lunes, 25 de noviembre de 2013

"Adriel B.", de Estrella Cardona Gamio


Después de aquello, el día se hizo noche para mí y ya nada tuvo importancia.
Volví a beber, porque al menos la botella nunca me había engañado, siempre estaba ahí, al alcance de mi mano, cuando la necesitaba.
De aquella época tenebrosa, recuerdo muy poco y aun algunos de estos recuerdos, si se han conservado, es porque otras personas han hecho las veces de memoria en mi obsequio. El resto es como una pesadilla monstruosa que da la sensación de pertenecer a cualquier persona que no sea yo.
Cuando oigáis hablar del infierno, no lo anuléis encogiéndoos de hombros con suficiencia. El infierno existe. Yo he estado allí y lo sé.
No es el Infierno del Dante, literario y poético, es el infierno de Mr. Hyde, un abismo en el que nada es lo que parece porque los valores se han trastocado.

Adriel B. es una novela muy dura en la que se habla sin concesiones del mundo del alcoholismo y también del de la literatura, ya que su protagonista, Adriel B., es una novelista alcohólica que tiene que luchar en dos frentes a la vez: contra su enfermedad y contra las dificultades del mundillo editorial. Esto nos permitirá conocer íntimamente los recovecos del universo de las publicaciones literarias.

El origen de Adriel B. (comienzos de febrero de 1994 como idea y realización a partir de octubre de 1998), se inspira en el comentario que en cierta ocasión le hiciese Ernest Hemingway a un íntimo amigo suyo, al hablarle de sus principios como escritor. En ese comentario, Hemingway confesó que llegaba a derramar lágrimas de amargura cada vez que los editores le rechazaban sus manuscritos devolviéndoselos con una fría nota.
     Esta declaración, unida a la reconocida dependencia alcohólica del novelista norteamericano, hizo que se me ocurriese unir ambos aspectos, el escritor desconocido a quien nadie considera y la personalidad alcohólica, creando un personaje, en la presente circunstancia femenino, en el cual se dieran cita los dos extremos.
     Aunque parezca en muchos casos que el alcoholismo y la literatura van juntos, eso no es cierto. Ha habido, y hay, muchos escritores famosos que padecieron, y padecen, esta enfermedad. Podría dar bastantes nombres pero sólo citaré a Edgar Allan Poe, Scott Fitzgerald y, cómo no, a Hemingway.
     Existe la errónea creencia de que el alcohol fomenta la inspiración, nada más equivocado; el alcohol nunca ayuda al escritor sino que destruye al individuo y acaba por matarle de una manera u otra.

. ¿Qué vamos a encontrarnos en tu novela? 

En Adriel B. seremos testigos de la desesperada lucha por sobrevivir como escritora, sus amores apasionados, su trágica promiscuidad, su continua huida del mundo real a través del alcohol. Esta novela disecciona sin concesiones las intimidades de un problema en cuya magnitud nadie parece reparar porque todos somos bebedores sociales aunque no todos seamos alcohólicos.


. ¿Nos podrías contar quién es Estrella Cardona Gamio como escritora?

Empecé a escribir novela a los ocho años porque lo encontraba divertido y a partir de los 15, con motivo de que me premiaran un relato de aventuras en una revista juvenil, ya me lo tomé en serio... y hasta aquí. He pasado por el viacrucis de los concursos en grandes certámenes, me han estafado varias veces en editoriales desaprensivas. Finalmente, mi hermana registró un sello editorial y desde 1999, momento en que nació C. CARDONA GAMIO EDICIONES, publicamos digitalmente a través de la web y en 2006 en papel. En el 2012, ampliando horizontes, publicamos también en Amazon, en formato para Kindle.


. ¿Dónde podemos comprar tu novela?

 - Estos son los enlaces de Amazon: 




-Y mi página de facebook del sello editorial: 


¡Muchas suerte con tu novela, Estrella!



* * * 


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Pues ponte en contacto conmigo en mb.sancha@gmail.com y hablamos.


martes, 5 de noviembre de 2013

"El ocupante", de Sarah Waters


 

Anagrama
Título original: The little stranger
Género: Terror
País: Reino Unido (Inglaterra) 
Año: 2011
Páginas: 530


 Tampoco había ya sucesos misteriosos, ni timbrazos, golpecitos, pisadas e incidentes extraños. La casa seguía "portándose bien", como Caroline había dicho. Y cuando marzo se aproximaba a su fin y uno tras otro transcurrían los días sin percances, empecé a pensar realmente que la extraña racha de nerviosismo que había afligido a Hundreds en las últimas semanas había alcanzado igual que una fiebre en su punto culminante y se había esfumado (pág. 412).


Una casa, un posible fantasma y varios personajes con distintos puntos de vista sobre lo que ocurre entre los muros de Hundreds Hall (cercana a la pequeña población de la imaginaria Lidcote, Inglaterra). La pregunta es sencilla, ¿realmente existe una presencia?, ¿con qué fin se nos presenta en el libro? Sarah Waters plantea con gran agudeza la fina línea existente entre lo paranormal y la demencia en la Inglaterra de los años 40.
    La historia nos la cuenta el doctor Faraday. Un polvoriento día de verano de posguerra acude a la mansión a la que de pequeño había recorrido tantas veces, ya que su madre había trabajado como criada hacía treinta años. Sin embargo, la casa ya no es lo que era: el ladrillo rojo desconchado, el cristal estriado, los bordes de arenisca erosionados, al igual que sus inquilinos. La señora Ayres mantiene la dignidad como puede, su hijo Roderick ha vuelto de la guerra cojo, lleno de dolores y cicatrices y enfermo de los nervios. Su hermana Caroline es independiente, excéntrica y de aspecto tosco.