lunes, 14 de octubre de 2013

"De repente en lo profundo del bosque", de Amos Oz


Siruela
Género: miedo en el bosque
País: Israel
Año: 2007
124 páginas
Traductora: Raquel García Lozano

Y a pesar de todo a veces ocurre, me ocurre casi todas las noches, que me despierto y bajo para vengarme un poco de ellos en la oscuridad. Para matarles de miedo a todos. Para brillar de pronto como un esqueleto en los cristales de sus ventanas cuando han apagado las luces. O para hacer que crujan los suelos y tiemblen las vigas de los tejados y que tengan pesadillas. O para despertarles, empapados en sudor frío... (pág. 100).  


"Parábola: narración de un suceso fingido, de que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral". Eso es exactamente De repente en lo profundo del bosque.
     Cuenta la historia de un pequeño pueblo embrujado, sin lugar en el mapa, sobre el que ha recaído una extraña maldición: han desaparecido todos los animales del lugar: perros, grillos, peces, ovejas, pájaros. De noche, nadie se atreve a salir de sus casas y cierran las contraventanas con presteza. Ante la situación, los niños preguntan y los adultos eluden las inquisitivas preguntas. Cierto día, Maya y Mati se adentran en el bosque en busca de la verdad. 
     La historia está contada en pretérito por un narrador onmisciente que nos quiere transmitir esta parábola enlazada con la fábula. No hay referencias temporales, y el espacio lo enmarca en un pueblo montañoso sin ofrecernos más información que una descripción boscosa. 


El pueblo era gris y triste. Estaba rodeado de montañas y bosques, nubes y viento. No había otros pueblos por los alrededores. Casi nunca venía nadie a este pueblo y los caminantes no lo visitaban. Unas treinta o cuarenta casas pequeñas estaban diseminadas por la ladera de un valle cerrado, rodeado por todas partes de montañas escarpadas. Solo por el oeste había una estrecha apertura entre las montañas, y por esa apertura pasaba el único camino que llegaba al pueblo; pero no iba más allá, porque no había más allá: aquí se terminaba el mundo (pág. 15).

     Los personajes se dividen en dos grupos: los adultos y los niños. Los adultos conforman el pueblo con sus distintos oficios lugareños. Almón el pescadero, Emmanuela la maestra, Danir el tejero, Solina la modista, Lilia la panadera o Guinom el herrero. Todos ellos mantienen un silencio incómodo sobre lo que ocurre en lo profundo del bosque, aunque otros, en cambio, desean contar y no se atreven por miedo a que alguien les escuche. Por otro lado, están los niños. Se muestran crueles, vengativos y provocadores con otros niños que creen haber visto animales o con todo aquel que quebrante la verdad establecida. Entre tanto, Maya y Mati, jóvenes intrépidos deciden salir al bosque y descubrir por ellos mismos qué ocurre exactamente. 
     Sí, me quedo con la ambientación espacial y con los personajes, pero apartaría el estilo que emplea el narrador. Esta parábola un tanto aniñada en su composición interna aparece abotarga de palabras que inflaman los ojos del lector. La oración se satura de elementos que ensucian la frase con piezas repetitivas y descolocadas. La poética alcanza un punto barroco molesto en ocasiones.
   -Un pez, Maya, un pez, un pez vivo, tú y yo hemos visto por un instante un pez aquí, y no simplemente lo hemos visto, sino que hemos visto muy bien que por supuesto era un pez. 
   -Un pez y no una hoja, un pez y no un trozo de metal, un pez, te lo digo yo, Mati, un pez de todas todas, un pez sin ninguna duda, un pez, yo lo he visto. 
   -Y también yo lo he visto, era un pez, un pez, solamente un pez y nada más que un pez.
Era un pequeño pez, un pececillo... (pág. 44).  

No es la primera vez que me encuentro con Amos Oz. Ya lo pude comprobar en su libro Hasta la muerte. No me gustó. Sin embargo, decidí darle otra oportunidad, sobre todo al descubrir que pudiera tener una trama de "algo parecido al miedo". Y confieso que ha ascendido algunos peldaños (pero cortos). Se ha salvado por la historia que plantea, ¿qué ocurriría si los animales desaparecieran? Esta pregunta tiene cientos de salidas argumentales. ¿Quién se los ha llevado?, ¿dónde están?, ¿cómo se los ha llevado? Creedme, esto da para un novelón de los gordos. 
   No obstante, destierro el estilo de este escritor israelí ganador de numerosos premios entre los que destacan el Premio Goethe en 2005,  Príncipe de Asturias de las Letras en 2007 o el Premio Kafka en 2013.
     Pero, afortunadamente, siempre nos quedará el criterio personal. 


*   *   *  

El siguiente libro de terror que os voy a traer reseñado será Noche infinita, de Richard Laymon, ganador del premio Bram Stoker en 2001. Quizá habéis oído hablar de él. De momento os adelanto que el miedo tiene muchas caras, y una de ellas es que te persiga un psicópata que bien podría haber salido de La naranja mecánica.



Entradas anteriores de novelas de terror: 
-Joyland, de Stephen King  




2 comentarios :

  1. Si el libro es en su mayoría como el párrafo de la pág. 44, lo descarto totalmente, no me gusta para nada ese estilo tan repetitivo, creo que yo, de haberlo empezado a leer, no lo hubiese acabado.
    Un beso.

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    1. Tienes toda la razón, pili, ¿por qué seguí leyendo? Bueno, no todo el libro es así de pesado, tiene partes. Y, como digo, me entró curiosidad por el final. Creo que es una trama muy original. De todas formas, prometo daros una reseña de miedo antes de que se termine el mes jejeje.
      Un beso ;)

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