El juego de la sinestesia


En literatura, se entiende como sinestesia a la figura retórica que consiste en la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde. Como, por ejemplo, suave como un susurro o verde amargo, donde se mezclan dos sentidos. De tal forma, a veces se puede oír un color, ver un sonido o notar un sabor (recordad lo rimbombantes y literatos que se ponen a la hora de describir un vino, donde se juega con la vista, el gusto y el olfato).
Seguramente muchos de vosotros habéis relacionado una canción con un color o con una forma geométrica. El poeta francés, Arthur Rimbaud, publicó en 1883 un soneto que empezaba con la siguiente estrofa, donde habla del color de las vocales, un fenómeno llamado grafema-color
                                            A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales,
                                            diré algún día vuestros latentes nacimientos.
                                            Negra A, jubón velludo de moscones hambrientos
                                            que zumban en las crueles hediondeces letales.


Esto también lo podéis hacer por vuestra cuenta, por ejemplo, ¿de qué color veis el número siete? Yo siempre lo he visto marrón. Nunca he encontrado una explicación coherente, creo que ni la he buscado. Pero lo mismo ocurre en la literatura con determinadas novelas o personajes, a los cuales les asignamos una cualidad de otro sentido. ¿Nunca habéis dicho que una novela es muy áspera, por ejemplo, un sensación destinada al tacto? De cualquier manera, la sinestesia la encontramos en la misma literatura, como ocurre con Mortal y rosa, de Francisco Umbral.  


...El tacto es ciego, el olfato es galopante. La boca es frenética. El oído es torpe. Solo el ojo alcanza la totalidad. Reconstruir una mujer a partir de su voz, de su contacto, de su sabor, de su olor. Eso es la imaginación. La imaginación es el vuelo de un sentido a través de todos los otros. La imaginación es la sinestesia, el olfato que quiere ser tacto, el tacto que quiere ser mirada. La imaginación nace de una limitación. La mirada, quizás, es menos imaginativa porque posee más. Pero necesita imaginar lo que ve, redondear y colorear el cuerpo de la mujer, acercar lo que está lejos, alejar lo que está cerca. No basta con mirar. Hay que sobremirar, sobrever. Hay que interiorizar lo que está fuera y verlo hacia dentro. 


Totalmente de acuerdo con Umbral. Solo el ojo alcanza la totalidad. La verdad es que es un sentido que abarca muchas cosas, pero la piel, el tacto, nos hace estremecernos en muchos momentos. Y, sigue el escritor diciendo que la imaginación es la sinestesia por antonomasia. Vamos en el metro atestado de gente, y solo con escuchar un timbre de voz, podemos poner cara a la persona. El tacto de sus manos, su olor o cómo serán sus rasgos. Los sentidos necesitan desbordarse y entremezclarse para dar forma a las cosas, para completar los huecos. Y la literatura no se libra. 

Pensad lo siguiente, ¿creéis que todo lo que percibimos en el mundo se puede poner por escrito? Si habéis contestado que sí, la siguiente pregunta es obligada, ¿qué es lo más difícil que creéis que se puede poner por escrito? Pensad que el olfato es uno de los sentido más complicados de describir. Por ejemplo, ¿a qué huele un limón? Casi siempre se recurren a otros sentidos para describirlo. Venga, haced la prueba. No penséis que es un juego de niños, a esto es a lo que juegan los escritores a diario. 


Escrito por María Bravo








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