lunes, 21 de noviembre de 2011

"Nocturna", Guillermo del Toro y Chuck Hogan

Bueno, bueno, ¡lo tranquila que me he quedado después de leer Nocturna! Me han reafirmado que el fin del mundo empezará en Estados Unidos, y todas las papeletas parece llevárselas New York. Y no lo digo yo, lo dicen escritores como Stephen King, Robert R. McCammon o Guillermo del Toro y Chuck Hogan, entre otros. Estos dos últimos, autores de la Trilogía de la Oscuridad, de los cuales he tenido la oportunidad de leer el primer libro: Nocturna (The Strain).
    El libro tiene un estupendo punto de partida. Un Boeing 777, procedente de Berlín, aterriza en el aeropuerto de New York (JFK) el 24 de septiembre de 2010 (curiosamente el mismo mes que la caída de las Torres Gemelas) en medio de la oscura noche. Se mantiene con las luces apagadas durante casi una hora. Los trabajadores ven en esto algo inusual y se van acercando para ver qué ocurre en el avión. ¿Lo que ocurre? Que en su interior se hallan todos muertos: ciento noventa y nueve pasajeros, dos pilotos, y nueve auxiliares en la tripulación de cabina, más una caja de madera, que más tarde descubrirán que es el ataúd del llamado Amo y propagador del virus. Todos ellos sin ningún síntoma de muerte violenta ni de descomposición y perfectamente sentados en sus asientos. Lo único que tienen en común es un ligero corte en el cuello.
    Al día siguiente van sacando los cuerpos para llevarlos a distintos hospitales de la ciudad. Sin embargo, horas después los pasajeros se irán levantando de las camillas de la morgue e irán propagando el virus que cambia su metabolismo a lo que muchos ya sabréis: a vampiros. Aunque yo personalmente creo que son una mezcla entre esto último y zombis.
    La novela, como digo, empieza bien, te mantiene en un estado de tensión e intriga, ya que tú sabes que nada bueno puede aparecer del interior de ese avión, pero no sabes en qué momento puede estallar la situación. No obstante, a medida que sigues leyendo el l ibro va perdiendo sustancia, parece que hay un halo de superficialidad en toda la novela, algo que no han contado aún. Los personajes son completamente planos, a excepción si acaso de Ephraim Goodweather (epidemiólogo), que es el personaje principal. Pero Nora Martínez, su ayudante y segunda protagonista, no hace nada en la novela más que seguir a Eph. Supuestamente ellos dos mantienen una relación amorosa que no va más allá de un abrazo al final de la novela. Por otro lado, está Setrakian, refrito de Van Helsing, que conoce todo sobre esta plaga vampírica que se extiende por toda la ciudad: “Sé que es una plaga que se ha desatado en esta ciudad, y que muy pronto se propagará por el mundo entero” (pág. 276). Vamos, lo que yo decía, que todos los males de ciencia-ficción se los llevan los estadounidenses.
    Sin embargo, me ha gustado la imagen, nada tradicional, que han dado del vampiro. Se contagian unos a otros por medio de una sustancia blanquecina que hay en su interior y que está compuesta por gusanos que van formando grandes tumores en el organismo hasta alcanzar pleno dominio sobre los cuerpos. El dato curioso es que los vampiros no tienen colmillos, sino un aguijón elástico debajo de la lengua, que es su arma de defensa y ataque:

“Y en ese instante, el vampiro abrió la boca y le lanzó el aguijón a Setrakian. El anciano permaneció erguido, pues el vampiro no podía alcanzarlo a pesar de que el aguijón tenía un metro o más de largo. Se encogió en señal de fracaso, y la masa repugnante le colgó del mentón, revoloteando al rededor de su boca abierta como el tentáculo rosado de alguna criatura de las profundidades oceánicas” (pág. 448).

    A esto también se suman algunas escenas relevantes e inquietante, como la mujer que encuentra a su marido muerto (realmente se halla en estado de incubación del virus) y para vengarse de años de maltrato, le corta en pedacitos. Claro que, de todo esos trocitos se desprenden gusanos blancos que van perforando la piel de la mujer en busca de un nuevo cuerpo al que poseer.

Vamos, que tampoco ha sido lo peor que he leído. Por eso le voy a dar una segunda oportunidad. De hecho, ya he comenzado la segunda parte: Oscura (la cosa va de sinónimos). Ahora la plaga se ha propagado y los humanos se han dado cuenta de que son los últimos en la cadena alimentaria de dos clanes de vampiros: los del Nuevo Mundo y los del Viejo Mundo. Los dos con propósitos muy dispares en la Tierra.
    El tercer volumen de la trilogía se llama Eterna. Si lo encuentro lo leeré por simple curiosidad por este gran cineasta, amante de engendros y monstruos bien caracterizados, al que se le olvidó dar más de solidez y redondez a otros puntos en Nocturna no menos importantes.


Aquí tenéis un vídeo de lo que parece una secuencia de la posible película de la trilogía.

-Nocturna, ediciones Suma de Letras, Madrid, 2009.

lunes, 14 de noviembre de 2011

"Ti", ¿con tilde o sin tilde?

“Los filólogos no somos diccionarios andantes”. Sí, eso reza un grupo de una conocida red social. Pero es que a veces hay errores ortográficos que nada más verlos se te abren las carnes, y, claro, tienes que emplear ese lado de fastidioso friki filólogo. En este caso (porque suele haber muchos más) me estoy refiriendo al pronombre ti.
    Todos conocemos mí, ti, él, o sea, los pronombres personales en primera, segunda y tercera persona del singular. Si nos percatamos, y él llevan tilde. ¡Sí!, una tilde diacrítica, esa que sirve para diferenciar palabras que se escriben de la misma forma pero tienen significados diferentes. Así que, si seguimos esta lógica gramatical, tenemos lo siguiente:
    -Mi. Adjetivo posesivo
    -Mí: Pronombre personal

    -El: Artículo
    -Él: Pronombre personal

    -Ti: Pronombre personal
    -*Tí: No existe, por lo tanto, el acento no diferencia absolutamente nada y no se pone.

 

  Es decir, esa tilde que tiene tanto glamour sobre la vocal /i/ no es más que una incorrección. Pero no es raro que la usemos en la escritura, ya que aplicamos el principio de analogía; es decir, como sabemos que existe en los demás pronombres personales, nuestra mente tiende a asociar elementos que tienen alguna coincidencia significativa.

    Resumiendo, el problema viene cuando alguien se inventa la norma ortográfica y vemos que tilde viene y tilde va. Y no me malinterpreten, no hablo de personas que están en sus casas y que ni pinchan ni cortan en el lenguaje, me refiero a aquellos correctores (sí, existe un trabajo de corrector, aunque no venga reflejado en ningún libro publicado. Al parecer, el traductor tiene más peso) redactores, traductores, periodistas, escritores y otras profesiones por el estilo que cometen esta glamurosa, elocuente y análoga falta de ortografía. Por ello y con unas irónicas exclamaciones, ¡¡que viva la ortografía particular!!
   


lunes, 7 de noviembre de 2011

Villa Medieval del Libro, Urueña (Valladolid)

¡¡Gran sitio para perderse!! Se trata de Urueña, provincia de Valladolid, una villa de apenas doscientos habitantes. ¿Qué por qué es atractiva esta localidad? Bien, por un lado fue declarada conjunto histórico-artístico en 1975 y por otro lado se trata de la primera Villa del Libro de España. Por lo que pude descubrir, hay un total de veinte villas de este tipo repartidas por Europa y otras tantas por Asia y Estados Unidos. Y es que este enclave cultural, pionero en nuestro país, se debe a la iniciativa de la Diputación Provincial de Valladolid, que en el año 2007 fundó la primera “Villa del Libro de España” en la villa medieval de Urueña.

Sí, lo de 'villa medieval' suena muy bien, pero es mejor verla. Yo la descubrí en verano, haciendo un poco de turismo rural, y sin saber muy bien qué era, me enamoré. Sobre todo de la antigua muralla que sirve de balcón a un gran paisaje de los páramos de Tierra de Campos. Desde este imponente conjunto amurallado se pueden ver los montes Torozos, una ermita del románico lombardo del siglo XII, palomares típicos castellanos y un monasterio desocupado entre otros edificios laicos y religiosos.

En zona intramuros hay un total de doce librerías repartidas entre esquinas, calles empedradas, arcos románicos y callejones de cuento. Sin embargo, esto es solo la introducción, ya que también hay cuatro museos: Fundación Joaquín Díaz, Museo de Instrumentos Musicales de Luis Delgado, Museo de Campanas y Sala de Exposiciones de Mercedes Rueda; el centro E-Lea, que hace un recorrido por la historia del libro, aunque, por falta de tiempo y por cansancio acumulado, no pude entrar; dos talleres de caligrafía y encuadernación y dos estudios de grabación de música. Todo ello se convierte en un importante centro de actividad comercial y artesanal de libros, preferentemente antiguos, raros, viejos o descatalogados. Vamos, hay tanto movimiento, que parece que la muralla vaya a reventar (esperemos que no).

¿A qué llama la atención que en tan poco espacio pueda caber tanto? Recuerdo que cuando fui había además un mercadillo en la plaza del pueblo con libros (claro, ¿qué si no?), bolígrafos, camisetas, agendas con el nombre del pueblo (de las cuales yo compré una, al igual que un libro, para no...). Las librerías eran muy cuquinas, muy barrocas algunas, otras con las fachadas escritas con letras góticas o dibujos de fantasía. En cada una de ellas había estanterías repletas de libros de todos los tamaños, formas y colores... Bueno, yo, amante de este sector cultural, terminé el día con las pupilas dilatadas.

Dicho todo esto, os dejo el horario, por si os da por ir en invierno, por aquello de cambiar de aires, a este bibliófico y curioso rincón castellano:

De octubre a marzo:
De jueves a domingo y festivos de 10.30 a 14.00 y de 16.00 a 18.00 horas.
De abril a septiembre:
De martes a domingo y festivos de 10.30 a 14.00 y de 16.30 a 20.00 horas.

Cerrado días 1 y 6 de enero, y 24, 25 y 31 de diciembre.

Adjunto un vídeo de Urueña, ¡qué lo disfrutéis!





¡Os invito a ir! (y que conste que no me pagan por hacer publicidad :)

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Imprimatur, de Monaldi & Sorti

Aún no sé cómo pude elegir Imprimatur (ed. Salamandra, 2004). Estaba en la biblioteca y quedaba poco tiempo para cerrar, lo vi y me llamó la atención. Generalmente huyo de libros que tratan de sábanas santas, cálices sagrados (que debería de escribir en singular, ya que el plural me hace caer en el paganismo, uy), misterios de la Iglesia enterrados en catacumbas o templarios en busca de la sabiduría eterna. Fijaros que ni me he leído El código Da Vinci... Pero bueno, no me quiero desviar de Imprimatur, el libro del que quiero hablaros.
    Al abrir las tapas, me encuentro con la fotografía de Monaldi & Sorti, este matrimonio de escritores (ella filóloga, él músico) con mirada misteriosa, que parece que te están diciendo... “¡lee, lee, que te espera un gran enigma por resolver!” Ya con esas premisas, no os quiero engañar, estuve a punto de dejar el libro, pero esa no es mi línea, ya que, hasta de lo que no te gusta, se aprende.
    Ya la novela comienza de forma siniestra con una carta datada en el año 2040 sobre los acontecimientos que ocurrieron en el siglo XVII, aunque todavía no he logrado entender el porqué de este futurista narrador epistolar. La trama se desarrolla en una posada romana, El Donzello, en el año 1683. Dentro de ella, aparece un caballero muerto y la posada es cerrada por las autoridades, por lo que se mantiene en cuarentena, a la espera de asegurar que no es peste y que no hay posibilidad de contagio fuera de El Donzello. Los personajes que quedan dentro de la posada son, entre otros: un espía del rey Luis XIV, un párroco, un músico, una misteriosa mujer, un gacetero en prácticas y algunos caballeros. Todos tienen algo en común, todos quieren algo y todos tienen miedo de la peste. Pero ¿realmente el caballero ha muerto de un brote de peste o ha sido envenenado? Siendo el primer caso, ¿cómo se ha podido contagiar?, pero, si ha sido envenenado, ¿quién es realmente el caballero asesinado?
    Claro está, todas estas preguntas tienen a dos protagonistas de por medio: al abate Atto Melani y al joven servidor de la posada, que resolverán este misterio adentrándose en las catacumbas de Roma y destapando escándalos de la alta alcurnia europea. Estos dos personajes recuerdan a Sherlock Holmes y a su ayudante Watson. Lo curioso es que el mozo a cargo del albergue es el que cuenta la historia a modo de diario, dato que llama la atención si tenemos en cuenta su origen de clase humilde.

Sí, el misterio parece interesante, pero me resulta un libro muy lineal, al igual que las intrigas. Faltan admiraciones, giros inesperados y un sin fin de formas para dar a Imprimatur un sabor menos informativo. Y es que según las palabras de la contraportada, este libro ha sido el resultado de diez años de investigación, y creo que ese es el problema en algunas novelas, que se centran tanto en la parte histórica, que se olvidan de enganchar con las palabras. Hay párrafos que se podrían suprimir, quizá por esa moda barroca del lenguaje que imita bastante bien, lo admito. Como por ejemplo:
“Ugonio tendió lentamente una mano y entregó a mi compañero una hoja. Luego empezó a dar patadas y puñetazos furiosos a Ciacconio, al tiempo que le decía panarra, papasal, bardaje, bahuna, belitre, paradillero, pazpuerca, sacatrapos, estíptico, zorrocloco, cernícalo, chisgarabís, chirrichote, calamocano, bujarrón, chamagoso, marfuz, trapajoso, zancajoso, bahúno, ribaldo, ojo de rúa (...)” (pág. 188).
    Y así hasta un total de cuarenta y cuatro sinónimos de 'tonto'. Sí, esto puede parecer curioso hasta cierto punto; sin embargo, el libro tiene 631 páginas y los párrafos como este abundan:
 “-Ciertamente. Cuando la Luna está en Aries, y tiene a Marte y a Saturno en contra, no han de hacerse operaciones de cabeza, de cara ni de ojos; si se está en Tauro, de cuello, de nuca y de garganta; si está en Géminis, de hombros, brazos y manos; si está en Cáncer, de pecho, pulmones y estómago; si está en Leo, de corazón, de espalda e hígado; si está en Virgo, de vientre (...)” (pág. 265).
    Pasando por todos los signos zodiacales. Creo que, para un estudioso del periodo Barroco, donde el lenguaje se volvió tan intrincado, esto puede resultar una maravilla, pero para un lector del siglo XXI satura y se vuelve denso, cumpliendo, por otra parte, la finalidad del periodo narrado.
    Lo positivo es que está muy bien documentado, tanto que este libro, cuando se editó en Roma, causó tanto revuelo que los autores tuvieron que exiliarse a Viena por todas las alusiones al Papa Inocencio XI así como a otros personajes históricos. Perolo documentan tan bien que al final del libro vienen 46 páginas de información adjunta sobre lugares, hechos y personajes reales descritos en Imprimatur.
   
Imprimatur es el principio de una colección de ocho libros, cuyos títulos forman una frase en latín. Los dos siguientes son Secretum y Veritas... Sí, esto resulta demasiado misterioso para mí, y creo que he tenido bastante con esta enciclopedia barroquizante.
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Os dejo con esta partitura musical (actualizada): “Baricades mistérieuses”. Sin preámbulos, diré que en el libro se deja entrever que sus notas sirven para curar la peste negra, ¿cómo?, ¿por qué?, solo Imprimatur puede dar la respuesta...