martes, 20 de diciembre de 2011

"Reflejos"

Si esa bola dorada no hubiera caído del árbol de navidad, Manuel Tener no se hubiera levantado del sofá mientras fumaba en pipa. Días antes, su hijo, Daniel Tener, no tenía dinero suficiente para comprar los adornos navideños, y entró en una pequeña tienda china de 'todo a un euro'. Allí compró unas bolas de navidad de la peor calidad posible, las había verdes y doradas, pero Daniel optó por el color dorado. Y aquella elección podría haber sido mayor si a Ji-Lin, el encargado de la tienda oriental, no se le hubiera traspapelado el número telefónico del almacén donde el año anterior encargó la decoración navideña para su negocio; de tal modo que llamó, por recomendación de un amigo de comercio, al almacén más barato por un precio inferior. Claro que, si Jiao, la hija de veinte años de Ji-Lin no hubiera estado escuchando música pop china, el grupo revelación del momento, en el mostrador de la tienda y no se hubiera puesto a bailar de forma descontrolada, no habría tirado las tarjetas de contacto al suelo y tampoco se habrían desparramado por debajo de las estanterías. Sí, el grupo revelación chino, un grupo que, desde sus inicios no hizo más que despertar la energía en la sangre agitada de las adolescentes. Y, la verdad, este grupo no hubiera llegado a la fama sin el ingenio publicitario de Gao, hermano mayor del batería, que subió a Internet una docena de vídeos del grupo, lo que consiguió, no solo un total de diez millones de visitas, sino el toque de atención de Boby Palmer, productor norteamericano dedicado al lanzamiento de nuevas promesas asiáticas. Y si por casualidad no se hubiera ido la luz de su casa de Miami, hubiera podido ver su correo electrónico, y no hubiera ido a casa de su vecina, pero todo ocurrió al revés, y en la residencia de Alyssa, vecina adicta a pasar largas horas en Internet, pudo descubrir que tenía en su lista topten al grupo revelación chino. Boby Palmer escuchó aquella canción como un gran hallazgo. El señor Palmer sonrió con un destello económico en sus incisivos y pensó fugazmente en su tía francesa: Sofia Palmer. Esta tenía un importante patrimonio en casas, una de ellas en Francia, la otra en Miami y, al no tener descendencia, las cedió a sus sobrinos. Esta fortuna la consiguió gracias a un décimo de lotería que se compró en España, décimo que resultó premiado en su totalidad. Y no lo hubiera comprado a no ser por su amiga española Marta Gara, que, movida por un consumismo empujado por una desestabilidad marital, también compró otro cupón, que no resultó premiado. Y si Jorge Muñoz no hubiera conocido a una mujer más divertida y extrovertida que Marta Gara, jamás se hubiera enamorado de Sara Márquez. Sí, la señorita Márquez, la misma que por las mañanas invitaba a su amante, el señor Muñoz, a casa, cuando su familia no estaba. Sin embargo, esos encuentros se hicieron más difíciles en navidad. Y si el marido y los hijos no hubieran ido a ver un espectáculo navideño mientras Sara se encontraba en casa, no hubiera llamado a Jorge, pero lo hizo. No obstante, el azar actuó con tan mala suerte que a la hora apareció su familia en el hogar, y con tan buena suerte que el amante se escondió debajo del sofá de tres plazas del comedor, con tan mala suerte que una bola dorada se precipitó al vacío desde el árbol de navidad y fue a parar a escasos centímetros del sofá. Y si Manuel Tener no se hubiera agachado a recoger aquella bola dorada, no hubiera visto en aquel objeto el cuerpo entero de Jorge Muñoz, recogido de forma convexa, teñido de áureo y deformado por la imagen. Y, por supuesto, si el destino no hubiera querido que Manuel Tener fumase en pipa, al agacharse, no hubiera desparramado ceniza, ni se hubiera incendiado por accidente el arbolito dichoso, ni todos hubieran desalojado el hogar entre gritos, inclusive el señor Muñoz, que, semidesnudo, se aventuró entre el humo sin dejar ninguna prueba demostrable más que el reflejo azaroso en la bola dorada de navidad.

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sábado, 3 de diciembre de 2011

El plural en los días de la semana

Parece que un hablante nativo debe de saber el porqué de las construcciones de su propia lengua. Sin embargo hay palabras en español que terminan en -s y no están en plural, como antes (adverbio) o crisis (nombre) y no sabemos porqué. Pues bien, esto mismo ocurre con los días de la semana, ¿por qué están en plural?, ¿realmente lo están?
    La respuesta es que no, entonces, ¿por qué aparece una -s? Bien sabemos que los días de la semana vienen del latín y los antiguos romanos utilizaban la palabra día como acompañamiento. De tal manera que tenían: lunae dies (día de la Luna), martis dies (día de Marte), mercurii dies (día de Mercurio), iovis dies (día de Júpiter) y veneris dies (día de Venus). Todas ellas (ya que dies era femenino) declinadas en genitivo de la quinta declinación.
    Ante este extraño plural que nos ha llegado al español, los filólogos han barajado dos hipótesis que paso a exponer:
1) Realmente, si vemos esta enumeración de días, martis, iovis y veneris tiene una
 -s final; sin embargo, lunae y mercurii la agregaron posteriormente por el principio de analogía. Corominas (filólogo y etimólogo español) emplea el término 'analogía de nivelación', vamos, que se niveló la morfología en 'lunes' y 'miércoles'. Un dato curioso es que lunae fue el último día en caer ante tal nivelación y por lo tanto, en añadir un -s final.

2) El latín era una lengua flexiva, en donde el orden de palabras no era tan estricto como en otros idiomas, por lo que se podía decir dies lunae y lunae dies. Por ello, y como los hablantes tendemos a hacer, se fue produciendo, a medida que fue pasando el tiempo, una contracción en las palabras: lunae dies > *lunedis > * lunedies > *luneies > lunes.

    Considero que la primera hipótesis es la más acertada, ya que la lengua tiende a 'nivelar' todo aquello que encuentra a su paso. En cualquier caso, hay otros idiomas que también crean los días de la semana de la misma forma, tales como el francés (lundi), el italiano (lunedì) o el catalán (dilluns). El dato curioso es que el español es el único idioma que no conserva día en la morfología de la palabra.

    Por último, hablaros de sábado, este venía de saturni dies (día de Saturno) > sabbatum, aunque nosotros lo obtuvimos posteriormente del hebreo sabbat > sábado. Domingo, por su parte, viene de dominica dies  > día del señor.

    Sobre esto hay mucha más información. Yo he querido aportar mi granito de arena al asunto, pero ya sabéis que podéis dejar vuestros comentarios o ampliar esta información. Siempre será de gran ayuda.
   
    Bueno, ¡os deseo un buen día de Saturno a todos!


lunes, 21 de noviembre de 2011

"Nocturna", Guillermo del Toro y Chuck Hogan

Bueno, bueno, ¡lo tranquila que me he quedado después de leer Nocturna! Me han reafirmado que el fin del mundo empezará en Estados Unidos, y todas las papeletas parece llevárselas New York. Y no lo digo yo, lo dicen escritores como Stephen King, Robert R. McCammon o Guillermo del Toro y Chuck Hogan, entre otros. Estos dos últimos, autores de la Trilogía de la Oscuridad, de los cuales he tenido la oportunidad de leer el primer libro: Nocturna (The Strain).
    El libro tiene un estupendo punto de partida. Un Boeing 777, procedente de Berlín, aterriza en el aeropuerto de New York (JFK) el 24 de septiembre de 2010 (curiosamente el mismo mes que la caída de las Torres Gemelas) en medio de la oscura noche. Se mantiene con las luces apagadas durante casi una hora. Los trabajadores ven en esto algo inusual y se van acercando para ver qué ocurre en el avión. ¿Lo que ocurre? Que en su interior se hallan todos muertos: ciento noventa y nueve pasajeros, dos pilotos, y nueve auxiliares en la tripulación de cabina, más una caja de madera, que más tarde descubrirán que es el ataúd del llamado Amo y propagador del virus. Todos ellos sin ningún síntoma de muerte violenta ni de descomposición y perfectamente sentados en sus asientos. Lo único que tienen en común es un ligero corte en el cuello.
    Al día siguiente van sacando los cuerpos para llevarlos a distintos hospitales de la ciudad. Sin embargo, horas después los pasajeros se irán levantando de las camillas de la morgue e irán propagando el virus que cambia su metabolismo a lo que muchos ya sabréis: a vampiros. Aunque yo personalmente creo que son una mezcla entre esto último y zombis.
    La novela, como digo, empieza bien, te mantiene en un estado de tensión e intriga, ya que tú sabes que nada bueno puede aparecer del interior de ese avión, pero no sabes en qué momento puede estallar la situación. No obstante, a medida que sigues leyendo el l ibro va perdiendo sustancia, parece que hay un halo de superficialidad en toda la novela, algo que no han contado aún. Los personajes son completamente planos, a excepción si acaso de Ephraim Goodweather (epidemiólogo), que es el personaje principal. Pero Nora Martínez, su ayudante y segunda protagonista, no hace nada en la novela más que seguir a Eph. Supuestamente ellos dos mantienen una relación amorosa que no va más allá de un abrazo al final de la novela. Por otro lado, está Setrakian, refrito de Van Helsing, que conoce todo sobre esta plaga vampírica que se extiende por toda la ciudad: “Sé que es una plaga que se ha desatado en esta ciudad, y que muy pronto se propagará por el mundo entero” (pág. 276). Vamos, lo que yo decía, que todos los males de ciencia-ficción se los llevan los estadounidenses.
    Sin embargo, me ha gustado la imagen, nada tradicional, que han dado del vampiro. Se contagian unos a otros por medio de una sustancia blanquecina que hay en su interior y que está compuesta por gusanos que van formando grandes tumores en el organismo hasta alcanzar pleno dominio sobre los cuerpos. El dato curioso es que los vampiros no tienen colmillos, sino un aguijón elástico debajo de la lengua, que es su arma de defensa y ataque:

“Y en ese instante, el vampiro abrió la boca y le lanzó el aguijón a Setrakian. El anciano permaneció erguido, pues el vampiro no podía alcanzarlo a pesar de que el aguijón tenía un metro o más de largo. Se encogió en señal de fracaso, y la masa repugnante le colgó del mentón, revoloteando al rededor de su boca abierta como el tentáculo rosado de alguna criatura de las profundidades oceánicas” (pág. 448).

    A esto también se suman algunas escenas relevantes e inquietante, como la mujer que encuentra a su marido muerto (realmente se halla en estado de incubación del virus) y para vengarse de años de maltrato, le corta en pedacitos. Claro que, de todo esos trocitos se desprenden gusanos blancos que van perforando la piel de la mujer en busca de un nuevo cuerpo al que poseer.

Vamos, que tampoco ha sido lo peor que he leído. Por eso le voy a dar una segunda oportunidad. De hecho, ya he comenzado la segunda parte: Oscura (la cosa va de sinónimos). Ahora la plaga se ha propagado y los humanos se han dado cuenta de que son los últimos en la cadena alimentaria de dos clanes de vampiros: los del Nuevo Mundo y los del Viejo Mundo. Los dos con propósitos muy dispares en la Tierra.
    El tercer volumen de la trilogía se llama Eterna. Si lo encuentro lo leeré por simple curiosidad por este gran cineasta, amante de engendros y monstruos bien caracterizados, al que se le olvidó dar más de solidez y redondez a otros puntos en Nocturna no menos importantes.


Aquí tenéis un vídeo de lo que parece una secuencia de la posible película de la trilogía.

-Nocturna, ediciones Suma de Letras, Madrid, 2009.

lunes, 14 de noviembre de 2011

"Ti", ¿con tilde o sin tilde?

“Los filólogos no somos diccionarios andantes”. Sí, eso reza un grupo de una conocida red social. Pero es que a veces hay errores ortográficos que nada más verlos se te abren las carnes, y, claro, tienes que emplear ese lado de fastidioso friki filólogo. En este caso (porque suele haber muchos más) me estoy refiriendo al pronombre ti.
    Todos conocemos mí, ti, él, o sea, los pronombres personales en primera, segunda y tercera persona del singular. Si nos percatamos, y él llevan tilde. ¡Sí!, una tilde diacrítica, esa que sirve para diferenciar palabras que se escriben de la misma forma pero tienen significados diferentes. Así que, si seguimos esta lógica gramatical, tenemos lo siguiente:
    -Mi. Adjetivo posesivo
    -Mí: Pronombre personal

    -El: Artículo
    -Él: Pronombre personal

    -Ti: Pronombre personal
    -*Tí: No existe, por lo tanto, el acento no diferencia absolutamente nada y no se pone.

 

  Es decir, esa tilde que tiene tanto glamour sobre la vocal /i/ no es más que una incorrección. Pero no es raro que la usemos en la escritura, ya que aplicamos el principio de analogía; es decir, como sabemos que existe en los demás pronombres personales, nuestra mente tiende a asociar elementos que tienen alguna coincidencia significativa.

    Resumiendo, el problema viene cuando alguien se inventa la norma ortográfica y vemos que tilde viene y tilde va. Y no me malinterpreten, no hablo de personas que están en sus casas y que ni pinchan ni cortan en el lenguaje, me refiero a aquellos correctores (sí, existe un trabajo de corrector, aunque no venga reflejado en ningún libro publicado. Al parecer, el traductor tiene más peso) redactores, traductores, periodistas, escritores y otras profesiones por el estilo que cometen esta glamurosa, elocuente y análoga falta de ortografía. Por ello y con unas irónicas exclamaciones, ¡¡que viva la ortografía particular!!
   


lunes, 7 de noviembre de 2011

Villa Medieval del Libro, Urueña (Valladolid)

¡¡Gran sitio para perderse!! Se trata de Urueña, provincia de Valladolid, una villa de apenas doscientos habitantes. ¿Qué por qué es atractiva esta localidad? Bien, por un lado fue declarada conjunto histórico-artístico en 1975 y por otro lado se trata de la primera Villa del Libro de España. Por lo que pude descubrir, hay un total de veinte villas de este tipo repartidas por Europa y otras tantas por Asia y Estados Unidos. Y es que este enclave cultural, pionero en nuestro país, se debe a la iniciativa de la Diputación Provincial de Valladolid, que en el año 2007 fundó la primera “Villa del Libro de España” en la villa medieval de Urueña.

Sí, lo de 'villa medieval' suena muy bien, pero es mejor verla. Yo la descubrí en verano, haciendo un poco de turismo rural, y sin saber muy bien qué era, me enamoré. Sobre todo de la antigua muralla que sirve de balcón a un gran paisaje de los páramos de Tierra de Campos. Desde este imponente conjunto amurallado se pueden ver los montes Torozos, una ermita del románico lombardo del siglo XII, palomares típicos castellanos y un monasterio desocupado entre otros edificios laicos y religiosos.

En zona intramuros hay un total de doce librerías repartidas entre esquinas, calles empedradas, arcos románicos y callejones de cuento. Sin embargo, esto es solo la introducción, ya que también hay cuatro museos: Fundación Joaquín Díaz, Museo de Instrumentos Musicales de Luis Delgado, Museo de Campanas y Sala de Exposiciones de Mercedes Rueda; el centro E-Lea, que hace un recorrido por la historia del libro, aunque, por falta de tiempo y por cansancio acumulado, no pude entrar; dos talleres de caligrafía y encuadernación y dos estudios de grabación de música. Todo ello se convierte en un importante centro de actividad comercial y artesanal de libros, preferentemente antiguos, raros, viejos o descatalogados. Vamos, hay tanto movimiento, que parece que la muralla vaya a reventar (esperemos que no).

¿A qué llama la atención que en tan poco espacio pueda caber tanto? Recuerdo que cuando fui había además un mercadillo en la plaza del pueblo con libros (claro, ¿qué si no?), bolígrafos, camisetas, agendas con el nombre del pueblo (de las cuales yo compré una, al igual que un libro, para no...). Las librerías eran muy cuquinas, muy barrocas algunas, otras con las fachadas escritas con letras góticas o dibujos de fantasía. En cada una de ellas había estanterías repletas de libros de todos los tamaños, formas y colores... Bueno, yo, amante de este sector cultural, terminé el día con las pupilas dilatadas.

Dicho todo esto, os dejo el horario, por si os da por ir en invierno, por aquello de cambiar de aires, a este bibliófico y curioso rincón castellano:

De octubre a marzo:
De jueves a domingo y festivos de 10.30 a 14.00 y de 16.00 a 18.00 horas.
De abril a septiembre:
De martes a domingo y festivos de 10.30 a 14.00 y de 16.30 a 20.00 horas.

Cerrado días 1 y 6 de enero, y 24, 25 y 31 de diciembre.

Adjunto un vídeo de Urueña, ¡qué lo disfrutéis!





¡Os invito a ir! (y que conste que no me pagan por hacer publicidad :)

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Imprimatur, de Monaldi & Sorti

Aún no sé cómo pude elegir Imprimatur (ed. Salamandra, 2004). Estaba en la biblioteca y quedaba poco tiempo para cerrar, lo vi y me llamó la atención. Generalmente huyo de libros que tratan de sábanas santas, cálices sagrados (que debería de escribir en singular, ya que el plural me hace caer en el paganismo, uy), misterios de la Iglesia enterrados en catacumbas o templarios en busca de la sabiduría eterna. Fijaros que ni me he leído El código Da Vinci... Pero bueno, no me quiero desviar de Imprimatur, el libro del que quiero hablaros.
    Al abrir las tapas, me encuentro con la fotografía de Monaldi & Sorti, este matrimonio de escritores (ella filóloga, él músico) con mirada misteriosa, que parece que te están diciendo... “¡lee, lee, que te espera un gran enigma por resolver!” Ya con esas premisas, no os quiero engañar, estuve a punto de dejar el libro, pero esa no es mi línea, ya que, hasta de lo que no te gusta, se aprende.
    Ya la novela comienza de forma siniestra con una carta datada en el año 2040 sobre los acontecimientos que ocurrieron en el siglo XVII, aunque todavía no he logrado entender el porqué de este futurista narrador epistolar. La trama se desarrolla en una posada romana, El Donzello, en el año 1683. Dentro de ella, aparece un caballero muerto y la posada es cerrada por las autoridades, por lo que se mantiene en cuarentena, a la espera de asegurar que no es peste y que no hay posibilidad de contagio fuera de El Donzello. Los personajes que quedan dentro de la posada son, entre otros: un espía del rey Luis XIV, un párroco, un músico, una misteriosa mujer, un gacetero en prácticas y algunos caballeros. Todos tienen algo en común, todos quieren algo y todos tienen miedo de la peste. Pero ¿realmente el caballero ha muerto de un brote de peste o ha sido envenenado? Siendo el primer caso, ¿cómo se ha podido contagiar?, pero, si ha sido envenenado, ¿quién es realmente el caballero asesinado?
    Claro está, todas estas preguntas tienen a dos protagonistas de por medio: al abate Atto Melani y al joven servidor de la posada, que resolverán este misterio adentrándose en las catacumbas de Roma y destapando escándalos de la alta alcurnia europea. Estos dos personajes recuerdan a Sherlock Holmes y a su ayudante Watson. Lo curioso es que el mozo a cargo del albergue es el que cuenta la historia a modo de diario, dato que llama la atención si tenemos en cuenta su origen de clase humilde.

Sí, el misterio parece interesante, pero me resulta un libro muy lineal, al igual que las intrigas. Faltan admiraciones, giros inesperados y un sin fin de formas para dar a Imprimatur un sabor menos informativo. Y es que según las palabras de la contraportada, este libro ha sido el resultado de diez años de investigación, y creo que ese es el problema en algunas novelas, que se centran tanto en la parte histórica, que se olvidan de enganchar con las palabras. Hay párrafos que se podrían suprimir, quizá por esa moda barroca del lenguaje que imita bastante bien, lo admito. Como por ejemplo:
“Ugonio tendió lentamente una mano y entregó a mi compañero una hoja. Luego empezó a dar patadas y puñetazos furiosos a Ciacconio, al tiempo que le decía panarra, papasal, bardaje, bahuna, belitre, paradillero, pazpuerca, sacatrapos, estíptico, zorrocloco, cernícalo, chisgarabís, chirrichote, calamocano, bujarrón, chamagoso, marfuz, trapajoso, zancajoso, bahúno, ribaldo, ojo de rúa (...)” (pág. 188).
    Y así hasta un total de cuarenta y cuatro sinónimos de 'tonto'. Sí, esto puede parecer curioso hasta cierto punto; sin embargo, el libro tiene 631 páginas y los párrafos como este abundan:
 “-Ciertamente. Cuando la Luna está en Aries, y tiene a Marte y a Saturno en contra, no han de hacerse operaciones de cabeza, de cara ni de ojos; si se está en Tauro, de cuello, de nuca y de garganta; si está en Géminis, de hombros, brazos y manos; si está en Cáncer, de pecho, pulmones y estómago; si está en Leo, de corazón, de espalda e hígado; si está en Virgo, de vientre (...)” (pág. 265).
    Pasando por todos los signos zodiacales. Creo que, para un estudioso del periodo Barroco, donde el lenguaje se volvió tan intrincado, esto puede resultar una maravilla, pero para un lector del siglo XXI satura y se vuelve denso, cumpliendo, por otra parte, la finalidad del periodo narrado.
    Lo positivo es que está muy bien documentado, tanto que este libro, cuando se editó en Roma, causó tanto revuelo que los autores tuvieron que exiliarse a Viena por todas las alusiones al Papa Inocencio XI así como a otros personajes históricos. Perolo documentan tan bien que al final del libro vienen 46 páginas de información adjunta sobre lugares, hechos y personajes reales descritos en Imprimatur.
   
Imprimatur es el principio de una colección de ocho libros, cuyos títulos forman una frase en latín. Los dos siguientes son Secretum y Veritas... Sí, esto resulta demasiado misterioso para mí, y creo que he tenido bastante con esta enciclopedia barroquizante.
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Os dejo con esta partitura musical (actualizada): “Baricades mistérieuses”. Sin preámbulos, diré que en el libro se deja entrever que sus notas sirven para curar la peste negra, ¿cómo?, ¿por qué?, solo Imprimatur puede dar la respuesta...

lunes, 17 de octubre de 2011

La chica que amaba a Tom Gordon, Stephen King

Quería leer algo de Stephen King, y encontré este libro de un grosor que no era normal; vamos, que no tenía grosor. Tiene 190 páginas de la Editorial Plaza Janés año 2000. La trama trata sobre una niña de nueve años que se pierde en un bosque cuando va a hacer pis mientras su madre y su hermano la esperan discutiendo en el coche en un día de ocio para los tres. Trisha McFarland consigue su propósito, pero en el camino de vuelta al coche, se pierde y comienza a caminar hasta que se da cuenta de que se ha perdido. Al principio puede alimentar a su cuerpo con lo que encuentra en su mochila: chocolatinas, patatas, zumo, etc. Pero claramente, pronto entra en un estado calamitoso de hambre y se da cuenta de que tiene que comer helechos, bayas y otros frutos de la naturaleza hostil.

Sí, con una niña que se pierde en el bosque hay muchos elementos donde se puede sacar terror: oscuridad, soledad, viento, animales salvajes, hambre, desesperación, etc. Pero creo que no es el miedo al que King tiene acostumbrados a sus lectores. En la sinopsis de las tapas se puede leer: “es un cuento de hadas macabro...”. Bueno, si lees esa frase, piensas que todos estos elementos ocurren a la décima potencia, pero en verdad no es así. No hay hadas, eso está claro, y lo macabro se muestra en dosis. Por lo que, sostengo que no es un libro de miedo, sino de empatía con una niña de nueve años que se pierde en el bosque, que vomita, que llora, que patalea, que habla con su jugador de beisbol preferido, Tom Gordon, que se despierta en la oscuridad por el ruido de un castañeo producido por sus propios dientes, por su superación, por su instinto.

He leído opiniones negativas sobre este libro, pero a mí me ha tenido enganchada hasta el final, quería saber si se salvaba, si encontraba algún rastro de civilización o, por el contrario, se dejaba sucumbir a los seres del bosque, esos seres inhumanos que ve, de los que huye y con los que, en ocasiones, puede hablar.

Pero, vuelvo a lo mismo. No he leído nada de Stephen King, y valoro lo que he leído, no su bagaje literario con relación a este libro. Por lo que recomiendo este libro si, como yo, te apetece cambiar a un registro más suave dentro del miedo "stepheniano".

domingo, 16 de octubre de 2011

Palabras casi homófonas: 'enjuagar' y 'enjugar'

Con regularidad, nos asaltan dudas sobre dos palabras muy parecidas en el idioma español. En concreto hay dos que solemos emplear en idénticos contextos: 'enjuagar' y 'enjugar':




Enjuagar:          

 1.  Limpiar la boca y dentadura con un líquido adecuado.
 2 . Aclarar y limpiar con agua lo que se ha jabonado o fregado, principalmente las vasija.
 3. Lavar ligeramente.
 4. En Málaga se utiliza para sacar del agua la bolsa de la red en el copo.



La forma etimológica 'enjaguar' -de la que deriva el actual enjuagar-, que se usó frecuentemente en otras épocas, pervive en el habla de algunas zonas de América.
    Se documenta en el español desde el 1615, 'limpiar con agua lo jabonado', 'limpiar la boca'. Del antiguo y dialectal enxaguar, 1475, y éste del latín vulgar *exaquare 'lavar con agua, derivado del AQUA, 'agua'.



Enjugar:



1. Quitar la humedad superficial de algo absorbiéndola con un paño, una esponja, etc.
2. Limpiar la humedad que echa de sí el cuerpo, o la que recibe mojándose. “Enjugar las lágrimas, el sudor. Enjugar las manos, el rostro.
3. Cancelar, extinguir una deuda o un déficit.
4. Enmagrecer, perder parte de la gordura que se tenía.

Se documenta desde mediados del XIII. Viene del latín tardío EXSUCARE, 'dejar sin jugo, enjugar', que deriva de SUCUS 'jugo'.




Fuentes: Diccionario etimológico de Corominas, Diccionario de la Real Academia Española (DRAE y DPD).

miércoles, 28 de septiembre de 2011

"Contra el viento del norte", de Daniel Glattauer.

Increíble, perfecto, maravilloso. El autor se llama Daniel Glattauer y nació en Viena en 1960. Desde 1989 colabora para el periódico austriaco Der Standard. Ha escrito varias novelas de las que también he podido leer, La huella de un beso (editada en alemán en 2004 y traducida en español en 2011). Al leer La huella de un beso y posteriormente Contra el viento del norte (Alfaguara 2010) y Cada siete olas, te das cuenta de la gran evolución en su forma de escribir, tan precisa en sentimientos, tan culta para un público de a pie. Sí, Daniel Glattauer sabe escribir bien, sabe llegar, sabe ser escritor.
La verdad, ha sido este verano cuando he sabido de él, me ha dado tiempo a leer los tres libros mencionados. Contra el viento del norte fue, muy merecidamente, finalista del prestigioso German Book Prize y se convirtió en un bestseller traducido a treinta y dos idiomas. La historia es sencilla: Emmi Rothner y Leo Leike se escriben por correo electrónico (al igual que aquellas novelas epistolares dieciochescas) por error. Y lo que comienza siendo una simple confusión electrónica, termina convirtiéndose en una relación sólida entre ambos. Una relación de la que ya no pueden vivir sin tener noticias el uno del otro mediante la bandeja de entrada. Los dos luchan contra sus sentimientos, ¿deberían quedar y verse?, ¿o de esa manera se rompería la magia de ese amor virtual?
La continuación de este gran fenómeno editorial se llama Cada siete olas. Aquí, la historia de estos dos personajes continúa tras una prolonga separación. Esta segunda parte corresponde al desarrollo de sus vidas, a esa séptima ola que trae cambios irreparables en el tiempo:

Tu historia me sonaba, así que he estado indagando sobre la séptima ola, querida Emmi. El ex prisionero Henri Charrière la escribió en su novela autobiográfica Papillón. Tras haber encallado en la isla del Diablo, frente a las costas de la Guayana francesa, pasó varias semanas observando el mar y advirtió que cada siete olas se producía una ola más alta que las demás. Finalmente, logró que una de esas séptimas olas -a la que bautizó “Lisette”- arrastrara su balsa de cocos al mar, lo cual fue su salvación”, (pág. 179).

Y es agradable descubrir cómo Daniel Glattauer sabe enlazar la literatura, ya que, cuando leí estos fragmentos me vino a la mente otro de los grandes, Henri Charrière. Un libro que me marcó hace ya muchos años y que me he visto obligada a citar por la maestría de Glattauer, ¡sí señor! Elegir el título de un libro a veces no es fácil, pero cuando ves que ese título corresponde con una de las obras fundamentales de la literatura francesa, entonces, donde antes era complicado, ahora ves un nudo de perfectos anclajes que se funde en cada sentimiento leído entre y sobre líneas.

En resumen, gran forma de escribir, ligera y a la vez culta. Atrapa desde el primer momento con sus historias amorosas de los ciudadanos de la ciudad de Viena. Te comes las páginas, las deboras sin darte cuenta. Son historias aparentemente normales: chico se enamora de chica; sin embargo Daniel Glattauer sabe escribir letras, palabras, frases con puntos y comas perfectamente estructuradas, con un significado preciso, sin florituras, sin excesos. Sabe, en definitiva, seducir con las palabras. 

La buena novela no ha de ser forzosamente el relato de una excepción. Debe ser un trozo de vida cotidiana, donde cada cual se reconozca; pero que enseñe a los hombres cosas que no todos veían. Pág. 26. Maxence Van Der Meersch, Porque no saben lo que se hacen, 1963.

miércoles, 6 de julio de 2011

Museo de la Ciudad de Madrid

MUSEO DE LA CIUDAD DE MADRID
Calle Príncipe de Vergara, 140
Metro Cruz de Rayo

Horario: de martes a viernes de 9:30 a 20:00h. Sábados y domingos de 10:00 a 14:00h. Lunes y festivos cerrados.
Entrada: gratuita.

Día de verano para ir a ver el Museo de la Ciudad de Madrid. Tiene una fácil ubicación, ya que, enseguida que sales del metro y subes una pequeña cuesta, te topas con un edificio que bien podría ser un conjunto de oficinas rectangular, aunque la estructura interna dista mucho de la externa. La entrada se halla en un lateral de la calle y se encuentra presidida por una pequeña estatua del oso y el madroño. Al entrar, tienes que pasar tus pertenencias por un pequeño control de seguridad. Unos cuantos pasos más adelante, te das cuenta del silencio reinante y de la paz que hay en él.
El edificio por dentro es de planta poligonal, con un total de cuatro plantas con ascensor y cuarto de baño en cada una de ellas, y sin, olvidarme de la planta baja, que mostraba una colección temporal sobre los planos de la Gran Vía de Madrid y cuadros y fotografías de los alcaldes de la Comunidad de Madrid. Así pues, a partir de esta planta el museo hace un recorrido desde los asentamientos primitivos hasta nuestros días, así como un trabajado desarrollo de otros aspectos importantes de nuestra tierra tales como las infraestructuras, las costumbres, la agricultura o las aportaciones que ha habido en los tiempos modernos. De esta forma, la primera planta está destinada para exposiciones temporales. En este caso me encontré con que del 1 de junio al 24 de julio se encontraba el XIV Festival Internacional de Fotografía y Artes Visuales, vamos, PHOTOESPAÑA2011, en donde se podía ver “Bucarest, ciudad paradójica”. La muestra consistía en salas llenas de fotografía que representaban la parte más mundana de Bucarest, dejando a un lado la parte turística.
A partir de la segunda planta se halla la exposición permanente del museo. Por lo tanto, este segundo piso está destinado a las infraestructuras de la ciudad: la electricidad, el alumbrado, el teléfono, el metro, el autobús, las carreteras o el aeropuerto. En la tercera planta se hallan los asentamientos que hubo en Madrid desde la Prehistoria hasta el siglo XVIII y de cómo se establecieron los romanos o cómo convivieron musulmanes y cristianos en el territorio madrileño. También podemos ver el Madrid de los Austrias y el Madrid de los Borbones. La cuarta planta se enlaza con la tercera, y en ella se muestran las edificaciones en el entorno urbano de los siglo XIX y XX, así como los diferentes ensanches que ha experimentado la ciudad.

Y esto sería todo. Ahora, hubo cosas que estaba muy logradas y otras que no me gustaron nada. Así pues, comenzaré por lo positivo. Las maquetas ayudaban al visitante a salir de la rutina de las vitrinas y aprender de otra forma, eran grandes y pequeñas y muy bien realizadas de la zona central de Madrid, de la Castellana, de la plaza de la Villa, casas romanas, musulmanas o de estatuas de monarcas o arquitecturas del Retiro. También hay pantallas interactivas y vídeos que amenizan la visita como la explicación del metro de Madrid, o decenas de planos de la ciudad de las distintas etapas, maniquíes con trajes típicos de algunas épocas, objetos a los que el visitante no está acostumbrado: relojes, armas u objetos de tocador, etc.
¿Lo que no me gustó?, y no lo mencionaría sino resaltase visiblemente. Al entrar en el museo no hay panfletos, ni guía, ni información sobre cómo están distribuidas las salas y a la única persona a la que le puedes preguntar es al guardia de seguridad, ya que en el mostrador (que al menos hay) no hay nadie y solo hay muchos folletos de la exposición PHOTOESPAÑA y otros eventos de la ciudad de Madrid. Bueno, miento, se puede encontrar un folleto que trata sobre el museo, pero está en un corcho acristalado, por lo que no te lo puedes llevar, vamos que tienes que memorizar qué esconde cada una de las salas, así como otra información sobre el museo como qué otros servicios nos da, visitas guiadas, conferencias, etc.
Algunas cartelas tenían una letra pequeña y había que acercarse de forma considerable para poder leerlas. Las que estaban en el interior de las vitrinas estaban desordenadas y había que hacer, en algunos casos, un importante ejercicio de relación. En algunas obras no había cartela o las letras estaban tan desgastadas que la información estaba escrita a mano.
El interior de las vitrinas estaba en ocasiones sucio, con restos de algo parecido al serrín.
Había pocos bancos para sentarse por el recorrido del museo, un recorrido que no sabías si era recomendable empezarlo por la derecha o por la izquierda.
Había obras un poco escondidas, y para una persona que vaya en silla de ruedas es un poco difícil acceder a ellas. Había zonas del museo en donde estaban destinadas al personal del museo, pero podíamos entrar sin ningún tipo de señalización como “prohibido el paso” o un cordón para tal fin.
En la cuarta planta había una biblioteca con cientos de libros sobre Madrid desde planos hasta textos literarios, la cual tenía buena pinta, pero era imposible pararse a leer por el calor tan insoportable que hacía.
No había cafeterías ni la típica tienda turística para adquirir algún producto relacionado con el museo, aunque con la poca gente que había, quizá ambas cosas constituyan un gasto innecesario. Aún así, agradecí el ambiente tan relajado y silencioso.

En resumen, un museo que podría tener un poco de renovación, no tanto en sus obras, pero sí en su conservación y organización, al menos para conseguir un público más plausible. Por lo demás, esta es una opinión personal y puede que todas estas imperfecciones de las que hablo, sustituyan más a lo que aprendieron en el museo.

martes, 28 de junio de 2011

EL LEGADO DE ZAMIATIN

Hace ya algún tiempo, leí un libro conocido por todos: 1984. Cuando lo terminé indagué un poco sobre si realmente esta era la primera novela sobre una sociedad antiutópica y en qué medida había repercutido en la sociedad actual.
Bien es sabido que el programa televisivo Gran Hermano marcó un hito en la cultural de masas: cierto número de personas se metían en una casa rodeados de cámaras, de la cual no podían salir. Esta idea televisiva bebió sus fuentes de escritores como Huxley y Orwell, que ya habían aportado sobre este concepto de estado guiado por mil ojos; pero lo que no todo el mundo sabe es que, realmente, la idea original de presentar una sociedad distópica nación de un escritor de origen ruso: Yevgueni Zamiatin, que vivió entre los años 1884 y 1937. Tuvo una vida azarosa, ya que fue arrestado durante la Revolución Rusa por lo que tuvo que exiliarse posteriormente hasta asentarse en Finlandia, aunque años más tarde sufriría de nuevo la persecución. Pasó sus últimos días en Francia donde escribió su obra cumbre: Nosotros.
Todos estos condicionantes impulsaron a Zamiatin escribir sobre la sociedad y la política de su tiempo. Fue perseguido y censurado por defender el comunismo y por satirizar a la política rusa en sus relatos y novelas. En 1921, escribió la obra que le otorgaría a Orwell el paso hacia su inspiración: Nosotros, que le valió una orden de prohibición de publicación en su país hasta 1988.
Así pues, Nosotros es considerada como la primera obra que narra un estado totalitario y futurista en la literatura. Es la historia satírica de una ciudad colectivista antiutópica en la que los Guardianes, dirigidos por el Gran Bienhechor, han destruido la libertad individual. Los habitantes, en vez de nombres, tienen números y letras y viven uniformados en apartamentos de cristal. En el exterior, una campana protectora evita los imprevistos del clima. Por lo tanto, es una ciudad que domina mediante reglas desde el trabajo hasta el sexo. El protagonista del relato, D-503, está totalmente integrado en este sistema y desde el principio se encuentra absorbido por él, aunque poco a poco empieza a observar fisuras en el ideal sistema, lo que le llevará a salir de su alienación y llevar a cabo una lucha antisistema.
Siempre se ha tendido a pensar que la idea original de Gran Hermano viene de George Orwell. Su libro 1984 (escrito entre 1947 y 1948) aparece, aparentemente, como uno de los primeros del siglo XX en narrar estados totalitarios desde un punto de vista antiutópico. Pero lo cierto es que George Orwell estuvo muy influido por la novela de Zamiatin: Nosotros. De esta forma, hay muchas similitudes en ambas tramas. Por ejemplo, la figura del Estado Único es sustituida por Orwell por el llamado Gran Hermano o las paredes de cristal producen el mismo efecto de control que la Pantalla de 1984. En una y otra novela se pueden ver un personaje masculino, en la obra del ruso, es inicialmente un producto más de la sociedad, aunque según avanza la novela cambia de ideología; en cuanto a la obra del indio, el personaje masculino actúa desde el principio con una antipatía contra el sistema establecido. El personaje femenino cumple una parte fundamental dentro de las dos tramas y se sitúa al lado del protagonista masculino llevándoles a la perdición, como es en el caso de Nosotros, o la unión y a la lucha por el individualismo, según 1984. Sin embargo, esto es solo un aperitivo, pues hay tantos paralelismos en las dos obras que Orwell tuvo que defenderse de acusaciones de plagio a su homólogo ruso, aunque sí es cierto que el escritor indio ha admitido la influencia que Zamiatin causó en él.
Nosotros influyó mucho en la literatura popular de ciencia ficción que empezó abundar a partir de la década de los treinta, y la más clara influencia nos la muestra 1984, pero también se ve en otras obras literarias como Un mundo feliz de Aldous Huxley (aunque éste último no reconoció su deuda con Zamiatin), que muestra un estado mucho más opresivo; y cinematográficas, como la que presentó el director Fritz Lang en su película Metrópolis, así como otras más recientes tales como La fuga de Logan, Brazil o V de Vendetta.

María Bravo Sancha