martes, 27 de octubre de 2015

Desirée Ruiz: "Si un personaje me pide más protagonismo, yo decido cómo es, su peso en la historia y su destino"


Desirée Ruiz Pérez (Zaragoza, 1973), es licenciada en Derecho en la Universidad de Zaragoza, trabaja desde 1999 como profesora de Educación Secundaria en la especialidad de Formación y Orientación Laboral. Actualmente reside en Castellón de la Plana con su marido y sus dos hijas, donde ejerce la docencia en el IES Matilde Salvador. Ha participado en la redacción y publicación de libros de texto de su especialidad (FOL. Boreal Libros, 2011).
      Resultó ganadora en el I Certamen de Relato Corto Bohodón con “Tarta de manzana”, y finalista en el mismo concurso con “Escarcha en los ojos” y “El dandy y la princesa” (Tarta de manzana y otros relatos. Bohodón Ediciones, 2009). Su relato “Ananké” fue publicado en la antología Relatos de mujeres 6 (Ediciones Torremozas, 2009). Su microrrelato “Las mariposas de Matilda” resultó seleccionado y publicado en la antología Bocados Sabrosos 3 (ACEN, 2013); así como “Antofobia” (Pluma, tinta y papel II. Diversidad literaria, 2013). “Corazón de cristal” también resultó seleccionada para su publicación en Cachitos de amor 3 (ACEN, 2014).
        Ofelia descalza es su primera novela.



1.- Explícanos brevemente de qué trata Ofelia descalza.
     Ofelia descalza es una historia de intriga y emociones. Cuando Jaime muere accidentalmente, su hermana Marcela descubre que éste mantenía en secreto una intensa historia de amor con una mujer llamada Laura. Marcela, con una vida vacía y un matrimonio gris, decide buscarla con el deseo de conocer más sobre esa parte de la vida de su hermano. Lo que no imagina es que en esa búsqueda descubrirá secretos y tragedias de su propio pasado que la llevarán, junto a su amiga Victoria, a adentrarse en una espiral de mentiras, casualidades y errores de dramáticas consecuencias. Sin embargo, también le abrirán un sinfín de oportunidades que enriquecerán su vida y le ayudarán a cambiar y a avanzar. La historia mantiene el suspense, pero al mismo tiempo invita a reflexionar sobre temas universales: el amor, la fidelidad, la venganza…

2.- ¿Cómo se entrelazan las vidas de Marcela y su hermano Jaime con respecto a la estructura de la novela?
     Jaime es el único personaje masculino de la novela que no tiene un papel secundario; de hecho, él es el núcleo central. No obstante, la trama comienza precisamente con su muerte. A lo largo de la historia, gracias a la analepsis, Jaime y Marcela se relacionan en los diferentes flashbacks que se entrelazan con la historia que se cuenta en presente, donde la figura del hermano acompaña siempre a la protagonista.

Cubierta de la novela. Editorial Hades.
3.- Tres mujeres: Ofelia, Laura y Marcela, ¿qué tienen en común?, ¿cómo planteas a la mujer en la novela?
     No solo tres mujeres. Victoria, Sara, Clara, Olivia, Lluvia, Alma. Son todas ellas mujeres muy distintas entre sí, con personalidades muy diferentes, e incluso pertenecen a estratos sociales distintos; el mundo de los marginados se ve también reflejado de algún modo a través de la figura y la miseria de unas prostitutas. Algunas de ellas son fuertes, tenaces, duras; otras son frágiles, tristes, silenciosas; las hay alegres, frívolas, divertidas. Pero todas ellas poseen unos mundos interiores tan complejos como fascinantes.
     Respecto a las tres mujeres por las que me preguntas en concreto, Marcela es el único personaje “real” de la historia; es el personaje principal. Laura es el objeto de la búsqueda; el misterio se desarrolla precisamente en torno a su figura. Y Ofelia es un personaje prácticamente ajeno a la historia; tan solo aparece para explicar el sentido del título de la novela. Las tres son frágiles y en cierto modo desgraciadas, pero lo afrontan de diferentes maneras.

4.- ¿Cómo creas a los personajes de la novela?, ¿tú los guías a ellos o ellos a ti para escribir lo que realmente quieres?
     Observo mucho. Y de esa observación de la realidad y de mi entorno voy configurando los personajes. Me gusta profundizar en ellos, describir muy bien su carácter, sus sentimientos, su personalidad. Creo que de ese modo el lector puede llegar a sentirse identificado con alguno de ellos o, al menos, empatizar con algunas de sus emociones; eso engancha a la historia, deja poso.
     Aunque a veces he podido cambiar el argumento porque, por ejemplo, un personaje me pide más protagonismo, yo decido cómo es, su peso en la historia y su destino. Son mis personajes, y eso me encanta; tiene algo de magia.

5.- ¿Qué querías transmitir con esta novela?, ¿qué pretendías contar exactamente?
     Quería contar una historia que atrapara al lector y le emocionara. Una historia que no tuviera nada de extraordinario pero que, a pesar de ambientarse en la época actual y en lugares cotidianos, generara una atmósfera muy especial, hermosa, trágica, romántica, y con una dosis importante de misterio.

6.- ¿Qué has aprendido tras escribir Ofelia descalza?, ¿qué te ha aportado?
      Es curioso, porque cuando terminé la novela me sentí extraña; había concluido mi historia con mis amigas, me separaba de Marcela y las demás después de tanto tiempo. Llegaron a formar parte de mi vida de tal forma que creo que siempre me resultará difícil, por ejemplo, pasear por Peñíscola sin pensar en Sara, o en la Fresneda sin evocar a Olivia y sus mariposas. Además de suponer para mí la realización de un sueño, de un reto personal, me ha ayudado a ponerme en la piel de mujeres muy dispares y creo que, incluso, a ser más comprensiva y tolerante. 

Ofelia (1852), Millais

7.- El título del libro se relaciona con el cuadro Ofelia de Millais, ¿qué importancia tiene para ti el arte y la cultura?
     Es uno de mis cuadros preferidos. Necesito libros, música y pintura; la belleza, serenidad o estremecimiento que aporta el arte creo que solo puede ser superado por la naturaleza, también esencial para mí.

8.- ¿Cuándo comenzó tu vocación por la escritura?
     Yo siempre he escrito, desde una edad muy temprana, del mismo modo que siempre, desde que tengo uso de razón, he leído. En mi casa siempre se ha leído mucho, mis padres han sido y son lectores voraces, y siempre los libros han invadido todos los espacios de nuestra casa, y ahora en la nuestra sucede lo mismo, incluso el dormitorio de mis hijas está desbordado de libros. Además de leer siempre he sentido la necesidad de escribir. Al principio eran pequeños cuentos; a los doce años comencé mi primera novela que, evidentemente, no terminé, y seguí escribiendo fundamentalmente relato corto. Comencé otra novela cuando tenía unos dieciocho o diecinueve años, que también abandoné; sin embargo algo quedó de ella, mi hija pequeña se llama como la protagonista de esa novela frustrada, que me creó la inquietud en este caso definitiva. Algún día, me dije entonces, algún día escribiré una novela. Y así ha sido. Aunque nunca he abandonado el relato.


9.- ¿A qué escritor o escritora admiras y por qué?
     Es una pregunta difícil, porque hay tantos... No sabría contestarte sin tener la sensación de que me dejo muchísimos. Por citar a alguien, hace tiempo que siento una admiración creciente por la poesía Emily Dickinson, y mucha curiosidad por su figura. Sus poemas son de una profunda sensibilidad, y al mismo tiempo resultan muy misteriosos, de una bellísima extrañeza.


10.- ¿Tienes algún proyecto literario en mente?
     En breve se publicará un libro de relatos de varios autores en el que aparece un relato mío. Es un proyecto precioso en el que me ha hecho mucha ilusión participar. Por otra parte, ya tengo en mente el germen de una idea que podría dar forma a una segunda novela; pero como en el caso de Ofelia descalza, me temo que será un proyecto a largo plazo. ¡La falta de tiempo es un gran inconveniente!

11.- ¿Qué libro nos recomendarías para el mes de noviembre?
     El último que he leído: Las olas, de Virginia Woolf. Es, sencillamente, fascinante. Aunque para noviembre, mes de lamparillas y velas, quizá algún lector prefiera las Narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe.

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viernes, 9 de octubre de 2015

¿Qué piensa el lector cuando lee?

Escrito por Sheila Barón Rubio.

Hace unos días terminé de leer El viejo y el mar de Ernest Hemingway. Mi madre me preguntó de qué trataba y entonces yo pensé que, simplemente, hablaba de una jornada de pesca de un anciano. Y era verdad. Simple y llanamente era eso. No sé si lo han leído pero, siendo asépticos, el libro cuenta la historia de una jornada de pesca. No obstante, el autor habla también de cómo un hombre mide sus fuerzas, se pone a prueba, lucha y, finalmente, cuando se cree que ha perdido, vence. 

signosderotacion.com
  Si parafraseamos el más famoso microrrelato de Monterroso, éste dice algo así como que cuando se despertó, vio que el dinosaurio todavía estaba allí. Quizás Monterroso sabía perfectamente de dónde había salido aquel extinto animal y, lo que es mejor, por qué estaba allí. Quizás no dedicó ni un minuto a pensarlo. Fuera como fuese, prefirió que los lectores creasen su propia historia concentrando en apenas una frase las tres partes fundamentales del cuento sin llegar a escribirlas como tal. Los más realistas pensarán que el dinosaurio sería una imagen impresa en un cartel. Los más soñadores, que el dinosaurio, que había entrado a través de la lavadora, estaba esperando al niño a la cabecera de la cama.

Los escritores escriben textos que nosotros entendemos a nuestro parecer y eso es lo más extraordinario. El “verde que te quiero verde” de García Lorca puede tener tantas versiones como tonos puede tener ese color. Eso es lo maravilloso de la literatura, de la poesía y, por extensión, de otras artes como la pintura o la música, y es la inexactitud y la imprecisión de ser bueno y malo al mismo tiempo, cercano y distante, rápido y lento, oscuro y claro.

elcapitandemialma.com
 Decía Umberto Eco que la recepción del lector es fundamental para poder entender la obra porque sólo tendremos una percepción holística de la misma una vez que hemos sumado nuestra aportación a lo que el autor quería decir. Se da por hecho, entonces, que la obra sin ser leída no es obra, lo cual no deja de ser un campo muy peligroso en el terreno de la literatura y de la filología en general, puesto que aún quedan muchos textos por leer y por estudiar que ya cuentan cosas y porque, además, muchas obras nunca publicadas y nunca leídas quizás fueran, si vieran la luz, parte del canon. Pero estas obras sí que han tenido un lector: su propio autor. 
 
Y es que es muy curioso cómo los autores leen sus obras. Hay algunos que no pueden leerlas pasado el tiempo, que no se reconocen en lo que escribieron, que se vuelven mitómanos de sus propios personajes, que odian lo que han escrito… y otros que no pueden parar de reescribir lo que han escrito ya, como si fuera siempre una obra imperfecta y sin terminar, como si nunca se llegara a culminar una obra con totalidad. Por ejemplo, Juan Ramón Jiménez, un poeta esencial de nuestra lengua, es un buen ejemplo de autor que no acababa nunca de ver con claridad que había terminado un poema, como el pintor que siempre puede dar otra pincelada.

arteinformado.com
 La pregunta es si las obras no tienen fin y si pueden guardar un mensaje en sí mismas sin que nadie lo descifre. Quizás un poema no puede terminarse realmente, y tan sólo le ponemos un final porque no sabemos cómo seguir. Cuántas veces hemos visto una película cuyo final habríamos cambiado, que se nos ha hecho muy corta o que habríamos acabado hacía treinta minutos. Esto también forma parte de nuestra recepción de la obra y de la manera inconclusa en que creamos el arte. El viejo y el mar es sólo un sistema de pesca o la mejor manera de ver cómo un hombre se vence. El verde es un color o un poema irrepetible. El lector es solamente alguien pasivo o, quizás, sea alguien que pueda cambiarlo todo, como hacía constantemente Juan Ramón Jiménez. Una vez más, sólo hay imprecisión e inexactitud. 

Escrito por Sheila Barón Rubio.