viernes, 5 de junio de 2015

Qué esconde la cubierta de un libro


La cubierta, esa parte externa de los libros que nos informa de lo que vamos a leer. Unas veces atrae, otras retrocedemos dos pasos y nos decidimos por un diseño que nos dice, "léeme a mí, soy la más dulcemente apetitosa de esta librería". Ojo, que la calidad de lo escrito no es inmensamente proporcional a la estética de la cubierta. Pero no nos engañemos, influir, influye. ¿Cómo? Nuestra mente idea qué se oculta tras la imagen que el escritor nos quiere transmitir, creamos una historia, una vida, un mundo; y si cabe en esos dos segundos de visión, hasta lo enlazamos con el título. Y todo ello gracias a nuestro imaginario colectivo, donde la cultura hace de intermediario.
Veamos un caso práctico. Por ejemplo, Javier Marías. Esta imagen corresponde a la cubierta de la última novela del escritor, Así empieza lo malo (2014). Si nuestra mirada recae en ella en una de nuestras visitas a la librería, nuestros códigos culturales se pondrán en movimiento.
     Atendiendo a los elementos principales, aparece una mujer desnuda saliendo de una bañera a la vez que se apoya en un mueble. Enseguida pensamos que se va a resbalar, ¿por qué? Porque nuestra mirada también ha recaído en el título Así empieza lo malo, ¿cómo empieza lo malo? Pues empieza con una mujer saliendo de una bañera, y lo más probable es que se escurra, se desnuque o termine dolorida sobre el piso. Es factible que esto ocurra teniendo en cuenta su postura. Con un pie se apoya en el borde de la bañera en una posición de equilibrista forzosa, mientras que el otro lo apoya en el borde de la bañera. No sabemos si llena o no de agua. Pero, ¿por qué no hay ido directamente a coger la toalla? También ayuda a componer ese fatídico comienzo el tono rojizo del suelo. ¿Forma parte de la luz o es un presagio de la sangre?

El momento del día lo atribuyo a la noche, ya que la luz amarillenta proveniente de la izquierda me recuerda a la luz artificial de los característicos fluorescentes del cuarto de baño. Pero no es lo único que desentona, ¿acaso su pelo parece mojado? En absoluto. No está aplastado, sino seco. Quizá entró en la bañera y algo le hizo salir antes de mojarse sin ser consciente de que podía caerse. ¿Dónde situaremos entonces lo malo?, ¿en el acto de caerse o en lo que le ha sacado de la bañera?
     Esta imagen pertenece al pintor polaco-francés, Balthus (1908-2001). Su obra pictórica se inició en los años 30 del siglo pasado, y retrataba a mujeres en posiciones eróticas (sobre todo niñas). No creo que sea vital conocer al autor de la obra, ya que quizá su intención no fuera provocar ese final fatídico con su pintura. Es más bien la mezcla de texto y lienzo es la que lo hace suponer. De hecho, en ninguno de sus cuadros aparece tal idea de infortunio:


Balthus, Desnudo con gato, 1949.
Balthus, Chica preparándose para el año, 1958





En nuestra cultura popular, el baño es sinónimo de purificación y cambio, pero en la cubierta del libro de Marías no vemos agua, ni siquiera grifo, solo el cuerpo desnudo femenino que con una mano se recoge el pelo seco y con la otra se apoya en la estantería blanca de la izquierda. Sin embargo, en el cine encontramos una dualidad a este respecto, porque la ducha (como objeto y como elemento de pureza) también nos ha demostrado que la muerte puede aparecer con ella. Ello ocurre en las películas de Elm Street (1984, Wes Craven), Psicosis (1960, Alfred Hitchcock) o Lo que la verdad esconde (2000, Robert Zemeckis). 

Pesadilla en Elm Street, 1984. 
 
Psicosis, 1960.
Lo que la verdad esconde, 2000.

Por lo tanto, también destacan otras películas que representan ese lado sensual y alegre del baño, como son las míticas escenas de Julia Roberts en Pretty Woman, Mena Suvari en Amercian Beauty, Ryan Gosling y Rachel McAdams en El diario de Noa o Marilyn Monroe en La tentación vive arriba. En contraposición, la bañera trae consigo desgracia, como en El Resplandor o en El cisne negro. Y esa dualidad está presente en nuestro imaginario cultural.
      Una vez que optamos por la fatalidad, nos surge la pregunta sobre la identidad de la mujer. ¿Quién se muestra en la bañera sin cortina? No lo sabemos, pero, ¿es relevante para imaginar la historia de la cubierta? Por otra parte, el ideal de belleza no es el de una mujer plana, sino de insinuantes curvas que recuerda a Las tres gracias de Rafael Sanzio, pintadas en 1504. Hoy en día recordaría a una mujer de medidas reales. No creo que el pintor quiera focalizar nuestra atención en el cuerpo, sino a lo que va a ocurrir a continuación, porque así es como empieza lo malo. 

Como veis, el imaginario colectivo tiene representación en cada cubierta. En las ilustraciones, podemos sacar una historia paralela, y ya puede convencernos de que queramos comprar el libro. Esta decisión la debemos tomar en dos segundos. Ahora, mirad la cubierta del libro que tenéis entre manos y preguntaros qué se esconde tras ella. ¿Quiénes son los personajes?, ¿qué vidas pueden tener?, ¿se asocia con el título?, ¿qué se muestra?, ¿cómo se muestra?, ¿con qué elemento cultural lo asocias?, ¿por qué? Las preguntas son infinitas, y puede que alguna respuesta os dé la clave para embarcaros en la novela. Adelante. Esto solo acaba de empezar.




2 comentarios :

  1. ¡Hola!

    Estoy completamente de acuerdo contigo :) Una portada bonita y llamativa atrae mucho; sin embargo, si nos topamos con una portada "no muy agraciada" nos echa para atrás (o al menos a mi, claro xD) pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que el contenido sea igual. Muchas veces me he encontrado con libros que, aun teniendo una portada fea, el contenido me ha encantado :3

    Sé que no debemos juzgar a un libro por su portada, pero es irremediable xD

    ¡Besos!

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  2. Muy interesante reflexión partiendo de la portada del libro de Marías y prácticamente analizando el simbolismo de la bañera. La verdad es que resulta interesante analizar la cuestión de las portadas en cuanto a otra forma de añadir información sobre lo que vamos a leer. Lamentablemente, no creo que sea una cuestión que todas las editoriales cuiden adecuadamente; ahí tenemos el ejemplo de portadas repetidas con los mismos cuadros o fotografías, lo que les hace perder esa fuerza inicial o esa relación con la obra.

    Creo que se entremezclan ahí la cuestión del marketing con la artística y habrá que valorar qué debe salir ganando. A fin de cuentas, como pasa con la comida, lo primero por lo que entra un libro es por su portada y por su título; esto será lo que te haga seguramente girarlo, hojearlo, saber más de él. O al contrario. Cuando era mucho más pequeño y devoraba muchos libros, dejé en mi estantería guardado El Psicoanalista porque su portada me perturbaba... hasta que me armé de valor.

    Gracias por tu espléndido comentario, muy ilustrativo (nunca mejor dicho) :)

    Un saludo,
    Luis J. del Castillo

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