martes, 20 de junio de 2017

Héctor J. Castro: «La novela de capa y espada nunca ha pasado de moda»


Héctor J. Castro. nació en Ferrol en 1988. Fue estudiante del instituto Concepción Arenal y actualmente imparte clases de inglés. Ganó un primer premio de literatura en el certamen escolar del Día das Letras Galegas, y su relato «El País del Sol» quedó finalista en el certamen de Letras Cervantinas, en Madrid. Se dedica desde hace muchos años al modelismo de miniaturas y escenas militares, lo que le llevó a ganar premios de pintura (Norma Cómics, La Coruña). También es un gran apasionado del cine y de la música. 


P.- Héctor, ¿de qué trata la trilogía El Siglo de Acero?

R.- La trilogía del Acero cuenta tres episodios independientes que les ocurren a dos soldados españoles, Martín de la Vega y Afonso el portugués, en un período de 10 años (1568-1578). El primer libro los lleva a conocer la turbulenta Italia del Renacimiento, la de los príncipes maquiavélicos, los artistas y los condotieros; así como la vida en las galeras que luchaban contra los corsarios turcos en las aguas del Mediterráneo. En el segundo libro, los protagonistas se encuentran sirviendo en el ejército español en la guerra de Flandes, y aquí se mueven por una Holanda desolada e invernal, inmersa en una cruenta contienda civil y religiosa. La tercera y última entrega está ambientada en Madrid, donde Martín y Afonso, ya más mayores y cansados, se ven envueltos en una endiablada intriga palaciega en la que también participan personajes históricos como el propio rey Felipe II, el ministro Antonio Pérez o la princesa de Éboli.

P.- ¿Cuántos géneros se pueden ver en tu novela? 

R.- En general es una obra en la que quise juntar todos los ingredientes del género: intrigas, amores, batallas y acción a capa y espada, además del inevitable retrato costumbrista de la época, utilizando como hilo conductor a estos personajes tan paradigmáticos de su tiempo como son dos soldados de los tercios españoles.

Martín de la Vega. 
Soldado de los Tercios españoles y espadachín a sueldo. 
Valiente, irascible y aventurero. 
P.- ¿Por qué en el siglo XVI?

R.- Me apasiona el escenario caballeresco y romántico del siglo XVI. Fue un siglo peligroso y fascinante, plagado de aventuras, viajes, descubrimientos, guerras, arte, conjuras, etc. Además, fue la época en la que España estaba en la cumbre de su época imperial, y si consiguió tal cosa fue merced a unas cuantas generaciones de hombres de hierro, forjados tras ocho siglos de guerra contra los moros. En el siglo XVI no había nada que un español no se atreviese a hacer. Recorrieron Europa de punta a punta como las antiguas legiones romanas, navegaron hasta los confines del mundo, derrotaron a casi todos los que se les pusieron delante, fundaron universidades, reinos, llevaron la lengua castellana al otro lado del mar… Mataron a mucha gente, por supuesto, pero no más que los romanos o los griegos en su día, y bastante menos que los anglosajones en su época colonial. La vida era así, y para muchos, convivir con la violencia era el único modo de vivir.

P.- ¿Qué necesitabas contar y por qué?

R.- A mí me interesaba, aparte de contar los hechos, describir la mentalidad que tenía esa gente, lo que les llevaba a abrazar el oficio de las armas o a cruzar el océano a bordo de un cascarón de madera. Quería recrear cada detalle; que el lector viera con los ojos de aquella gente del siglo XVI lo que era navegar por un mar Mediterráneo infestado de piratas, recorrer las calles oscuras y peligrosas de las ciudades europeas, conocer las trincheras embarradas en torno a una ciudad sitiada, beber vino en tabernas sórdidas acompañados de espadachines, pícaros, tahúres. En definitiva, que pudiera observar de cerca cómo vivieron muchos españoles hace 400 años.

P.- Inevitablemente, tu novela me ha llevado a la obra de Cyrano de Bergerac, que triunfó a finales del siglo XIX cuando la novela de capa y espada no pasaba por su mejor momento. ¿Por qué has querido arriesgar con este género?, ¿crees que debería ponerse de nuevo de moda?

R.- Yo creo que la novela de capa y espada nunca ha pasado de moda. Es un género que ha resistido muy bien el tiempo. Si un lector ahora, en 2017, lee Los tres mosqueteros o Scaramouche, se encuentra con novelas que conservan frescura y buen ritmo narrativo. Siguen siendo actuales a pesar de tener más de 100 años. Yo intenté recuperar el estilo y ambiente de esas obras clásicas que son ágiles, románticas, descriptivas, inmersivas... El Siglo de Acero es una reinterpretación de esa manera de contar historias adaptada al público actual.

Cartel del musical de Scaramouche

P.- Estamos ante una novela de piratas y navegantes, ¿cuáles han sido tus influencias en este género?

R.- En «Peones & Damas» se nota mucho la influencia del folletín de aventuras que tanto éxito tuvo a finales del siglo XIX. Novelas como la anteriormente citada Los tres mosqueteros; hay mucho también de El corsario negro de Emilio Salgari, La isla del tesoro de Stevenson, Miguel Strogoff de Verne, etc. 

P.- ¿Solamente clásicos?

R.- No sólo clásicos, y eso es un punto a favor que tenemos los escritores de esta nueva generación. No solamente los clásicos nos han influido a la hora de escribir, sino que hemos crecido con películas, series, videojuegos, cómics… Y echamos mano de toda esa gran variedad a la hora de componer nuestras obras. En mi trilogía se ve claramente la impronta que ha dejado Homero, Víctor Hugo o la picaresca española, pero también se pueden encontrar escenas directamente influenciadas por el cine western de Peckimpah o de Sergio Leone, y otras que podrían estar sacadas de un cómic de Conan o de una película de aventuras de los 80.


P.- ¿A quién pertenece el diseño de la cubierta y las ilustraciones? Háblanos de ello.

R.- Del artwork se han encargado Nacho Tenorio y Sergio Mora, de Third Guy Studio, que son principalmente dibujantes de cómic. Los elegí a ellos porque vi varios de sus trabajos en Internet y quise que las ilustraciones de El Siglo de Acero tuvieran ese aspecto más juvenil, más cercano a La Espada Salvaje de Conan, a Berserk o a los juegos de rol. Hoy en día prima lo visual, y para mí es valiosísimo poder contar con una portada que llame tanto la atención como la que estos chicos han hecho para «Peones & Damas». Han realizado un trabajo magnífico. Me encanta la cara que le han puesto a mis personajes y estoy seguro de que las ilustraciones de las próximas dos entregas serán igual de buenas. 

P.- ¿Qué valor le das a la historia en tu novela?, ¿te tuviste que documentar mucho?

R.- Como es una saga de aventuras procuré que la documentación no ralentizara o solapara la trama; no obstante, intenté que todo estuviera lo mejor recreado posible. Tan sólo me permití simplificar o alterar detalles históricos secundarios para beneficiar la ligereza de la narración, y cuyo aporte imaginativo espero sabrá discernir el buen criterio del lector. El proceso de documentación, en mi opinión, es arduo pero a la vez es precioso. Intenté tener especial cuidado ya no sólo en las descripciones, sino en que la mentalidad de los personajes fuese creíble y acorde con la época. 


Cubierta de Peones & Damas, 
la primera entrega de la trilogía. 
Inspirada en los posters de las películas de los 80 
como FleshBlood, La Princesa Prometida o Willow.

P.- Pero la mentalidad ha cambiado tanto desde entonces...

R.- La gente del siglo XVI no pensaba como pensamos ahora. Era un mundo brutal y la mentalidad estaba supeditada a la religión. En este sentido mis libros son bastante oscuros, no hay héroes que compendien virtudes y defiendan de manera altruista la justicia; incluso Martín de la Vega, el protagonista, es un hombre pendenciero, repentino y a veces contradictorio, extraordinariamente pronto de irritarse, desenvainar la espada y batirse por una palabra inadecuada, devoto de una imagen ideal de sí mismo aunque repleto de extrañas debilidades… Intenté que se pareciera lo máximo posible a los soldados de las crónicas de la época para darle veracidad al relato.

P.- ¿Cómo describirías la novela histórica en el sector editorial de nuestro país?

R.- Hay de todo. Pero en general me encuentro con bastante «tocho histórico». Me refiero a estos libros de 800 páginas en las que el autor se dedica a soltar toda la documentación que ha recabado durante un par de años, o los que sean. Yo me inclino más hacia la ficción histórica de aventuras; lo que me importa es el buen desarrollo de la trama y de los personajes, y que el lector ya se vaya enterando del tema histórico por el contexto. Intentar explicar constantemente lo que pasa y por qué pasa es un error, en mi opinión. Para eso ya están los historiadores y los libros de Historia. Me gustó mucho, por ejemplo, la saga del Capitán Alatriste cuando la leí en el instituto, porque tiene las explicaciones necesarias sin detrimento de la trama. Así es como yo creo que debe hacerse una novela histórica.

P.- Actualmente te dedicas al modelismo en miniatura y escenas militares, ¿cómo te influye eso en tu escritura?

R.- Es totalmente complementario, ya que la documentación que tengo que hacer para representar y pintar correctamente las miniaturas, me sirve para las novelas. De hecho, estoy trabajando en una maqueta grande, de unas 700 figuras, sobre la batalla de Jemmingen, acaecida durante la guerra de Flandes y que precisamente sale en la segunda novela de la trilogía. En la maqueta incluso pueden verse las miniaturas de Martín de la Vega y Afonso el portugués, en medio de un tercio de infantería española. Hasta tal punto está relacionado.

P.- Hablando de sinergias, veo que tienes mucha actividad en Facebook, ¿cómo es tu experiencia con esta red social?, ¿por qué Facebook y no Twitter para un escritor de tus características?

R.- Lo cierto es que, aunque me veáis tan joven y guapo, soy un tanto anacrónico. Entiendo de informática lo justo, y todavía no me he rendido al libro digital (ni siquiera tengo dispositivo para leerlo). Soy más de atiborrar las estanterías de ejemplares y recorrer con una mochila todos los rastros que encuentro en busca de botín. De hecho fue así como me hice con una buena colección de clásicos. Todos de segunda mano. No obstante, Facebook es una herramienta que me está ayudando mucho a dar a conocer la trilogía y hablar con los lectores sobre los aspectos de la misma. Twitter en cambio ya lo veo más peligroso, porque a mí enseguida se me calienta la boca.

P.- ¿Podrías recomendarnos un buen libro de novela histórica?

R.- Hay algunos libros que recomiendo siempre, porque como dije antes, no sólo recrean con acierto los escenarios de la época en la que están ambientados, sino la mentalidad de la gente que vivía entonces. Yo recomendaría el primero del Capitán Alatriste a cualquier chaval (o no tan chaval) que quiera meterse en esto de la novela histórica. Es un libro perfecto para empezar, como lo puede ser cualquier clásico del XIX, pero sin ser tan denso. Después, ya a lectores más adultos, les recomendaría Los Miserables, de Víctor Hugo, y Bomarzo, de Manuel Mujica Laínez. Son dos libros absolutamente fabulosos de principio a fin. Lo que sí que no recomendaría de ninguna manera, si lo que se busca es un buen libro de novela histórica, son los best-sellers anglosajones que decoran casi todos los escaparates de las librerías. De esos libros es mejor escapar.

Muchas gracias a La boca del libro por la entrevista, y espero aparecer de nuevo en vuestra magnífica página muy pronto. Un saludo desde Ferrol.

Página web del autor: El siglo de acero
Página de Facebook del autor: @elsiglodeacero 


Entrevista realizada por María Bravo.


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viernes, 9 de junio de 2017

La influencia de los escritores según Harold Bloom

Recientemente me he leído el libro del estadounidense Harold Bloom, uno de los críticos literarios más importantes de la actualidad. Vamos, un peso pesado de las Letras. Carlos Gamerro, escritor y traductor argentino de Bloom, ha recopilado en El canon literario, las ideas principales de El canon occidental, publicado en 1994.


En este libro, se hace un  repaso de los grandes maestros de la literatura por medio de la influencia que marcaron en autores posteriores y por quiénes se dejaron influenciaron. Chaucer, Dante, Shakespeare, Austen, Kafka, Cervantes, Tolstói, Whitman, Joyce, Proust o Borges pasan a ser los autores canónicos de la tradición occidental según Harold Bloom y jamás podrán ser descanonizados. Además, argumenta que ellos son los que conforman la columna vertebral de nuestra civilización y que al fin y al cabo, los buenos escritores solo compiten con los muertos (esta lucha literaria entre el escritor nuevo y viejo la denomina agon).

Esa competencia se ha dado en toda la historia de la literatura y se ha visto, en multitud de ocasiones, como una angustia, ya que el precursor nunca podrá superar al antecesor. Aunque, a diferencia de otras épocas, en el Renacimiento, la influencia se recibe como un don más que como una pesada carga. Sin embargo, después comienza la angustia de las influencias y los grandes duelos literarios.



Así, el canon se convierte en una fuente de autoridad a la que hay que seguir. Tanto es así que la vitalidad de un autor y su obra se mide por su capacidad de influir sobre otros. Dante y Shakespeare, por ejemplo, son los que más han influido en los escritores posteriores. James Joyce llegó a decir: «Después de Dios, Shakespeare es el que más ha creado. Ante la pregunta de qué libro me llevaría a una isla desierta, dudaría entre Dante y Shakespeare, pero no por mucho tiempo. La obra del inglés es más rica y se llevaría mi voto». Goethe en los escritores alemanes: Hegel, Schelling, Schopenhauer, Marx o Nietchez.

Y ahora os pregunto, ¿qué autor del pasado os ha influido de manera considerable a la hora de escribir?, ¿y a la hora de leer? Venga, aquí no hace falta rivalizar. Sabemos que los clásicos siempre ocuparán su silla literaria. Lo bueno que hay que hacer es aprender de ellos y seguir nuestro camino.


Escrito por María Bravo