miércoles, 11 de marzo de 2015

«Los fantasmas del invierno», de Kate Mosse

Un escalofrío me recorrió la columna vertebral. Por un instante permanecimos inmóviles, preguntándose cada uno qué iban a hacer los demás. Di entonces una palmada, como si fuera el remate de un chiste estupendo, y reí (pág. 234).


Editorial: Suma de letras
Año de edición: 2011
Género: miedo y nostalgia.
País: Inglaterra
Escrito en: 2009
Páginas: 307
Si tengo que elegir una estación, posiblemente elegiría el invierno, y si encima me colocamos unos cuantos fantasmas entre la niebla o en el interior de un castillo abandonado, ya me encargaría yo de avisar a Stoker para que se calzara raquetas y que fuese a visitarme. Pero hay mezclas que no son buenas. Mejor, hay mezclas que resultan desproporcionadas. Lo que le ocurre a Los fantasmas del invierno, es que tenemos mucho invierno y pocos fantasmas. Vamos, que el miedo se queda en llanto, los fantasmas predecibles y el invierno tieso. ¿Pero por qué falla Kate Mosse? (no confundir con la modelo). 
     Veamos, el argumento se sitúa en 1928 en los Pirineos franceses. Freddie Watson sufre un accidente con el coche un día de tormenta y va a refugiarse a un pequeño pueblo de montaña. Allí se desarrollará gran parte de la historia y servirá como contrarresto a la desoladora vida de Freddie, el mismo que cuenta la historia. 
     Desde las primeras páginas ya nos muestra su lado taciturno y lúgubre, tanto que llega a desesperar. No deja de recordar a su hermano muerto hace más de diez años en la Gran Guerra. Es una angustia constante y se reboza en un dolor que aburre en un tono quejumbroso y timorato.

-No fue entonces, sino más tarde. El hundimiento, el colapso, el petit mal, la neurastenia, los nervios..., da igual cómo quieran llamarlo. No sucedió de inmediato. No fue, de hecho, hasta que llegué a la edad que tenía George cuando murió. Hasta el día en que cumplí veintiún años (pág. 141).

Entre tanta aflicción, se le ocurra la brillante idea que ahogar sus penas viajando solo por Europa para que no le moleste nadie. Y allí es donde le pilla la gran nevada, entre montañas plagadas de pinos blancos. Consigue refugiarse en un pueblo misterioso. Pero esto no ocurre al principio, no. Pasas al menos cien páginas hilando escenas y frases en busca del miedo. Cuando parece que asoma un fantasma y te alegras, no, resulta que es el un simple reflejo; cuando parece que una luz se oculta entre las tumbas, no, es la ilusión de su hermano muerto. Y así pasas hojas y hojas hasta que las hojas inundan tu paciencia de nieve blanca.
Portada de la edición
inglesa, 2009-2010
     Pero, lo confieso, mientras leía, buscaba una mujer que le quitase el lamento al pobre Freddi. Un amor de estos que te quitan todos los males. Y sí, aparece, pero es que, o se pasa o no llega. Freddi se enamora perdidamente de una mujer en unas horas, tanto, que será la leitmotiv que guíe sus pasos hasta el final del libro. Un final que guarda un detalle que me gustó. Creo que si ese detalle se hubiese empleado de otra manera en la novela, el resultado final habría causado mayor impacto.
      Lo gracioso del libro es que los conatos de miedo ya dejan de asombrar y cuando de verdad ocurre algo ya está tan manido dentro del género de miedo que te acuerdas de la escritora, la modelo y su posible parentesco. Un pueblo que al narrador le resulta extraño o, como él dice, es como si entras a una casa y uno de los cuadros del comedor está torcido; calles desiertas, personajes parlanchines sobre misterios del pasado, y a tu lado Juan Rulfo elevando una ceja. 
     ¿Lo mejor? La ambientación. ¿No quieres invierno?, pues invierno tendrás. Montañas nevadas, fuertes rachas de viento, adoquines recubiertos de helada, chimeneas necesitadas de calor o lobos aullando a la noche. Hasta la cubierta del libro se presta a la estación. Yo diría que es lo mejor de la novela. Todo ello sin perder de vista las ilustraciones del interior, realizadas por Brian Gallagher.
     Ya veis, en esta trama donde pasado e historia se entremezclan y ello podría haber quedado muy bien, yo lo he leído como otra historia más sobre fantasmas muertos de frío. Lo mejor, las notas de prensa de la solapa: "una gran historia de amor, pérdida y coraje", "una gran lectura" o "un conmovedor y escalofriante estudio sobre el duelo y la redención". Pongan a un crítico literario en su vida, en su despacho o frente a su ordenador. La vida le cambiará a mejor

Yo me marcho, que he quedado con Stoker para no sé qué cosa de un vino espeso que me quiere dar a probar. Como siempre, os dejo con la biografía de la señora Mosse.



Kate Mosse (20 de octubre de 1961, Londres) se dedica a escribir y presentar en la BBC, televión inglesa, programas literarios. Se educó en la Chichester High School y el New College de Oxford.
     Es conocida principalmente por su novela de 2005 El laberinto, traducida a más de 37 idiomas, y que le valió el Premio British Book de 2006. Sus novelas bestsellers han vendido millones de copias en más de 40 países. En 1996 co-fundó el Premio Orange, del que también es Directora de Honor. En el año 2000 fue nombrada European Woman of Achievement (Mujer europea de éxito) por su contribución a las artes. Sus novelas, de ficción histórica, contienen abundante aventura y misterio, y menos fondo histórico, con buen desarrollo de la trama y acertada conjugación de los hechos. Ha cosechado gran éxito en todo el mundo con numerosas traducciones.


P.d- Quiero agradecer a las personas que me regalaron esta novela. Es bueno leer libros que no te gustan para poder discernir, tener criterio y sacar lo mejor de ellos. ¡Gracias, gente, y que sean muchos más!

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