martes, 27 de septiembre de 2016

Isaac Pachón: «Escribo porque quiero seguir siendo un niño: imaginar, jugar, sorprender»


Isaac Pachón Zamora (Badalona, 1978). Escritor de relatos y artículos para diversas publicaciones en formato papel y digital. Se destacar su participación en antologías narrativas tales como Cuentamínate (Ed. Hijos del Hule, 2012), Relato Breve 2.0 (Ed. Imprimátur, 2012) y Porciones creativas: Pluma, tinta y papel (Ed. Diversidad Literaria, 2012). Ganador del Premio de Relatos Revista Entropía (Ed. Entropía, 2013) con el relato «Bellini», que podéis leer entre las páginas de este libro. Coautor del libro Bárbara, Celia, Mariona y otros cuentos de Barcelona (2014). En 2015 autopublica el libro de narrativa Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café. En la actualidad sigue colaborando en publicaciones y trabajando en un nuevo proyecto que verá la luz el próximo 2017.



1.- ¿De qué trata tu libro de relatos, Isaac?
     Trata de varios aspectos que me inquietan, tales como el paso del tiempo, la vejez, el amor, el desamor, la felicidad,... Aspectos que de alguna manera me cuestiono y me preocupan y plasmo en forma de relatos. Relatos que entre la narrativa y la poética quieren llegar a tocar la parte más sentimental del lector. Personajes y escenarios diversos bajo una misma inspiración: la propia vida.

2.- ¿Qué criterios empleaste para su ordenación en el libro?
     En primer lugar era importante no repetir la misma temática en dos historias seguidas, que el lector pudiera diferenciar los cambios en las tramas de los relatos era uno de los objetivos principales. Luego alterné los relatos más largos con los cortos con el mismo criterio, cuatro o cinco relatos y un microrrelato de apenas una página (y así hasta llegar a 28). Por lo demás sí que es cierto que algunas de las historias con más gancho están en las primeras páginas del libro, con la única intención de presentarme al lector con mis mejores armas y dar a conocer mi estilo de primeras y sin rodeos. Aún así, muchas de mis historias favoritas se pueden leer a lo largo de todo el libro.
3.- ¿Qué instante mundano se ha hecho grande en el libro?, ¿conservas en la memoria algún instante narrativo de otro escritor que te haya influido a la hora de componer un relato? 
     Sin duda, tomar un café y olvidarse de él hasta que ese enfríe. Este momento tan mundano, como comentas, ha sido sin duda el que más grande se ha hecho. Cientos de fotos del libro con un café al lado o que algunos ya te conozcan por «el escritor del café» hace que no pueda responderte otra cosa. En las historias juego mucho con esos momentos que parecen «normales» pero luego descubrimos por pequeños detalles que son bastante especiales. Pero el título y ese momento en el que se enfriaba el café sin duda es el que más ha crecido.
     Algunas historias del libro quizá puedan recordar a Millás, Zafón, Cortázar e incluso a Ende, pero ciertamente ninguna está inspirada en sus historias, aunque los admire a los cuatro, por supuesto. Me inspiro mucho en la vida y cuando leo a otro autor me dejo llevar y dejo a un lado mi faceta de escritor.

4.- Bukowski bebía whisky, F. Scott Fitzgerald ginebra. Aunque el té es una gran opción, el alcohol parece haber sido la bebida más común entre los escritores. Sé que te han hecho cientos de preguntas sobre el café, pero, ¿has probado alguna otra bebida mientras escribes?
     Sí, ¿alguien no lo ha hecho? (risas) Yo me tomo de vez en cuando un licor de hierbas con hielo. Me gusta, al igual que con el café, tener el vaso a mano y notarlo cerca para tocarlo de vez en cuando.

5.- ¿Cómo describirías tu estilo literario?
     Sencillo, costumbrista, contemporáneo y, en ocasiones, mágico.

6.- He leído que te dedicas a la instalación de pavimentos. A veces se encuentran sinergias en lo más variopinto. ¿En qué crees que te puede haber influido tu trabajo en la escritura?
     Mi trabajo me ha llevado a lugares que de no ser así, de no haberme dedicado a la instalación de pavimentos de madera y vinilo, nunca hubiera visitado. Centros comerciales de madrugada con las persianas echadas, el interior de una basílica muy conocida a las tantas de la noche, túneles de vestuario en campos de fútbol,... Si a todos estos escenarios les sumas un instalador que tiene el vicio loco de observar y crear historias, la mezcla puede dar mucho de sí.

7.- En la actualidad, un escritor no solo es un escritor, también debe saber maquetar, publicitar o distribuir el libro. Cuéntanos, ¿por qué optaste por la autoedición?, ¿qué ventajas tiene?, ¿la recomendarías?
     Opté por autoeditar porque las opciones de edición que tenía sobre la mesa no eran de mi agrado. Es complicado que una editorial grande apueste de primeras por un escritor novel. La principal ventaja de autopublicar es el factor económico, los beneficios son íntegros para ti. De otra manera tendrías que conformarte con el 10 % que ofrecen las editoriales. La recomendaría si tienes buenas dotes comerciales, si no es así mejor optar por una editorial aunque sea pequeña.

8.- ¿Cómo describirías al sector editorial en nuestro país?
     El sector editorial está mutando para dar un cambio importante. Las mismas editoriales que renegaban de las autoediciones están ya formando sus propios departamentos para autores noveles que quieren escribir un libro y ofrecen sus servicios para que vean su sueño cumplido. Pero cuidado, no olvidemos que una editorial es un negocio y las mismas que antes buscaban a lectores como clientes, quieren aprovechar este giro para hacer de los escritores noveles también sus clientes, luego ya encontrar lectores para ellos será más complicado.

9.- ¿Qué autores han sido tus referentes del relato breve?
     Con la locura y el absurdo de Juan José Millás me identifico mucho. De Julio Cortázar me quedo con esa perfección con que hila las historias desde un inicio para nunca defraudarte en los finales. También algunos relatos cortos de Haruki Murakami por sus tramas y personajes han sido, y serán, referencias de alto nivel para mí.

10.- Casi al final de la entrevista, vayamos a la raíz, Isaac, ¿por qué escribes?
     Porque fui un niño. Y podría dejarlo aquí, porque ya es motivo suficiente. Pero continuaré diciendo que quiero seguir siéndolo. Escribo porque quiero seguir siendo un niño: imaginar, jugar, sorprender... Nunca había respondido esto antes y ahora mismo, y quizá por primera vez, es así como lo siento. Gracias por la pregunta.

11.- ¿Podrías recomendarnos algún libro escrito por alguna mujer que te haya gustado especialmente?
     Deseo de chocolate de Care Santos. Admiro y envidio su facilidad para crear decenas de personajes, árboles genealógicos enteros y alternar en una misma novela distintas épocas en diferentes siglos. Muy recomendable.

Blog del autor: http://isaacpachon.blogspot.com.es/

Entrevista realizada por María Bravo

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lunes, 12 de septiembre de 2016

Lo que aprendí de «El impresor de Venecia»

Editorial: Tusquets editores
Colección: Andanzas
Año de edición: 2016
País: España
Páginas: 344.
Hay joyas que de pronto te sorprenden en la librería. Joyas que jamás pensaste leer a corto plazo y que no lucen en su apariencia. Pero cuando te acercas a esas joyas, una enseguida percibe la fuerza que desprenden. Estoy hablando de El impresor de Venecia, una obra de Javier Azpeitia de cubierta negra e interior brillante.

Ya el título nos hace pensar que va de libros por aquello de impresor. Así que constituye un gran reclamo para los que amamos la literatura. Y, por supuesto, ¿quién no ha deseado ir alguna vez a Venecia? El título lo tiene todo. ¿Quién se podía resistir? Así que, pensé, "por malo que sea, algo aprenderé". Y aprendí. Desde luego que lo hice.

Es una novela recomendada a impresores, editores, escritores, tipógrafos y cajista (si es que todavía existe alguno), libreros y todo aquel que adore este sector como si no hubiera otro en el mundo (amén de las fábricas de algodón de azúcar, por supuesto). Se responden todo tipo de temas afines. ¿Cómo se empezaba en una taller de impresión en el siglo XVI?, ¿en qué idiomas se editaban?, ¿solo textos romances y latinos?, ¿qué tipo de obras?, ¿literatura u obras científicas?, ¿cuáles fueron los albores de la letra itálica y su posterior desarrollo?, ¿para qué se empleaba?

Azpeitia nos informa de ciertos artilugios literarios del siglo XVI, en concreto uno que se hacía llamar "máquina de consultar libros", pero que en verdad era una rueda de libros construida por Agostino Ramelli. Un auténtico visionario del e-book.
Si pisas estos pedales, la noria va hacia arriba o hacia abajo, así que puedes cambiar de lectura con hasta diez libros abiertos al tiempo, sin cargar con ninguno ni tener que cerrarlos. Los atriles pasaban con sus libros en sucesión vertical. Es un invento estupendo. Aquí encuentro una referencia a la Biblia, le doy al pedal y va bajando la Biblia... ¿Te das cuenta?Aquí llega. Y entonces solo tengo que encontrar el capítulo correcto y luego el versículo. 

Al girar, la rueda chirriaba cada vez con más fuerza. 

Voy a comercializarlo, para hacer llegar la cultura a todo el mundo. Hay que contar al menos con diez libros en casa para que esto tenga brillo, y mejor veinte o treinta, para ir cambiando.    

Agostino Ramelli, Rueda de libros. Grabado para la obra  
Le diverse et artificiose machine del capitano Agostino 
Ramelli dal Pomte della Tresia. París, 1588.
 Algunas fuentes confirman que la rueda nunca se llegó a construir, aunque su diseño fue copiado con posterioridad en el siglo XVII por Heinrich Zeising y por el inventor francés Nicolas Grollier de Servière. En 1986 y 2012 también se hicieron reconstrucciones, la última trataba sobre las diferentes obras de Vladimir Nabokov.

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Confieso que no es un libro fácil de leer. Quizá haya demasiadas referencias a obras latinas, alusiones a humanistas de la época, como Nicolas Jenson y su famosa tipografía veneciana o tramas referidas a la impresión con un lenguaje técnico demasiado especifício. Por no mencionar la polifónica narración que nos cuenta la historia de Aldo Manuzio, el impresor (y personaje real) que llega a Venecia con el fin de imprimir libros y ser editor de literatura griega con autores tan conocidos como Aristóteles, Sófocles o Herodoto, u obras tan singulares como El sueño de Polífilo. Sin embargo, habrá lectores que sabrán apreciar todo ese marco cultural. En cada página hay un aprendizaje distinto que te hace suponer que no es una obra cualquiera. 

Y es que Azpeitia no solo nos ilustra sobre el pasado, sino también sobre aspectos que todavía se emplean en el presente. Es el ejemplo de la conocida letra cursiva. En El impresor de Venecia descubriremos que Manuzio fue el creador de la imprenta aldina con este tipo de letra inclinada que popularizó (creada con anterioridad por Francisco de Bolonia). De esta manera, se agilizaba la escritura y se empleaba menos tiempo en terminar los libros.

El impresor de Venecia es una novela que no tiene desperdicio. No destaca por su historia, sino por el contenido, que araña lo incunable. Aprendes, saboreas, investigas y descubres algo nuevo en cada página, con una pátina renacentista en su estilo y un contenido difícil de superar. 

Imagen: elcultural.com

Javier Azpeitia (Madrid, 1962) es autor de las novelas Mesalina (1989), Quevedo (1990), Hipnos (1996; premio Hammett de Novela Negra y llevada al cine por el director David Carreras), Ariadna en Naxos (2002) y Nadie me mata (Tusquets Editores, 2007). Como editor literario ha publicado, entre otras, las antologías Poesía barroca (1996), Libro de amor (2007) y Libro de libros (2008). Ha sido director literario de las editoriales Lengua de Trapo y 451 Editores, y profesor del máster en Escritura Creativa de Hotel Kafka y de los másteres en Edición de la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Salamanca. En 2015 fue comisario de la exposición 500 años sin Aldo Manuzio, realizada por la Biblioteca Nacional de España, y participó en la muestra La fortuna de los libros, del Museo Lázaro Galdiano, donde uno de los incunables de Manuzio tuvo gran protagonismo (texto de: planetadellibro.com).

Escrito por María Bravo Sancha