cookbook.
LIBRERA: ¿No se refiere a The Dinah Shore Cookbook?
CLIENTE: Debe de ser ese. Ya decía yo... Me preguntaba qué estaba tramando.


***

Un anciano entra en una librería.
CLIENTE: Vengo a devolver este libro. Lo he leído y al final me he enterado de que la historia no termina, que hay una segunda parte. Siento que me han engañado...
LIBRERO: ¿Se lo recomendamos nosotros?
CLIENTE: No.
LIBRERO: Pues se aguanta.


El vendedor de una editorial importante llama a la librería y pregunta a la librera si le interesa algunos de sus próximos títulos.
LIBRERA: ¿Nos podría mandar un ejemplar de cada libro para leerlo?
AGENTE: ¡Ah! ¿Vosotras leéis?

***

CLIENTE: Quiero un libro sobre el Apocalipsis para un niño de trece años.
LIBRERO: Pues no sé... ¿Qué es lo último que ha leído ese niño?
CLIENTE: Gerónimo Stilton.

***

CLIENTE: Hola, busco un compendio de la Biblia.
LIBRERO: ¿Del Antiguo Testamento o del Nuevo Testamento?
CLIENTE: Pues...
LIBRERO: ¿Cuál quiere? ¿El antiguo o el nuevo?
CLIENTE: Si ya ha salido el nuevo me llevo ese, que será mejor.


***

CLIENTE: Hola, busco el Lazarillo de Tormes, pero no me pregunte cómo se llama el autor porque se me ha olvidado.

***

CLIENTE: ¿Tienen las obras completas de Oliver Twist?




¿Os reconocéis en alguna de ellas? Venga, sed sinceros; seguro que más de uno habéis conseguido desestabilizar a algún librero. Y, por supuesto, si tenéis alguna anécdota parecida, no dudéis en contárnoslo. 

Publicado por María Bravo








miércoles, 27 de septiembre de 2017

Javier Sachez: «Si alguien no quiere leer, sencillamente es porque no lo considera necesario»


Javier Sachez nació en Campillo de Llerena (Badajoz) en 1970. Es licenciado en Derecho y diplomado en Trabajo Social. Comenzó a escribir en el año 2003. Ha obtenido varios premios literarios en novela y poesía, como el premio de poesía Villa de Aranda, premio de novela Villanueva del Pardillo, premio de novela J.A. Saravia, premio de novela Ategua, premio de novela CERSA, Premio de novela La Serena; Premio de novela Calamonte Joven; Premio de novela Pancho Guerra y Premio de novela Juan José Plans. Ha publicado siete novelas y dos poemarios y ha colaborado en diversas publicaciones artísticas y literarias. Actualmente, reside en la ciudad de Mérida.


P.- Cuéntanos de qué trata Manual de pérdidas.
R.- Un profesor de Historia, ante la llegada de la enfermedad del Alzheimer, teme perder sus dos herramientas principales: la memoria y el lenguaje. Por ello, viajará por algunas ciudades junto a su hija, con la intención de devolver los libros que una vez le regalaron las personas importantes de su vida. Será un viaje físico, emocional y bibliográfico aunque finalmente no podrá evitar que se despierten los demonios del recuerdo.

P.-Inevitablemente, me ha recordado a la película Siempre Alice, que también trata el tema del Alzheimer en un ámbito académico. ¿En este caso, cómo afronta el protagonista la enfermedad?
R.- Él es consciente de que está frente a la última oportunidad de reconciliarse con su hija, con la que nunca mantuvo una relación cercana. El viaje será una excusa para lograr un acercamiento a Virginia y un motivo para despedirse de su pasado y de la gente que ocupó su vida anterior. Es un viaje de despedida por parte de Abdón, de sinceridad por parte de su hija y también un intento de despojarse de ropajes inútiles. Y ese proceso es doloroso. Varias personas me han escrito comentando que lloraron al leer la novela. Yo creo que eso es algo milagroso.


P.- En esta historia, la literatura parecer redimir a Abdón de ciertos comportamientos del pasado, ¿para ti también ha supuesto una escritura terapéutica?
R.- Todo acto creativo es, de alguna manera, terapéutico, pues obliga a poner sobre la mesa emociones desordenadas y conflictos internos. Crear una obra artística nos hace más humanos, más sensibles, y escribir una novela significa también enfrentarte al yo que no quieres ver. A ese tipo que, como decía Pablo Guerrero, está dictando normas dentro de tu bolsillo. Esta novela, en mi opinión, no trata sobre el alzheimer o sobre libros. Trata sobre la paternidad y la culpa.

P.- La metaliteratura se ha colado en tu novela. ¿Hay una relación simbólica entre los libros que devuelve y la vida del protagonista? 
R.- Es evidente en algunos libros que aparecen en la obra: los ratones de Tiempo de silencio que están condenados sin intuirlo siquiera; Don Quijote que, al igual que el protagonista, inició un itinerario circular acompañado por su escudero, o el poemario ¿Dónde ponemos los asombros?, de Delgado Valhondo.

P.- ¿Viajan solo por la geografía española?, ¿qué te impulsó a anclarte en determinadas localidades? 
R.- Sí. Viajan desde la ciudad de Mérida y visitan varias localidades del centro y sur peninsular. No deseaba novelar un viaje muy extenso, entre otras razones, para resaltar que las relaciones personales del protagonista no eran demasiado extensas pese a que él consideraba lo contrario.


Según el autor, esta imagen se refiere al estado emocional del protagonista que, al perder la memoria, 
se ve vagando en un desierto deshabitado y sin señales reconocibles, dando paso a la inseguridad.

P.- Manual de pérdidas ha recibido el I Premio de Novela Pancho Guerra 2017. ¿Qué ha supuesto este premio para ti y para tu faceta como escritor? 
R.- Muchísimo. Yo nunca estoy seguro de mi obra. Cuando las personas que conforman un jurado valoran tu novela, uno siente que ha llegado al interior de la gente que la ha leído. El premio fue muy reconfortante. No sólo por el reconocimiento recibido sino, fundamentalmente, por haber conocido allí, en Gran Canaria, al profesor Victoriano Santana Sanjurjo que, tras leer la obra, me animó y me aconsejó en todo momento. Incluso compartimos una mañana firmando ejemplares en la Feria del Libro de Madrid. Es una persona extraordinaria, llena de sabiduría y de bondad.

P.- Esta es tu sexta novela publicada, ¿qué temas empleas en tus textos? 
R.- Pues si repaso los temas tratados siempre veo un nexo común. Fundamentalmente, abordo temas relacionados con la injusticia social o la desigualdad: inmigración, enfermedad, racismo, guerras y en cómo afectan a personas de la calle. No lo hago conscientemente, pero siempre resulta así.

P.- Después de tu éxito en el campo literario, ¿se te ocurren ideas para fomentar la lectura en nuestro país?
R.- Hoy se dan todas las condiciones para que las personas lean, si ése es su deseo. Se supone que el analfabetismo está erradicado. Hay bibliotecas públicas que ofrecen libros gratuitamente; campañas de fomento de la lectura; programas en los centros educativos; centenares de concursos literarios; asociaciones literarias, clubes de lectura... Además, con la revolución digital los libros están disponibles en formato electrónico, baratos y cómodos de leer. Internet facilita la comunicación entre escritoras/es y lectoras/es y también entre éstos últimos. Si alguien no quiere leer, sencillamente es porque no lo considera necesario y, además, yo respeto la libertad del individuo que quiere leer y del que no quiere hacerlo.

P.- ¿Podrías recomendarnos un libro donde el componente metaliterario te haya gustado especialmente?

R.- Creo que la metaliteratura ocurre cuando la literatura habla de sí misma o de cómo se crea. Quizás podría nombrar el libro Ficciones, de Borges. Es un ejercicio extraordinario de imaginación, atrevimiento y buena literatura en el que el autor se atreve a escribir minuciosamente sobre libros que ni siquiera existen.


Entrevista realizada por María Bravo 


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