lunes, 11 de abril de 2016

¿Qué hacemos con los libros malos?


Vamos a reconocerlo. Los libros son como las personas, tenemos ganas de defenestrar un libro malo al igual que a ese compañero al que no tragamos. Sí, los libros malos existen, aunque sería demasiado cruel crear una revista o una web con libros pésimos, malos, horribles, bochornosamente calamitosos. Vale, pero, ¿si no podemos desahogarnos en el mundo digital, cómo combatimos esas ansias de venganza?, ¿qué hacemos con el libro en cuestión?

En casa ocupan espacio y existen prejuicios a la hora de tirar un novela, así, sin más. Por ejemplo, si dejas El Quijote junto al contenedor de papel puede que quien te esté observando piense que deberías ir a un gulag de cabeza. Igual ya detestas los libros de autoayuda que en su día estuvieron tan de moda, o aborreces los de nuestro "amigo" Coelho. Solo ocupan espacio, espacio, espacio.

Donde anidan las palabras. Libro intervenido. Ejemplar único


Hay que huir de los libros malos: ocupan nuestro espacio, nuestro tiempo, el esfuerzo y la mente, ¡son unos parásitos! No merece la pena perder energías con ellos. Luego es muy difícil echar un libro de tu casa, te lo digo yo, que soy librera. Fíjate que aquí solo vuelven después de que se han muerto sus amos. Y eso no es lo peor. Antes los libros les han ido ahogando, han estrechado las paredes de sus casas, han ocupado todos los huecos, han llenado su aire de polvo. ¿Te puedes imaginar algo más triste que viajar con los ojos agarrados a letra impresa, sin fijarte en tus compañeros de vagón, en el paisaje que hay detrás de las ventanillas? Estos libros les han servido a sus dueños de anteojeras, ¿y tú crees que eso es bueno? ¿Tú sabes lo que tarda la mente en eliminar ese tóxico? Mírame a mí. Yo ya estoy perdida. Soy un caso de envenenamiento patológico*.


Y bien, la pregunta es, ¿tú qué haces con los libros malos? ¿Reciclarlos?, ¿guarecer a familias de insectos voladores sedientos de papel?, ¿donarlos? ¿quemarlos? Sí, quemarlos. ¿Sabías que hay fábricas de papel que se dedican a su destrucción y que a las editoriales les sale más rentable esto que saldarlos? Venga, piénsalo, ¿no tienes una guía de camping del 93 en tu estantería o Campos de amor eterno (de un autor nisu) en una edición del 76 y en un papel que se desintegra al tacto?, ¿quién querría esos ejemplares? 

¡Confiesa! Porque en la literatura no todo vale. 

 
*Jerjes conquista el mar, de Óscar Esquivias (III Premio Arte Joven de Novela de la Comunidad de Madrid).

Escrito por María Bravo

10 comentarios :

  1. Me ha gustado mucho esta entrada! Tu blog me encanta!!!
    entrelibrosm.blogspot.com.es
    besos!!!

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    1. Gracias, Entre Libros. Un placer tenerte por aquí. Yo también me paso por tu blog.
      Un saludo grande.

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  2. Yo soy más de intentar donarlo. A veces pueden servir para explicar
    cómo no hacer una obra o para los análisis históricos o pueden gustar
    a alguien que no sea yo porque le saque otros partidos. A mí quemar
    libros me parece un sacrilegio. Pero libros malos todos hemos leído
    alguno.

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    1. Es cierto que un libro malo puede tener distintos usos, pero a la larga uno los va descartando de su alcance. El problema también viene cuando te planteas dónde donarlo o, ¿hasta dónde me tengo que desplazar para cargar con X libros que pesan?

      Gracias por el comentario :D

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  3. Yo me estoy planteando desde hace tiempo qué hacer con algunos libros que no es que sean malos, sino que y ano me interesan o que llegaron a mí por casualidad pero no me van nada. Lo primero que se me ha ocurrido ha sido colgarlos en alguna app de compraventa (y es increíble pero hay gente a la que le puede interesar lo que para mí ya no es más que un bulto en la estantería). Lo segundo es donarlos a cualquier biblioteca municipal. Siempre los aceptan. Incluso en las bibliotecas universitarias aceptan donaciones.
    Yo creo que merece la pena darle una segunda oportunidad a cualquier libro... O a casi cualquier libro.

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    1. Es verdad que hay webs de compra venta de toda clase de cosas que, por extraño que parezca, les interesa un ejemplar totalmente desconocido y con las hojas amarillentas. Pero eso no pasa todo los días. Por otra parte, conozco librerías que están saturadas de tantos libros y otras que los necesitan. Por no hablar de las librerías de segunda mano que subsisten de estas ventas o donaciones.
      Bueno, brindemos entonces por las segundas oportunidades.Un saludo :D

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  4. Collages. Y lo que no te sirva al contenedor azul.

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    1. Y así te quitas de líos XD. Pero hay que saber hacer collages, sobre todo, hay que tener tiempo.

      Un saludo, Guillermo.

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  5. Los libros deberían estar ya todos en formato electrónico. No ocupan lugar, y una vez que los has leído y extraído todo lo que te pueden aportar, puedes desembarazarte de ellos con un teclazo. Pero los libros de papel existen, y dicen que se quedarán mucho tiempo todavía. Yo tuve la desagradable experiencia de que mi librería crujió y no me cayó encima porque me apresuré a tirar al suelo los siete mil libros de que se componía. Y se me planteó el dilema que mencionas en tu artículo, María: ¿qué hacer con los libros? Como tú, pienso que no ha lugar a prejuicios: hasta entonces pensaba que UN LIBRO NO SE TIRA A LA BASURA JAMÁS. Pero al plantearme qué hacer con ellos, hice tres montones: unos los intentaría vender por internet (todavía no he vendido ninguno), otro montón lo regalaría a quien lo quisiera, y el tercer montón lo tiraría al contenedor de reciclado de papel. Son libros que, como bien dices, jamás se deberían haber escrito, y aunque en diversas épocas de mi vida me interesaron, ahora me daría vergüenza confesar que me gasté dinero en ellos, o siquiera que los he leído.

    Lo que acabé haciendo fue que el tercer montón lo tiré directamente,sin preguntar a nadie. Los del segundo montón los fui dando a mis amigos, excepto los "inregalables", que pasaron a engrosar el primer montón, que acabé donando a la Biblioteca Regional de Murcia, a la que los llevé en varios viajes con el carrito de la compra. Y la verdad es que no sentí ningún pudor ni remordimiento al desprenderme de aquellos libros, porque mi integridad física vale más. Me quedé solo con los 30 que aún tengo sin leer (sí, soy comprador de libros compulsivos, lo confieso. Menos mal que con el kindle se nota menos), y en total me he quedado con unos 700 libros en papel, que me parecen irrenunciables. Alguno de estos los di también, y luego los he vuelto a comprar en versión kindle.

    Y ya sabéis lo que pienso de este interesante tema propuesto por María Bravo. Enhorabuena y gracias por hacernos pensar en esto, María.

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    1. Gracias por tu aportación, Jesús Ángel. Yo creo que siempre existirán los dos soportes: papel y digital. Y que vivirán en amor y compañía. Por desgracia, los prejuicios respecto a tirar libros existen, y si me das un montón de libros sobre el cristianismo y autoayuda, por ejemplo, no dudaría qué hacer con ellos, eso te lo aseguro.
      Lo que hay que hacer ese leer más en cualquier soporte, que si viéramos las estadísticas de lectura...

      Siempre es un placer tenerte por el blog.
      Un saludo grande :D

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