lunes, 17 de octubre de 2011

La chica que amaba a Tom Gordon, Stephen King

Quería leer algo de Stephen King, y encontré este libro de un grosor que no era normal; vamos, que no tenía grosor. Tiene 190 páginas de la Editorial Plaza Janés año 2000. La trama trata sobre una niña de nueve años que se pierde en un bosque cuando va a hacer pis mientras su madre y su hermano la esperan discutiendo en el coche en un día de ocio para los tres. Trisha McFarland consigue su propósito, pero en el camino de vuelta al coche, se pierde y comienza a caminar hasta que se da cuenta de que se ha perdido. Al principio puede alimentar a su cuerpo con lo que encuentra en su mochila: chocolatinas, patatas, zumo, etc. Pero claramente, pronto entra en un estado calamitoso de hambre y se da cuenta de que tiene que comer helechos, bayas y otros frutos de la naturaleza hostil.

Sí, con una niña que se pierde en el bosque hay muchos elementos donde se puede sacar terror: oscuridad, soledad, viento, animales salvajes, hambre, desesperación, etc. Pero creo que no es el miedo al que King tiene acostumbrados a sus lectores. En la sinopsis de las tapas se puede leer: “es un cuento de hadas macabro...”. Bueno, si lees esa frase, piensas que todos estos elementos ocurren a la décima potencia, pero en verdad no es así. No hay hadas, eso está claro, y lo macabro se muestra en dosis. Por lo que, sostengo que no es un libro de miedo, sino de empatía con una niña de nueve años que se pierde en el bosque, que vomita, que llora, que patalea, que habla con su jugador de beisbol preferido, Tom Gordon, que se despierta en la oscuridad por el ruido de un castañeo producido por sus propios dientes, por su superación, por su instinto.

He leído opiniones negativas sobre este libro, pero a mí me ha tenido enganchada hasta el final, quería saber si se salvaba, si encontraba algún rastro de civilización o, por el contrario, se dejaba sucumbir a los seres del bosque, esos seres inhumanos que ve, de los que huye y con los que, en ocasiones, puede hablar.

Pero, vuelvo a lo mismo. No he leído nada de Stephen King, y valoro lo que he leído, no su bagaje literario con relación a este libro. Por lo que recomiendo este libro si, como yo, te apetece cambiar a un registro más suave dentro del miedo "stepheniano".

domingo, 16 de octubre de 2011

Palabras casi homófonas: 'enjuagar' y 'enjugar'

Con regularidad, nos asaltan dudas sobre dos palabras muy parecidas en el idioma español. En concreto hay dos que solemos emplear en idénticos contextos: 'enjuagar' y 'enjugar':




Enjuagar:          

 1.  Limpiar la boca y dentadura con un líquido adecuado.
 2 . Aclarar y limpiar con agua lo que se ha jabonado o fregado, principalmente las vasija.
 3. Lavar ligeramente.
 4. En Málaga se utiliza para sacar del agua la bolsa de la red en el copo.



La forma etimológica 'enjaguar' -de la que deriva el actual enjuagar-, que se usó frecuentemente en otras épocas, pervive en el habla de algunas zonas de América.
    Se documenta en el español desde el 1615, 'limpiar con agua lo jabonado', 'limpiar la boca'. Del antiguo y dialectal enxaguar, 1475, y éste del latín vulgar *exaquare 'lavar con agua, derivado del AQUA, 'agua'.



Enjugar:



1. Quitar la humedad superficial de algo absorbiéndola con un paño, una esponja, etc.
2. Limpiar la humedad que echa de sí el cuerpo, o la que recibe mojándose. “Enjugar las lágrimas, el sudor. Enjugar las manos, el rostro.
3. Cancelar, extinguir una deuda o un déficit.
4. Enmagrecer, perder parte de la gordura que se tenía.

Se documenta desde mediados del XIII. Viene del latín tardío EXSUCARE, 'dejar sin jugo, enjugar', que deriva de SUCUS 'jugo'.




Fuentes: Diccionario etimológico de Corominas, Diccionario de la Real Academia Española (DRAE y DPD).